18/05/2026
Muy lunes.. 💤
Ahí estaba, al solcito de la montaña, completamente quieto… con esa cara de sueño y una postura que parecía decir “cinco minutitos más y activo”
El chinchillón (Lagidium viscacia) tiene esa capacidad de parecer un animal tranquilo y hasta torpe cuando descansa entre las rocas, pero basta un movimiento o un ruido para que todo cambie. En cuestión de segundos salta, corre y trepa con una agilidad impresionante, desapareciendo entre las paredes de piedra como si conociera cada rincón de memoria.
Tuve la suerte de poder fotografiarlo y filmarlo en la zona montañosa de la ruta que atraviesa la Reserva Natural Villavicencio, en Mendoza. Un ambiente árido y rocoso.
Los chinchillones suelen vivir en colonias y pasan gran parte del día descansando al sol, algo clave para soportar las bajas temperaturas de la montaña. Se alimentan principalmente de pastos, hierbas y pequeños arbustos que encuentran entre las quebradas. Y aunque muchas veces se los vea inmóviles, siempre están atentos: mientras algunos descansan, otros vigilan desde puntos altos para alertar ante cualquier peligro.
Su cola larga les ayuda muchísimo con el equilibrio cuando se desplazan entre las piedras, y sus patas están adaptadas para moverse en terrenos imposibles. Las crías nacen bastante desarrolladas y desde muy pequeñas ya empiezan a seguir a los adultos entre las rocas.
A veces la naturaleza tiene esos contrastes hermosos… animales que transmiten una calma absoluta, pero que esconden una habilidad increíble para sobrevivir en ambientes extremos.