02/06/2026
Vivir el Corpus de La Puebla supone participar de un rito centenario. Una tradición que permanece y que, por ello, no es ajena a ninguno de sus moradores.
Es el lenguaje que todo cigarrero entiende, se sienta más o menos identificado con la celebración. Todos guardan una memoria, algunas anécdotas, anhelos, añoranzas o esperanzas relacionadas con este jueves que reluce más que el sol, en el que Jesús Sacramentado bendice el romero que cubre sus calles y a cada una de las personas que salen a su encuentro.
Así se viene haciendo desde tiempo inmemorial, por lo que Corpus y La Puebla se manifiestan indisolublemente unidos, como han sabido cantar y pregonar tantos poetas.
Corpus, según se alaba en este cerro, es solemnidad, es historia, es inmanencia, es emoción, añoranza y esperanza. Es elegancia, es belleza y clasicismo. Es eternidad, música y rezo. Y es también amor y alegría, pórtico de entrada a la feria y las fiestas donde se hacen paganos el pan y el vino. Es jueves y es bula, es trigo y vid, es tarde y oración.