Alitua- Alicante Turismo Accesible

Alitua- Alicante Turismo Accesible Empresa de turismo accesible y talleres didácticos vinculados con la provincia de Alicante. Rutas culturales y patrimoniales. Talleres manipulativos.

La preservación y restauración del patrimonio histórico no sólo es un deber cultural, sino también una oportunidad de de...
21/02/2026

La preservación y restauración del patrimonio histórico no sólo es un deber cultural, sino también una oportunidad de desarrollo sostenible y económico. En este sentido y como arqueólogo, apasionado por mi entorno más cercano, me he planteado muchas veces la necesidad de la recuperación de aquellos recursos patrimoniales más cercanos y en muchas ocasiones olvidados o dejados de la mano de las administraciones públicas que olvidan que representa una valiosa estrategia para fortalecer el turismo cultural y dinamizar la economía local.

El turismo cultural ha experimentado un auge en las últimas décadas, con un creciente interés por la historia y el legado de civilizaciones pasadas. La reconstrucción de cualquier bien arqueológico permitiría ofrecer a los visitantes una experiencia auténtica e inmersiva, al mostrar de manera tangible cómo se realizaban los procesos de producción o como interactuaban en un determinado espacio físico aquellos habitantes de otras épocas, a través de visitas guiadas, recreaciones históricas y talleres didácticos, se podría acercar este conocimiento tanto a especialistas como al público general, fomentando un turismo de calidad y diferenciador.

Además, la puesta en valor de estos bienes arqueológicos enriquecería la oferta turística de la zona, complementando otros atractivos culturales y naturales existentes, esto contribuiría a incrementar el flujo de visitantes y la estancia media, lo que repercutiría positivamente en sectores como la hostelería, la restauración y el comercio local.

Diversos estudios han demostrado que la recuperación y promoción del patrimonio arqueológico generan impactos económicos significativos. Ciudades y regiones que han apostado por la valorización de su legado histórico han experimentado un aumento en la afluencia de turistas y, con ello, una mayor demanda de servicios y productos locales.

La recuperación del patrimonio podría generar empleo en distintos niveles, desde arqueólogos y restauradores hasta guías turísticos, artesanos y comerciantes. Además, fomentaría la inversión en infraestructuras y servicios, consolidando un modelo económico basado en la sostenibilidad y el respeto por la historia.

Invertir en la reconstrucción y puesta en valor de cualquier entorno arqueológico no es sólo una acción de conservación patrimonial, sino también una apuesta estratégica por el desarrollo económico y turístico. En un mundo donde los viajeros buscan experiencias auténticas y enriquecedoras, el patrimonio histórico bien gestionado se convierte en un motor de crecimiento, identidad y progreso para las comunidades locales. Recuperar este testimonio del pasado es, por tanto, una inversión en el futuro.

Hay lugares donde el tiempo parece haberse detenido, nos encontramos muros erosionados, escalinatas incompletas, huellas...
06/02/2026

Hay lugares donde el tiempo parece haberse detenido, nos encontramos muros erosionados, escalinatas incompletas, huellas de ciudades que ya no existen pero que aún respiran bajo nuestros pies. Los yacimientos arqueológicos no nos hablan con palabras, sino con silencios, y por eso cualquier intervención en ellos —por mínima que sea— no sólo altera una estructura, sino también nuestra forma de mirar el pasado.

En las últimas décadas, la necesidad de conservar estos espacios ha impulsado soluciones técnicas cada vez más visibles, cubiertas metálicas, pasarelas, vallados o refuerzos contemporáneos. La intención es legítima y necesaria, ya que nadie cuestiona la urgencia de proteger lo que el tiempo, la intemperie o el turismo amenazan. Sin embargo, el resultado no siempre acompaña al propósito.

En muchos casos, el visitante se enfrenta a una convivencia forzada entre épocas, acero brillante junto a piedra milenaria, materiales modernos que irrumpen como un subrayado excesivo. La protección se convierte en protagonista y el pasado queda relegado. Esta anacronía visual no es un detalle menor, la experiencia de un yacimiento es también emocional y simbólica, buscamos una conexión con quienes nos precedieron, una continuidad histórica que se debilita cuando las intervenciones rompen el relato y nos devuelven bruscamente al presente.

