Algo que recordar - Viajes en familia

Algo que recordar - Viajes en familia Viajando desde 2013 por el mundo y desde hace dos años en familia para tener algoquerecordar.com Viajamos en familia. Soñamos en familia. Lucy, Koke & Rubén

Cuando tienes la sensación de que "hay vida más allá" de lo que conoces, cuando estás cansado de vivir encerrado en el mismo día, cuando sientes que no puedes quedarte en un solo sitio porque necesitas conocer otros lugares y que te estás perdiendo cosas realmente importantes, vete. Nosotros quisimos hacerlo... lo hicimos... y seguimos repitiendo. Algo que recordar es un blog de viajes literario y sensorial basado en hechos reales, en palabras e imágenes que pretende llevarte a otro lugar sin que te muevas de la silla para que ojalá, lo hagas tú algún día.

Hace 13 años dormimos subidos a un árbol en esta selva. No estaba en el plan. Nos habíamos perdido después de ignorar un...
09/09/2026

Hace 13 años dormimos subidos a un árbol en esta selva. No estaba en el plan. Nos habíamos perdido después de ignorar un cartel que recomendaba no continuar sin guía. Llegó la lluvia, aparecieron nuevos caminos, perdimos las señales y, cuando entendimos que no conseguiríamos salir antes de que anocheciera, buscamos una rama lo suficientemente grande para pasar la noche. Con sanguijuelas, arañas, hormigas gigantes, ruidos que no sabíamos identificar y una oscuridad que no se parecía a ninguna otra que hubiéramos conocido. A la mañana siguiente encontramos el río y salimos.

Desde entonces, «¡Taman Negara!» se convirtió en una especie de código entre nosotros. Una forma de decir: cuidado. Nos estamos viniendo arriba. Quizá sea mejor pensarlo otra vez.

Han pasado 13 años. Y hemos vuelto. Pero esta vez no éramos aquellos dos que decidieron seguir cuando probablemente deberían haber dado media vuelta.

Éramos cuatro, con otras siete familias más. Entrar de nuevo en la misma selva con nuestros hijos ha sido extraño. Porque ellos caminaban entre árboles, raíces y barro sin saber que mucho antes de existir, su madre y su padre habían pasado allí una de las noches más largas de su vida. Los mirábamos avanzar y de alguna manera estaban caminando también por una historia que empezó antes que ellos.

Puede que una de las cosas más bonitas de viajar durante muchos años es esta. Poder volver. Volver a los lugares siendo otra persona. En otro momento. Con más años, otras prioridades, algunos miedos nuevos y unos cuantos antiguos ya colocados en su sitio. Volver a un lugar que forma parte de tu historia y presentárselo a quienes llegaron después.

Hace 13 años salimos de Taman Negara sabiendo que aquello no lo olvidaríamos nunca. Pero no imaginábamos que algún día volveríamos… Y mucho menos así. Los cuatro dentro de la selva. Y esta vez, por supuesto, con guía.

Nombres de templos, dinastías, emperadores, fechas de construcción, destrucción y reconstrucción. Conquistas, guerras, l...
06/09/2026

Nombres de templos, dinastías, emperadores, fechas de construcción, destrucción y reconstrucción. Conquistas, guerras, leyendas. Datos y más datos.

Ponemos cara de interés, asentimos y hasta hacemos alguna foto al cartel, aunque sabemos que en un par de días la mayoría habrá desaparecido de nuestro disco duro personal.

Y empezamos a pensar que tampoco pasa nada. Porque quizás hemos confundido durante demasiado tiempo viajar con aprender cosas sobre los lugares que visitamos.

De nuestros últimos viajes no recordamos el nombre de muchos templos. Pero sí que S dio sus primeros pasos en Marruecos, que L dejó por fin que M se alejara más de cinco metros en Nepal, que A llegó sin decir una palabra a Malasia y acabó jugando como la que más o que M y K se hicieron grandes amigos en China.

Y nada de eso figuraba en el programa.

Después de muchos viajes en tribu hemos llegado a una conclusión un poco extraña para alguien que organiza viajes: el destino, a veces, es lo de menos.

Claro que importa estar en Japón, China, Malasia o Tanzania. Pero lo difícil de sustituir es lo que sucede entre las personas mientras recorremos esos lugares.

Los niños se imitan, se retan, se cuidan, discuten, hacen amigos. Los adultos observamos otras maneras de criar, cedemos en cosas que parecían innegociables y, alguna vez, descubrimos que igual no teníamos tanta razón como pensábamos.

Eso también es viajar.

Siempre podremos recurrir a Google para recordar cómo se llamaba aquel emperador. Lo que Google no podrá decirnos es quién era cada uno cuando comenzó el viaje y quién era cuando volvió.

