08/04/2026
Las mayores sorpresas que he tenido pajareando, las especies más raras, pasan por algo muy simple: volver a mirar, volver a esos lugares conocidos, a los mismos recorridos, a los mismos paisajes, entendiendo que nunca son iguales.
Ayer en la ribera del río negro, apareció lo inesperado: Bombycilla cedrorum. Un ave fuera de su ruta, en un lugar donde nadie la estaba buscando.
Y como suele pasar con estos encuentros, empezó a moverse algo más grande:
mensajes, llamadas, gente llegando, los super ocupados cancelando todo para venir a compartir la emoción de un registro improbable.
Y en medio de todo eso también queda algo muy personal: la gratitud de haber sido los primeros en verla en este rincón del país, no por casualidad, sino por insistir, por no darlo por hecho, por no dejar de mirarlo con curiosidad.
Por eso seguimos compartiendo estos espacios con quienes están empezando.
Porque en esas miradas todavía hay algo muy valioso: la capacidad de asombro intacta.
Y porque al final no se trata solo de sumar especies,sino de no perder esa forma de vivir cada encuentro como si fuera el primero.
Ojalá no se nos vaya eso y sobre todo logremos contagiarlo a los demás.
En salida con Bura Kana