No se trata de idealizar ruinas intocables ni de negar la necesidad de intervenir, ya que la conservación implica decisiones complejas, pero existe una diferencia clara entre proteger y dominar visualmente un espacio, así nos gusta pensar que conservar no debería significar imponerse.

El problema de fondo no es técnico, sino cultural, ¿qué entendemos por conservar? ¿mantener algo en pie o preservar su significado?, una intervención que salva un muro pero dificulta la lectura del conjunto cumple sólo parte de su función. Además, cada decisión condiciona la mirada de las generaciones futuras, lo que hoy parece práctico puede convertirse mañana en un obstáculo interpretativo.

La arqueología contemporánea ha defendido con razón que las intervenciones deben ser reconocibles, pero reconocible no es sinónimo de invasivo. Entre el camuflaje y la exhibición existen matices que aún no siempre exploramos, y tal vez el reto esté en cambiar la pregunta, no tanto cómo proteger, sino cómo hacerlo sin interrumpir el relato, cómo estar presentes sin reclamar atención.

Los yacimientos no nos pertenecen del todo, los gestionamos como una herencia temporal, así nos gusta pensar que nuestra responsabilidad no es sólo entregarlos estables, sino legibles y emocionalmente intactos, porque el pasado no necesita competir con el presente para sobrevivir, sólo que sepamos escucharlo sin hablar encima.

Y quizá la pregunta inevitable sea esta, ¿y si al intentar proteger el pasado estuviéramos, sin darnos cuenta, aprendiendo a no mirarlo?



Fotos: PSM

Algo que vemos todos los días los que trabajamos en museografía, y en ALITUA sabemos algo de eso, es que durante muchos ...
31/01/2026

Algo que vemos todos los días los que trabajamos en museografía, y en ALITUA sabemos algo de eso, es que durante muchos años los museos pensaron que su gran misión en la vida era explicar muy bien las cosas con más textos, más paneles, más palabras largas y claro el museo quedaba precioso, pero tú salías pensando, “Vale, sí… muy interesante… creo… pero no he sentido absolutamente nada”.

Porque ¡oh sorpresa!, aunque un museo esté perfectamente explicado, eso no significa que conecte contigo, puedes entenderlo todo y aun así aburrirte, como en la última clase justo antes del recreo.

El problema no es lo que el museo dice o cuenta…es que no te escucha. La clave no está en que el museo hable mejor, sino en cómo te acompaña mientras lo recorres, y ahí entra la famosa mediación cultural (tranqui, no muerde), básicamente es alguien o algo que te ayuda a entender, pensar, opinar y sentir el museo como algo tuyo, no es un extra decorativo, no es “por si sobra presupuesto”, es el corazón del asunto, aunque durante años se haya tratado como el primo raro de la familia.

Antes cuando entrabas en un museo era casi siempre algo así, “síganme y no se separen del grupo”, durante mucho tiempo la mediación cultural se centró en realizar las visitas guiadas, talleres escolares y actividades un sábado por la mañana (incluso ahora en muchos sitios es así), ¿útil? quizás sí, ¿suficiente? ni de broma, porque los visitantes no son todos iguales, y porque nadie quiere estar dos horas escuchando sin poder opinar, preguntar o "respirar".

Además, los museos no solo compiten con otros museos, compiten con el cansancio, con el móvil, con el “buah, paso” o el mítico “esto no es para mí”, y la verdad contra todo eso los datos no sirven, sirve la experiencia.

No existe “el público en general” como forma de describir al visitante de forma genérica, ya que hay gente que entra por primera vez, gente que sabe mucho, gente curiosa, gente tímida, gente que quiere participar y gente que solo venía acompañando. Así pues, usar una sola forma de explicar para todos es como poner el mismo número de zapatillas a toda la clase, a alguien le irá bien, al resto… dolor asegurado. Por eso la mediación cultural hoy es diseñar experiencias y no sólo soltar discursos.

