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20/05/2026
28/04/2026

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24/04/2026

Yo sentado en el colo de mi papá el turco mi hermanita Sandra mi mamá Julia y mi hermano rodolfo.
"El Último Acierto"
Gustavo Nicolás naci en la ciudad de Zárate, en el corazón de una familia de emigrantes sirio-libaneses que llegaron a Argentina con poco más que un apellido, una lengua suave y una fe inquebrantable en el trabajo. Mi padre Rodolfo, y mi Abuelo Felipe Nicolas abría el supermercado antes que el sol asomara por el Paraná, y mi madre, Julia areas, la pepa mi tia llavaba las cuentas con prolijidad y orgullo desde una libreta de tapas gastadas.
Felipe creció entre sacos de papa, frascos de aceitunas y aromas de naranja de la ciudad de Lima, que se colaban entre las góndolas. De chico, aprendi que la palabra valía más que el trabajo en la verduleria limpiando las manzanas y naranjas colocandolas en piramide que al cliente siempre se lo miraba a los ojos. El supermercado “Felipe Nicolás” no solo tenía su nombre: tenía su alma del Abuelo Felipe.
Con los años, Felipe siempre en el mando. Lo modernizó, amplió la carnicería, sumó un par de heladeras y convirtió aquel comercio de barrio en un referente de Zárate en un gran supermercado. Su sonrisa era leyenda, y su generosidad, aún más: fiaba cuando nadie más lo hacía, ayudaba a los vecinos sin que se lo pidieran, y a muchos los salvó en los años duros.
Pero había un rincón de su alma donde el tiempo se volvía neblina: el hipódromo de palermo
Al principio era sólo un pasatiempo. Un día libre, un caballo que le recordaba a un nombre de la infancia, una apuesta chica. Pero el galope del turf tiene ese modo de volverse tambor en el pecho. Las carreras se hicieron costumbre. Después, necesidad. Y al final, obsesión mi papa el tio manito y roberto tbm dejaron una deuda de 21mil dolares en las targentas de credito.
Vendió un camión viejo. Luego la esquina, la casa de la calle ameguino con el galpón de chapa mecanica y pintura Y más tarde, todos empezarón a jugar con lo que no debía: el fondo de la caja, el sueldo de los empleados, los pagos atrasados a los proveedores. Siempre creyendo que con una buena carrera se acomodaba todo.
La ruina no llegó de golpe, como un trueno, sino lenta, como el desgaste de una madera que ya no aguanta el peso. Un día los estantes quedaron vacíos. Otro día, las luces se apagaron temprano. Y finalmente, la persiana del mercado bajó y no volvió a subir.
Los vecinos no entendían. Felipe ya casi no hablaba.el tio manito Caminaba por las calles de Zárate con la cabeza gacha, con la nostalgia de lo que fue y la culpa a cuestas en los cafes la recoba ceres piamonte.
Una tarde de otoño, lo vieron por última vez en el viejo café frente al Jockey Club. Miraba la pizarra con los caballos del día, pero no apostaba. Solo tomaba un café frío, con la mirada perdida en algún recuerdo que no quiso soltar.
El supermercado ya no existe. En su lugar hay un local vacío, con los vidrios sucios y un cartel gastado que aún dice en nuestras mentes “Felipe Nicolás”. Pero en cada vecino que alguna vez recibió su ayuda, en cada familia que fiaba hasta fin de mes, y en cada historia que se cuenta al caer la tarde, él sigue estando.
El caballo perdió.
Y Zárate también.

"El Precio de Hacer Trampa"
Hubo una época en que desde nuestro supermercado de productos alimenticios abastecíamos con orgullo a la Escuela de Prefectura Naval de Zárate. Día tras día, semana tras semana, nos ocupábamos de proveer alimentos a la cocina con más de 3000 estudiantes de la Marina que comian todos los dias. Era un trabajo enorme, sí, pero también una misión de que generaba mucho dineromas de 50mil dolares por mes. No sólo se trataba de entregar productos. Era una cuestión de que todos ganaban haciendo trampa,tbmel compromiso y palabra.