Quizá por eso las familias que repiten ya no preguntan por un destino concreto. Preguntan a dónde vamos el año que viene.

Y algunas hasta se ponen de acuerdo para volver a coincidir. Porque llega un momento en que ya no eliges solo dónde viajar. También eliges con quién.

El primer día delante de un río asiático, la respuesta era unánime:—Yo ahí no me meto ni de broma.Y era fácil entenderlo...
02/09/2026

El primer día delante de un río asiático, la respuesta era unánime:

—Yo ahí no me meto ni de broma.

Y era fácil entenderlo. Los que venimos de Europa tenemos cierta tendencia a asociar agua transparente con agua limpia y agua marrón con agua sucia. Pero en muchos ríos tropicales ese color puede venir de sedimentos, tierra y materia orgánica arrastrada por la corriente. Aunque, claro, cuando estás delante de un río en mitad de una de las selvas más antiguas del planeta, la teoría ayuda lo justo.

Porque no ves el fondo. Ves ramas que bajan, plantas que entran en el agua y una superficie marrón que deja demasiado espacio a la imaginación. Así que el primer día: ni con un palo.

Pero pasan los días. Y el último, después de una bajada en lancha tirándonos agua, uno se metió. Luego otra. Después otro. Y acabaron todos los niños y todas las niñas dentro del río.

Y lo curioso no fue solo que ellos se metieran. Fue que nosotros les dejamos. Padres y madres que unos días antes habíamos dicho «ni de broma» estábamos allí haciendo fotos, riéndonos y viendo cómo se lo pasaban de maravilla. Algunas adultas, incluso también bañándose.

El río era exactamente el mismo. Los que habíamos cambiado éramos nosotros. Y nos parece que ahí hay algo interesante sobre viajar. Y todavía más sobre viajar en tribu.

Porque cuando viajas con otras familias, los límites empiezan a moverse. Uno se atreve y el siguiente observa. Una madre suelta un poco y otra piensa que quizá también puede hacerlo. Los niños se contagian la valentía. Y los adultos, aunque nos cueste reconocerlo, también.

No sabemos si viajar nos hace más valientes. Pero sí creemos que, a veces, nos ayuda a tener un poco menos de miedo. A ser un poco mas flexibles en lo que sí y lo que no se debe. Quizás una de las mejores cosas que podemos traer de vuelta de un viaje no sea haber visto lugares nuevos, sino descubrir que algunas de aquellas cosas que parecían un «ni de broma», en realidad solo necesitaban tiempo.

¿Qué «ni de broma» acabaste haciendo tú durante un viaje?

De repente tienes ocho hermanas y siete hermanos. Algunos mayores que tú. Otras de tu edad. Otros mucho más pequeños. Y ...
29/08/2026

De repente tienes ocho hermanas y siete hermanos. Algunos mayores que tú. Otras de tu edad. Otros mucho más pequeños. Y durante unos días desaparecen un poco esas fronteras.

De las mayores aprendes. Con los iguales compites, inventas, discutes y juegas. A las pequeños les das la mano cuando el camino se complica. Y ellos hacen lo mismo contigo.

Una de las cosas que más nos gustan de viajar en tribu es precisamente esa mezcla de edades que normalmente intentamos ordenar tanto. Clases por edades. Actividades por edades. Parques por edades.

Aquí no. Aquí hay amigos y amigas 24 horas al día. Y ocurre algo bastante elemental: se imitan. El pequeño quiere llegar hasta donde llega la mayor. El mayor descubre que también sabe cuidar. La tímida se suelta porque ve hacerlo a otro. El que ayer decía «no puedo», hoy lo intenta porque alguien de siete, nueve o doce años acaba de hacerlo delante de él. Sin demasiadas instrucciones. Sin una charla sobre superación. Sin que ningún adulto tenga que explicarles cómo funciona. Simplemente viviendo juntos.

Quizás crecer siempre tuvo bastante de eso: mirar a los que van un poco por delante, caminar junto a los que están a tu altura y, de vez en cuando, girarte para dar la mano al que viene detrás.

Los niños de los demás…Hay algo que nos resulta curioso cuando viajamos por Asia (también por Sudamérica). Vemos a mucho...
24/08/2026

Los niños de los demás…

Hay algo que nos resulta curioso cuando viajamos por Asia (también por Sudamérica). Vemos a muchos europeos acercarse a niños locales, sonreírles, hacerse fotos con ellos, jugar un rato. La imagen perfecta: “Mira cómo me mezclo con la gente, qué cerca estoy de la cultura, qué poco turista y qué viajero soy”.

Pero luego aparece un niño europeo corriendo, jugando, riéndose o, sencillamente, comportándose como un niño y cambia la cara. Molesta.