El museo ya no es un recorrido recto, ahora el museo debe funcionar más como un buen videojuego y tener distintos niveles, distintos ritmos, distintas formas de jugar, no todo el mundo quiere lo mismo, y eso está bien.

Nosotros desde ALITUA utilizamos la mediación cultural para adaptar cuánta información recibes, cómo te la cuentan, si participas, si sólo observas o si quieres profundizar. Lo que se traduce en uno de nuestros mayores logros, que no todos tienen que vivir el museo igual, ¡gracias universo!.

Hoy el mediador cultural ya no es “el que se lo sabe todo” (ni queremos), esto era lo que pasaba antes, se consideraba que el mediador cultural era básicamente “yo hablo, tú escuchas, y si preguntas mucho me retrasas el horario”, ahora no, ahora el mediador cultural al menos en ALITUA es alguien que está en la sala, escucha, conversa, adapta el lenguaje, conecta las obras con tu vida, no te suelta un monólogo, te lanza preguntas, te hace mirar despacio y te hace pensar. Lo que viene a ser, por decirlo de una forma clara, alguien que no te trata como un mueble con mochila.

Por eso desde ALITUA siempre insistimos en que lo importante no es cuánto te explican, ya que un museo no funciona mejor por darte más información, sino por hacerte sentir dentro de la experiencia, cómodo, con ganas de hablar y que formas parte de algo, cuando eso pasa, el museo deja de imponer ese respeto raro e incómodo que en ocasiones se producía en algunos museos y se convierte en un lugar donde puedes pensar sin miedo a equivocarte, y eso os aseguro que engancha más que cualquier panel de tres metros por uno con veinte.

Pero ojo que sin escuchar no hay magia, y con esto queremos decir que si el museo no escucha a la gente, todo esto no funciona. Hay que observar cuándo la gente se cansa, qué es lo que entienden y lo que no, qué les interesa más y qué les da vergüenza preguntar. Diseñar sin escuchar es como hacer un examen sin saber el temario (al final te sale mal).

Otro punto que muy pocas veces se tiene en cuenta, es que el museo no empieza en la puerta, ni acaba en la salida. La experiencia en el museo tiene tres fases muy claras y delimitadas, el antes que implica el no darte miedo entrar, el durante que conlleva que te acompañen bien durante la visita o recorrido, y el después que supone el que te quedes pensando en la experiencia que acabas de vivir. Si sólo importa lo que pasa dentro, algo ha fallado, por eso la mediación cultural conecta educación, comunicación y experiencia, es algo que no va por libre, va justo en el centro de todo.

Siempre decimos lo mismo para hablar de los museos y es que el museo ya no se define sólo por lo que guarda en sus vitrinas o por lo que expone, ahora se define por las conversaciones que genera, las relaciones que crea y las ganas que deja de volver a él. Y en todo eso, la mediación cultural no es un complemento bonito, es el corazón del museo.

¡Porque un museo que solo habla, puede ser muy listo!.
¡Pero un museo que escucha, puede ser inolvidable!.

Tengo que poner un título a un sentimiento que en estos momentos me invade y quizás el mejor es “Manual breve para el ar...
16/01/2026

Tengo que poner un título a un sentimiento que en estos momentos me invade y quizás el mejor es “Manual breve para el arte de no figurar”.

Hay un oficio silencioso y mal pagado —a veces ni eso— que consiste en pensar antes que los demás, pensar con tiempo, con trabajo, con honestidad. Proponer ideas que no nacen de una servilleta en una comida institucional, sino de horas de darle vueltas a la realidad, de conocer el terreno, de hablar con la gente y de equivocarse lo justo para aprender.

Ese oficio suele acabar siempre igual, en ninguna parte. Porque las ideas, cuando son buenas, tienen la mala costumbre de sobrevivir a quien las propone. Y entonces ocurre el milagro, meses después, a veces años, aquello que fue recibido con silencio administrativo, con sonrisas condescendientes o con el clásico “ya te llamaremos”, reaparece, pulido, maquillado, con logo nuevo y presentado por alguien con cargo, despacho y foto en prensa.

