26/10/2024
"Estoy en un ecotono" le escuché decir clarísimo, al pasar, a una chica sentada en la vereda de un café mientras la conversación se mezclaba con otras y la vorágine de la ciudad anulaba cada vez más y a cada paso su cara, sus gestos, su pose. Hasta el tono de su voz se había desvanecido tanto que fue muy difícil descifrar el carácter de su expresión.
De repente estaba en la esquina y ya no quedaba nada de ella. Habíase convertido en tantas otras personas que transitaban por esa calle en ese momento que ya no era nadie, que había dejado de existir. Para mí, porque claro... ella siguió siendo tan consciente de sí misma como siempre y estando, vaya a saber por cuánto más, en su ecotono.
La IA señala que el del Río Paraná es un ecotono muy marcado en Argentina. Puede observarse como una extensa mancha verde desde el espacio, conformada por humedales en las márgenes del río y por el océano a su fin. Es básicamente una zona de transición entre dos ecosistemas o comunidades geo-biológicas diferentes entre sí. Y es vital porque ha sido diseñada para sanear, desintoxicar y elevar la calidad del aire y el agua. En un ecotono los componentes biológicos están en permanente tensión y choque de energía. Una especie de agujero de gusano o puente natural entre dos universos geográficos.
Volviendo a la chica... ¿Cómo se siente estar en un ecotono? me pregunto y pienso en el litoral. En esos suelos amatorralados cubiertos de agua y de bromelias. En árboles ahogados cuyos cadáveres se visten de enredaderas y al atardecer de inmensos fantasmas del pantano.
Es duro caminar, es duro navegar un ecotono. No es una laguna ni una pradera. Es las dos cosas y, a la vez, no es ninguna.
Es difícil orientarse en un ecotono. ¿Qué es tierra firme y qué es una isla flotante de enmarañados camalotes?
¿A dónde va uno en un ecotono y cómo es que se ha metido allí?
En un ecotono uno puede intuirse en el borde exacto de lo que ha sido y de lo que será. No es fácil transitarlo como tampoco mudar la piel ni romper un cruel designio.
En un ecotono uno se imposibilita. Se muere. Se purifica. Vuelve a nacer. Porque alguna vez se ha prometido la trascendencia, sacudirse el barro, abandonar el bote encamalotado y hacerse de alas o de aletas, de garras o de palmas y por uno mismo habitar la otra orilla, un nuevo espacio.
Acaso, ¿Usted no se ha detenido nunca en esa larga mancha verde del litoral argentino?