La misma persona que hace diez minutos encontraba entrañable a un niño asiático haciendo exactamente lo mismo, ahora mira por encima de las gafas como la vieja del visillo.

Y después de bastante tiempo viajando por Asia, hay algo que nos sigue llamando la atención: aquí los niños parecen molestar bastante menos. Corren. Juegan. Hacen ruido. Ocupan espacio. Son niños. Y no parece existir esa obsesión adulta por corregir constantemente su presencia para que no interfieran en el importantísimo mundo de los adultos.

En cambio, “the european people” ha construido una idea bastante peculiar de la buena educación: quieto, no corras, no molestes, compórtate. Como si un niño bien educado fuera, fundamentalmente, un niño que consigue parecer que no está.

Quizá por eso resulta tan contradictorio ver a algunos viajeros occidentales buscando con entusiasmo la fotografía con niños locales mientras ponen mala cara cuando se cruzan con los nuestros.

Nos encanta la infancia cuando es exótica y mientras se hace la foto (el trato que dura un rato).

Cuando corre por nuestro pasillo, hace ruido en nuestro restaurante o invade durante unos segundos nuestro espacio, ya nos gusta bastante menos.

A veces viajamos miles de kilómetros buscando otras culturas y seguimos llevando la nuestra metida hasta el fondo de la maleta. Quizás no estaría mal volver con algo más que fotografías.

Disclaimer: No, no es todo el mundo. Sí, hay niños/as maleducados o padres y madres muy permisivas y bla, bla, bla. Generalizar “es injusto”. Es lo que tiene. Pero, si te sientes aludido/a, pregúntate por qué.

Recuerdos, caprichos y consumismo en los viajes con peques.Cada uno en su casa hace lo que considera, pero ¿qué sucede c...
21/08/2026

Recuerdos, caprichos y consumismo en los viajes con peques.

Cada uno en su casa hace lo que considera, pero ¿qué sucede cuando viajamos en tribu? ¿Cuando cada familia tiene su propia política sobre presupuestos y compras? ¿Cuando vemos cómo lo hacen otros y nos planteamos si quizá somos demasiado estrictos o todo lo contrario?

Esa es una de las consecuencias de viajar en tribu: te das de frente con otras maneras de hacer las cosas y, de paso, revisas la tuya. Nuevo contexto, nuevas fórmulas.

Nosotros empezamos con una norma muy sencilla: viajando largo no había opción a comprar. Si algo entraba, algo salía. Y así estuvimos durante nuestros primeros diez años viajando.

Hasta que llegaron los viajes en tribu.

Las familias vienen de vacaciones, hay ganas de volver a casa con algo que solo puedes encontrar en ese lugar, algo que te recuerde a ese momento… Sabores, artesanía, ropa y también juguetes.

Nueva norma: una cosa en cada lugar. Que quepa en la mochila y que no podamos encontrar en nuestro país.

Funcionó un par de años, hasta que algunos peques más grandes empezaron a aparecer con sus propios presupuestos: ahorros, pagas, dinero de cumpleaños… Así que nos sumamos y empezamos a manejar otros conceptos: el cambio de moneda, el regateo, aprender a comprar en otros lugares, elegir entre varias cosas baratas o menos cosas, más caras y de mayor calidad…

Y ahí estamos ahora: Koke maneja su propio presupuesto y Tindaya elige un único capricho por destino.

Pero lo más interesante viene después.

Como saben que por nuestra parte esa es la fórmula —hasta nueva negociación—, los dos se buscan la vida para conseguir lo que quieren de otras maneras. No ilegales 😅. Interactúan con los locales, usan la astucia, prueban estrategias, descubren qué funciona en cada lugar…

Y en un porcentaje sorprendentemente alto, lo consiguen.

Entonces aceptamos nuestra derrota y su victoria, porque pensamos que desarrollar esas habilidades es también uno de los grandes regalos que les hacen los viajes.

Lo malo es que, cada día, la maleta está más llena.

¿Y tú? ¿Cómo manejas las compras cuando viajas con peques?

En julio de 2013, nos lanzamos a hacer un viaje de un año empezando por China. No imaginábamos que aquella frase que dec...
15/08/2026

En julio de 2013, nos lanzamos a hacer un viaje de un año empezando por China. No imaginábamos que aquella frase que decíamos por aquel entonces de viajar algún día “con dos maletas grandes, dos pequeñas y mucha ilusión”, nos traería 13 años después al primer lugar que visitamos pero con otras 25 mochilas más.