Y no, no es casualidad. Tampoco es mala suerte, es el sistema funcionando como sabe. Las ideas no tienen derechos de autor cuando entran en ciertos edificios, al cruzar la puerta de un ayuntamiento, de una consejería o de un consejo de administración, pasan a ser patrimonio inmaterial del olvido… hasta que conviene recordarlas, entonces ya no son tuyas, son “una línea estratégica”, “una iniciativa que llevábamos tiempo estudiando” o “algo que surgió de escuchar al territorio”, expresión comodín que significa exactamente lo contrario.

El proceso es siempre elegante, nadie copia, reinterpreta, nadie te ignora, no encajaba en ese momento, nadie te roba, las ideas están en el aire. Y tú, que las bajaste a tierra, que las escribiste, que las defendiste cuando no estaban de moda, te quedas mirando cómo otros se hacen la foto inaugural.

Hay algo profundamente español —y universal, para no pecar de localismo— en esa alergia a reconocer al que piensa sin cargo. Aquí se premia la ocurrencia tardía y se castiga la propuesta temprana, se aplaude al que llega cuando el camino ya está asfaltado y se mira con sospecha al que aparece con un plano cuando aún no hay carretera.

El innovador sin padrino es molesto, porque obliga a tomar decisiones cuando todavía no hay consenso, titulares ni presupuesto asignado, es mucho más cómodo dejarlo en un cajón, esperar a que el tiempo lo legitime y sacarlo después como si hubiera brotado solo, como los champiñones.

Y mientras tanto, el que propone aprende una lección amarga, en este país pensar no te da poder, te da ventaja… para que otros te adelanten.

Lo más perverso no es que te copien, es que lo hagan sin rubor, convencidos de que han hecho lo correcto. Porque aquí no se roba talento, se “optimiza”, no se ignora al autor, se “pone el foco en el proyecto”, y no se desmoraliza a nadie, eso son “sensaciones personales”. Así se va llenando el cementerio de ideas ajenas con nombres propios en las lápidas.

Por eso, cuando alguien se siente hundido y desmoralizado por ver su trabajo reflejado en bocas ajenas, conviene recordarle algo incómodo pero cierto, si te copian es porque pensaste bien. El problema no es tu falta de valor, es el exceso de cobardía de quienes solo se atreven cuando ya no hay riesgo, ellos saldrán en la foto, tú sabrás que esa foto existe porque antes hubo un negativo.

Y puede que no consuele, pero deja una certeza, el talento que solo sirve para figurar se agota pronto, el que sirve para pensar, aunque lo silencien, siempre vuelve a molestar, que no es poco.

Y quizá por eso molesta tanto quien piensa, porque recuerda a otros que nunca lo hicieron.

Desde que empecé a trabajar y desarrollar los contenidos de ALITUA me encontré con un hándicap y vamos a meternos de lle...
09/01/2026

Desde que empecé a trabajar y desarrollar los contenidos de ALITUA me encontré con un hándicap y vamos a meternos de lleno con una palabra que se usa muchísimo en cultura… y que casi nunca se explica bien, “accesible”. Spoiler: no significa solo rampas (aunque también).

“Accesible” es quizás la palabra más usada y menos entendida de la cultura. Hoy en día todo quiere ser accesible, museos accesibles, patrimonio accesible, cultura accesible. Suena bien, queda bien en los folletos y mejora cualquier discurso institucional. El problema es que muchas veces no sabemos de qué estamos hablando exactamente.

Porque accesible no es simplificar, ni infantilizar, ni quitar contenido para que “entre mejor”. Accesible es algo mucho más interesante, hacer que cualquiera pueda entender, disfrutar y relacionarse con lo que tiene delante, venga de donde venga y sepa lo que sepa.

Accesibilidad no es solo física (aunque empieza ahí). Sí, claro, un museo tiene que tener rampas, ascensores, espacios cómodos, buena iluminación y recorridos claros. Esto es lo mínimo, si no puedes entrar, no hay cultura posible.