En esa cadena de provisión, todo tenía que estar en orden: los kilos exactos, la calidad intachable, la puntualidad sin fallas. Porque cuando alguien te confía la alimentación de miles de futuros oficiales, no podés fallar. No podés especular. No podés hacer trampa solo en la licitacion para ganarle a la competencia

Porque cuando hacés trampa, no sólo traicionás a otros. Te traicionás a vos mismocon la plata facil

Y así lo vimos. Vimos cómo algunos, buscando atajos, inflaban facturas, bajaban calidad, reducían pesos. Todo para ganar un poco más, rápido y terminar en el juego. Pero la trampa es una bola que crece. Se descubre. Y cuando eso pasa, la ruina no es solo económica. Es moral. Te cierran las puertas, te quedás sin respeto, y lo peor: dejás de confiar en vos mismo.

A veces costaba más. A veces dormíamos menos. Pero la familia con el pecho inflado, de que el supermercado andaba bien yo era chico y me fui de zarate a vivir en Brasil a los 18 anos despues de la guerra das Malvinas

Y si algo aprendi que mi familia en esos años abasteciendo a la Marina, es que en la vida —como en el mar— el que hace trampa, se hunde con la plata facil y pierde todo.

"Por una cabeza"
En Zárate todos sabían quién era la familia Nicolás. Los del barrio, los de la Prefectura, los del Banco Nación. Lo que no sabían —o preferían no ver— era cómo la familia ganaba año tras año las licitaciones millonarias para proveer alimentos a la Escuela de Prefectura Naval, que alimentaba a más de tres mil cadetes por día.

El secreto tenía nombre propio: mi tío Manito.

Tenía contactos, muchos. Uno de ellos, una voz que lo llamaba horas antes del cierre de la licitación, pasándole el precio exacto para ganarla. Una movida quirúrgica. Con esa cifra, bajita y justa, ganaban cada vez. Sin fallar. Y detrás de la cifra, los sobres. Los que Manito entregaba en mano: al contador de la Prefectura, al comando de la cocina, a los que “liberaban” la licitación.

Entraban más de 50 mil dólares por mes. Yo lo vi. Entraban por la puerta del Banco Nación de Zárate, como si fueran parte del río. Y salían, rápido, para alimentar otro vicio más profundo que el hambre: las apuestas de caballos.

Ahí estaban: mi tío Manito, mi padre, y mi abuelo, siempre en el sector VIP del Jockey Club. Vestidos como señores, con el diario en la mano, analizando el turf. El whisky con hielo, la adrenalina del "largaron". Y "Por una cabeza" sonando como un himno silencioso en sus cabezas. Gardel les cantaba al alma.

A veces ganaban fuerte. Otras veces lo perdían todo. Pero seguían. Siempre seguían. Porque el juego no es por plata, es por poder, por ego, por la ilusión de controlar el destino.

Mientras tanto, los comerciantes de Zárate miraban de lejos. Nadie entendía cómo la familia Nicolás ganaba siempre. Hasta que un día dejaron de ganar.

El contacto desapareció. El escándalo flotó. Los sobres se hicieron ceniza. El supermercado, ruina. La cuenta del banco se secó. El prestigio se volvió silencio. Y la vergüenza, herencia.

Ese dinero fácil que parecía eterno, vino con una maldición. Porque el que juega su vida por una cabeza… termina perdiendo la cabeza.

Hoy queda el recuerdo. El orgullo de una familia trabajadora… y también la tristeza de lo que pudo haber sido.
Gardel todavía suena. Pero esta vez, más triste que nunca.

"La Herencia del Silencio"
El día que mi padre, Rodolfo Nicolás, murió, lo encuentro en el cementerio enterrado como indigente si cruz el cobero me dise ai esta tu papa debajo de la tierra sin senal ninguna de que era el solo un bacio enorme en mi corazon por que el no sólo se fue un hombre noble y trabajador tambien fue un grande amigo mio y de todos los que lo conocieron en Zarate. Se apagó una parte de mi alma. No imaginaba que ese mismo día, comenzaba también la peor pesadilla de mi vida parecia una pelicula de terror y de mucha maldad por la herencia del abuelo Felipe.

Mi papá dejó una herencia enorme: más de un millón de dolares dejo el abuelo felipe 5 propiedades el tio negro el tio kuki entre terrenos, casa de la calle belgrano y la valle, recuerdos, trabaje desde que mi abuelo me enseno en la verduleria. Estaban las propiedades el fruto del esfuerzo de mi abuelo, de mi tío Manito, y del propio Rodolfo y de toda la famlia

Pero también dejó algo más: su confianza. Y esa confianza, fue traicionada por quienes llevaban su misma sangre.