Durante las dos semanas de nuestro viaje en tribu, ha vuelto a ocurrir “la magia de siempre”…

Niños y niñas que se sueltan, madres y padres que aprenden a soltar, familias mezcladas, el carrito que empuja cualquiera, la mochila que acaba en otra espalda, la comida que se comparte, un niño que se va con otra familia y vuelve una hora después tan feliz. Hay días buenos y días reguleros. Cansancio. Calor. Lluvia. Algún “No puedo más”. Los altibajos no solo se respetan, se acompañan.

Pero en este viaje ha ocurrido además otra cosa. Hemos escuchado muchas veces: “No esperaba que China fuera así”. Tan moderna. Tan segura. Tan limpia. Tan tecnológica. Tan cómoda para viajar. Que se comiera tan bien.

Tan unas cosas y tan poco otras que, de alguna manera, esperábamos encontrar. Y eso quizá sea una de las cosas más importantes que nos sigue dando viajar… Descubrir la enorme distancia que puede existir entre lo que creemos saber de un lugar y lo que encontramos cuando ponemos los pies en él.

Porque nuestra idea del mundo, habitualmente se construye con noticias, películas, redes sociales, intereses, relatos ajenos y prejuicios propios. Premeditadamente o no, lo que nos llega nunca es todo lo que hay.

Viajar tampoco te entrega la verdad sobre un país. Dos semanas no convierten a nadie en experto en China, pero al menos te obliga a poner algunas certezas en cuarentena.

Lo que sí nos parece una certeza, es que viajar así, compartiendo el camino, mezclándonos, cuidándonos los unos a los otros y viendo cómo nuestros hijos hacen lo mismo, multiplica todo lo que el viaje ya nos daba.

Gracias Tribu Panda por ser tan guay.

Después de un mes y medio en Japón…Cada vez que venimos nos enamoramos un poco más de este país y al mismo tiempo, senti...
07/08/2026

Después de un mes y medio en Japón…

Cada vez que venimos nos enamoramos un poco más de este país y al mismo tiempo, sentimos que el país se enamora un poco menos del turismo. Es curioso.

Muchos españoles vuelven diciendo que los japoneses no les parecen tan amables como pes habían dicho. Que parecen cansados. Que el turista molesta. Y seguramente tengan razón.

Pero entonces pensamos en Barcelona. En Mallorca. En Canarias. En tantos lugares donde nosotros también nos hemos cansado de que nuestras ciudades dejen de pertenecernos durante unos meses al año. Y claro, la contradicción aparece sola.

Queremos que el destino de nuestras vacaciones nos reciba con una sonrisa, pero no siempre recibimos igual a quien elige pasar las suyas donde vivimos.

Quizás el problema no sea el turismo, sino cuando un lugar deja de estar pensado para quien lo habita y empieza a estar diseñado únicamente para quien lo consume.

Cuando las casas se convierten en apartamentos turísticos, la tienda de toda la vida se transforma en una franquicia o un barrio se convierte en decorado.

Ahí perdemos todos. El vecino y también el viajero. Porque lo que hemos venido a buscar era precisamente eso que poco a poco desaparece. Viajar nos ha dado muchísimo, y seguimos creyendo que conocer otros lugares nos hace mejores. Pero también creemos que ha llegado el momento de dejar de preguntarnos cómo queremos viajar y empezar a preguntarnos qué tipo de viajeros o turistas queremos ser. Porque al final, ninguna ciudad es solo de quien vive en ella, pero tampoco debería dejar de serlo.

¿Y a ti qué te parece?

Al onsen japonés se entra como llegamos a este mundo. Sin bañador. Hay una parte para hombres y otra para mujeres. Prime...
30/07/2026

Al onsen japonés se entra como llegamos a este mundo. Sin bañador. Hay una parte para hombres y otra para mujeres. Primero te lavas, te exfolias, mojas una toalla pequeña con agua fría y te la pones en la cabeza sin que toque el agua.

Luego te dispones a sumergirte en las aguas termales en muchos casos, mineralizadas en otros. Muy calientes en los que solo hay una piscina, como el de la foto, o con diferentes combinaciones de temperaturas cuando hay varias. Algunos están en el exterior, en medio de la naturaleza. Otros en el interior de un ryokan u otro tipo de alojamiento. Hasta en un hotel cápsula lo vimos hace años. Y sí, también hay opciones a las que van las familias en modo familia. Con bebés, peques medianos y personas muy mayores y allá que fuimos en tribu. Respetando el pudor de cada uno y también incluyendo impactos de cuerpos reales. Algo que pensamos que hoy, hace más falta que nunca. Cuerpos con cicatrices de cesáreas, con pechos más redondos, más picudos, más alto o más caídos. Piernas con celulitis o barrigas blanditas. Sin filtros. El onsen en Japón es para todo el mundo.

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