Pero ahí no acaba la accesibilidad, ahí empieza. La verdadera accesibilidad está en, cómo se cuenta lo que ves, qué lenguaje se usa, si te hacen sentir dentro o fuera, si te hablan como a alguien inteligente… o como a alguien que “no va a entender”.

¿Cuándo la cultura se vuelve inaccesible sin darse cuenta? Un museo puede ser precioso y, aún así, completamente inaccesible. ¿Cómo?, textos larguísimos llenos de palabras técnicas, cartelas que parecen escritas para otros expertos, explicaciones que dan por hecho que ya sabes cosas que nadie te ha enseñado, un tono serio, distante, casi intimidante.

Todo esto no protege el conocimiento, lo encierra. Y cuando la cultura se encierra, deja de cumplir su función social.

Accesible no es “rebajar el nivel”, es subir la conexión. Aquí reside uno de los grandes malentendidos, hacer la cultura accesible no significa hacerla fácil, significa hacerla clara.

Un estudiante de secundaria puede entender perfectamente, un contexto histórico complejo, una obra de arte profunda, una tradición llena de símbolos, si alguien se toma el trabajo de explicarlo bien.

La accesibilidad real es una cuestión de didáctica, no de contenido. No se trata de quitar capas, sino de enseñar cómo leerlas.

Museos accesibles, cuando el edificio y el discurso trabajan juntos. Un museo accesible es aquel donde, el recorrido tiene sentido, no te pierdes sin saber por qué, sabes dónde estás y qué estás viendo, el espacio te acompaña, no te abruma.

El diseño del edificio importa tanto como lo que se expone. Un espacio claro, bien iluminado, con ritmos tranquilos y zonas de descanso también enseña. Te dice, “tómate tu tiempo, esto es para ti”, y eso es fundamental para aprender.

La accesibilidad como respeto al público, hacer la cultura accesible es, en el fondo, un acto de respeto. Es asumir que, no todo el mundo ha estudiado lo mismo, no todo el mundo viene del mismo sitio, pero todo el mundo tiene capacidad para entender y emocionarse.

Cuando un museo se esfuerza en explicar sin condescendencia, en contextualizar sin aburrir y en invitar sin imponer, está haciendo algo muy poderoso, democratizar el conocimiento.

El objetivo final (y el más olvidado), la accesibilidad cultural no busca que salgas sabiendo fechas o nombres, busca algo mucho mejor, que no te sientas fuera, que no tengas miedo a preguntar, que quieras volver.

Si un estudiante entra a un museo y piensa “esto también es para mí”, la accesibilidad ha funcionado.

En resumen (sin tecnicismos), accesible no es, más simple, más corto, más pobre. Accesible es, más claro, más honesto, más humano.

Y cuando la cultura y el patrimonio se entienden así, los museos dejan de ser lugares donde se guarda el pasado… y se convierten en espacios donde se aprende a mirar el mundo con otros ojos.

Que este año venga con más risas que preocupaciones,más abrazos que excusas,y más momentos memorables que fotos borrosas...
31/12/2025

Que este año venga con más risas que preocupaciones,
más abrazos que excusas,
y más momentos memorables que fotos borrosas.

Gracias a los amigos de siempre, a los que están cerca, a los que están lejos,
y a los conocidos que hacen el camino más divertido.
Que no falten las ganas, la salud, los sueños cumplidos
y alguna que otra locura que valga la pena contar.

Brindemos por un año nuevo lleno de vida, cariño y buenas historias.
¡Nos vemos en los recuerdos que están por venir!

¡Feliz Año Nuevo!

Hoy comienzan las Saturnales, las fiestas romanas donde se rompían las normas, se celebraba la vida y el pasado se mezcl...
17/12/2025

Hoy comienzan las Saturnales, las fiestas romanas donde se rompían las normas, se celebraba la vida y el pasado se mezclaba con el presente. Y desde ALITUA, lo celebramos como mejor sabemos: haciendo Historia viva.