Mi tía Lucy, Cacho Fenior y su hijo Antonio Ángel Fenior lo tramaron todo con precisión quirúrgica. Armaron el golpe perfecto. Aprovecharon su estado frágil. Lo drogaron, lo confundieron, y lo hicieron firmar una cesión de derechos sin que él supiera. Le robaron todo. Toda la herencia de él y de mi abuelo, destinada a los nietos, se evaporó en un papel sucio, en una firma sin conciencia.

Me dejaron en la calle.
De familia rica, pasé a no tener dónde dormir.

Fueron dos años caminando, sin techo, con el corazón roto. Lloraba sin parar. Pensaba cómo mi padre, que tanto luchó, había dejado sin querer esta tormenta. Mientras ellos vivían con más de 20 propiedades, yo dormía en las calles de Buenos Aires con una mochila y los recuerdos.

Todo empezó por una deuda falsa, de tres tarjetas de crédito de apenas 20 dólares cada una. Usaron eso como excusa legal. Falsificaron. Manipularon. Y robaron. No sólo bienes, también robaron el pasado, las raíces, el futuro que nos pertenecía.

Pero hay algo que no me pudieron robar.

No me pudieron quitar la historia hermosa que viví con mi padre. Las enseñanzas de honor, de trabajo, de comunidad. El amor que me dio. Las veces que me miró con orgullo. Eso es mío, y de nadie más.

Y aunque la calle me abrazó con frío, me enseñó también a reconstruirme. A entender que la riqueza más grande no está en las escrituras, sino en la verdad que uno lleva dentro.

Yo soy hijo de Rodolfo Nicolás. Y aunque ellos tengan casas y cuentas, yo tengo la dignidad de no haber traicionado jamás.

"La Esquina de la Traición"
Una semana después de la muerte de mi padre, Rodolfo Nicolás, volví a Zárate. Quería estar cerca de su historia, de su memoria, de esa esquina donde todo empezó. Donde estaba nuestra casa, la de dos pisos, junto a los otros cinco terrenos que eran parte de la herencia de mi abuelo.

Pero lo que vi, me quebró por dentro:
Un cartel enorme decía:
“SE VENDE”.

No podía creerlo. Mi padre había mu**to hacía solo siete días, y ya estaban rematando todo lo que él, mi abuelo, y toda la familia habían construido con décadas de trabajo.

Miré los papeles. Leí los registros.
Y ahí lo vi:
La escritura ya no estaba a nombre de mi padre.
Había sido transferida a un bandido, estafador y sinvergüenza llamado Antonio Ángel Fenior.

Así empezaba esta historia de terror. Me enteré de que, antes de morir, mi padre había sido drogado, manipulado, confundido. Le habían hecho firmar una cesión de derechos sin saber lo que estaba firmando.
Los responsables: mi tía Lucy, hermana de mi padre, y Cacho Fenior, su cómplice y socio del horror.

Juntos, se apoderaron de todo.
Las casas.
Los terrenos.
Las escrituras.
La historia.

Y lo hicieron con frialdad, con papeles preparados, con abogados que sabían cerrar bocas y abrir cuentas bancarias.

Mi padre pensaba que estaba dejando algo para sus hijos, para sus nietos, para el apellido Nicolás. Pero lo que dejó fue una trampa, un legado de traición.

Yo heredé esa oscuridad.

Una historia de ambición desmedida, de maldad familiar, de codicia sin límites. De ver cómo el dinero fácil, la mentira y el poder terminan destruyendo lo que más vale: la familia, el honor, la memoria.

Y sin embargo…
sigo de pie.

Porque aunque me robaron todo lo material, no pudieron borrar lo que llevo dentro:
La sangre de Rodolfo Nicolás,
el recuerdo de mi abuelo,
y la verdad, que aún grita por justicia.

24/04/2026

Día lindo 24/04/2026 con una temperatura de 24 grados aquí en el trapiche de Canasvieiras el mar una pileta natural un día para disfrutar este pequeño veranito maravilloso! Gustavo Nicolás de Argentina 🇦🇷

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Florianópolis, SC
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