21/10/2026
EL INDULTO DE JOSÉ MARÍA EL TEMPRANILLO Y SUS HOMBRES.
Con motivo de la función teatral “El indulto, camino al perdón”, que tendrá lugar el próximo viernes 30 de octubre, a las 19:00h, en la explanada de la ermita de la Fuensanta de Corcoya, vamos a intentar explicar los motivos del indulto otorgado a los bandoleros y pueda ayudar a comprender mejor lo que ocurrió.
El 16 de mayo de 1832 ya obraba en poder del Consejo de Ministros toda la documentación solicitada a los dos tribunales andaluces. Disponían de todos los elementos de juicio para plantear una determinación, aunque , al fin, seria el Rey quien tuviese la última palabra. Era evidente que para acabar con los bandoleros se necesitaba una medida de carácter excepcional. De poco habían servido hasta ahora las persecuciones de Realistas, ni del Ejército, ni de los Escopeteros, ni los bandos de Quesada con tentadoras cantidades de dinero para los tiradores profesionales, ni el plan del asistente Arjona, ni el indulto de Frasquito el de la Torre, etc..
En el informe que los ministros solicitaron sobre el asunto al Decano del Consejo, D. José María Puig y Samper, este manifestaba:
“ la enormidad de crímenes atroces de que está llena la historia de estos vandoleros; que duda de su arrepentimiento y que aunque es arbitrio de Vuestra Soberaníael indultarlos, como piden, repugna, sin embargo el resarcimiento de los crueles daños que han causado…..”
Ese fue el sentir general del Consejo y la respuesta lógica que se podía esperar. Era cierto que no existía garantía de que, una vez indultados, cumplirían lo prometido; que quedarían indemnes de sus excesos, porque podrían en cualquier momento quebrantar su palabra, lo que provocaría en las autoridades el más espantoso ridículo, y -finalmente- que evidenciaba la poca convicción de lo solicitado el hecho de que, en el interin de su petición, no habían cesado los crímenes.
Los dictámenes del Consejo eran con posterioridad leídos por Fernando VII, y en este caso se manifestó en contra de la opinión de sus consejeros y de la sensatez, y expidió la Real Orden de Indulto para acabar definitivamente con el asunto, quizás cansado ya de esta situación.
Pero además hay un aspecto que no le debió pasar desapercibido al Rey , y es el viaje que estaba previsto que realizase su hermano, el Infante Francisco de Paula, por Andalucia. Quizás Fernando VII no podía concebirel pasmo y escándalo que se hubiera producido si unos bandoleros asaltasen el convoy o que lo hubieran secuestrado. Quizás por ello, unos días antes de realizar este viaje ( a primeros de julio), Fernando VII decidió firmar la orden del perdón el 23 de junio de 1832.
Pero mucho más interesante que el día de la firma es el hecho del encargo al corregidor estepeño Bartolomé García Terrón para que efectuase todo el trámite burocrático necesario para que unos delincuentes se reintegren de nuevo a la sociedad. El decano le pide que contacte con ellos para participarles la noticia y que hga una lista de todos, en la que se indique su lugar de nacimiento, profesión y destino al que se le manda. La Real Orden debió llegar a Estepa en los últimos días del mes de junio y, conforme a lo establecido en ella, era imprescindible otorgar ante un escribano público un despacho y un pasaporte libre y seguro para que cada uno de los bandidos se dirija a su lugar de residencia, sin que las autoridades les molestasen. Dicho de otra manera, para que los bandoleros pudiesen reinsentarse era necesario un documento individual ( refrendado con la firma del escribano del cabildo, que en este caso lo fue Cecilio Antonio Sanchez) en el que se comunicara a las justicias del pueblo donde fuese a residir la nueva condición jurídica del hasta entonces reo.
El capitán general de Andalucia, Quesada, no estaba de acuerdo y “expuso los inconvenientes del indulto acordado a José María Hinojosa, José Germán y Juan Caballero, cabecillas de bandidos, a quienes debería perseguirse con las armas”.
Caballero y German conocieron la noticia del indulto antes que José María, unas dos semanas después de que la firmara el Rey. En esas fechas ambos se hallaban en las cercanías de Córdoba. Por su parte, el Tempranillo se hallaba en las Rozas de Morón y debió conocer la buena nueva pocos días después. La noticia del indulto traspasó las fronteras comarcales y llegó en pocas fechas a oidos del viajero inglés Richard Ford, que lo recoger en uno de sus escritos.
Juan Caballero y la tradición señalan que la celebración del indulto se hizo en la ermita de la Fuensanta de Corcoya. Allí se reunieron los comandantes y sus respectivas partidas y un escribano dio fe y lectura de la Real Orden. Y Caballero añade, en tono jactancioso, que de alli se trasladaron a Estepa, en donde fueron recibidos por las autoridades y el pueblo en masa. A su paso sonaba la música, las mujeres les arrojaban flores, agitaban sus pañuelos y eran vitoreados. Todos los bandoleros entregaron sus armas y sus caballos, menos él: “me dejaron el mío, por una gracia particular, favor que no quise admitir, sino a condición de treinta onzas de oro, que entregué al cura para que las distribuyera a los pobres”.
La esperanza de hallar más datos en la documentación que generó el proceso del indulto, se hizo investigar en el Archivo de Protocolos Notariales de Estepa. Pero al parecer todo se truncó al comprobar que nada contienen los legajos de cada uno de los escribanos que actuaron en Estepa en el periodo aludido.
Nota: Información extraída del libro Juan Caballero, bandolero de Estepa ( la verdad de sus Memorias a la luz de los documentos judiciales), de los historiadores José A. Rodriguez Martin y Carlos de Olavarrieta Jurado.
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