En ALITUA creemos que el patrimonio no se mira, se experimenta.
Que la cultura no se memoriza, se vive.
Y que el pasado sigue siendo una herramienta poderosa para entender nuestro presente.

Durante estas Saturnales te invitamos a descubrir:
— Actividades de recreación histórica
— Experiencias culturales y didácticas para todos los públicos
— Propuestas educativas donde la Historia se convierte en emoción
— Difusión del patrimonio desde una mirada diferente, cercana y humana

Como en la Antigua Roma, celebramos el conocimiento compartido, la curiosidad y el encuentro. Porque conocer nuestra Historia es también una forma de celebrar quiénes somos hoy.

Desde ALITUA, sabemos que cuando entendemos el pasado, transformamos el presente, y damos sentido al futuro.

¡Descubre cómo un simple zapato puede contarte 2.000 años de historia!Llega CALZANDO LA HISTORIA, una experiencia educat...
10/12/2025

¡Descubre cómo un simple zapato puede contarte 2.000 años de historia!

Llega CALZANDO LA HISTORIA, una experiencia educativa y creativa que te invita a pisar el pasado para comprender el presente.

A través del calzado romano —sus materiales, diseños y usos— conocerás cómo vivían las personas de la Antigüedad… y cómo su legado sigue vivo hoy.

Talleres para: Centros educativos, Familias, Jóvenes y adolescentes, Personas mayores, Colectivos diversos e inclusivos, Público general con ganas de descubrir.

Historia, creatividad y participación en una propuesta única que transforma el aprendizaje en una experiencia memorable.

Porque la Historia se vive mejor cuando la llevas puesta.

¿List@ para caminar con nosotros?
Descubre más y reserva tu taller.

Talleres didácticos que te hacen sentir, talleres que emocionan, talleres que enriquecen. Alitua- Alicante Turismo Accesible



Recreaciones de caligae romanas (National Geographic)

“Roma olía a historia. A rosas de Campania al amanecer, a aceite perfumado en las termas, a incienso en los templos, a m...
10/12/2025

“Roma olía a historia. A rosas de Campania al amanecer, a aceite perfumado en las termas, a incienso en los templos, a mirra en los funerales, a bálsamos traídos desde el fin del mundo por rutas peligrosas. Algunos decían que tanto lujo era decadencia. Otros, que era arte. Y otros, negocio. ¿Y tú? ¿De qué lado estarías?”

Talleres didácticos que te hacen sentir, talleres que emocionan, talleres que enriquecen. Alitua- Alicante Turismo Accesible



Amorini haciendo perfumes, fresco de la Casa de los Vetti, Pompeya. Scala, Firenze.

¡Un evento único en tu ciudad!Una experiencia urbana y sensorial como nunca antes.Imagina recorrer las calles de tu ciud...
22/11/2025

¡Un evento único en tu ciudad!

Una experiencia urbana y sensorial como nunca antes.
Imagina recorrer las calles de tu ciudad, iluminadas por una estrella, mientras la historia del Auto de los Reyes Magos cobra vida frente a ti.

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Desde las primeras voces medievales hasta las luces que transforman tu ciudad, cada paso es una inmersión total en una experiencia única, participativa y totalmente gratuita.

Acompaña a los Reyes Magos en su viaje a través de las calles más emblemáticas de tu ciudad. Recorrido lumínico, teatro en vivo, proyecciones mágicas y música en directo… ¡todo en un solo evento!

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Vecinos, asociaciones, escuelas, artistas y familias, todos juntos en un evento inclusivo que reconoce y celebra nuestra identidad.

¡Nos vemos bajo la estrella!

Una actividad cultural vivaCastrum Romano une divulgación histórica, espectáculo y participación ciudadana.Su carácter i...
01/10/2025

Una actividad cultural viva

Castrum Romano une divulgación histórica, espectáculo y participación ciudadana.
Su carácter itinerante y su cuidada puesta en escena lo convierten en una actividad dinamizadora ideal para eventos culturales, jornadas históricas y programas educativos, aportando valor patrimonial, entretenimiento y rigor a partes iguales.

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