07/05/2026
Hoy te despido con el corazón lleno de tristeza. Gracias por haber sido aquella compañera que conocí en 2013 y que, sin darse cuenta, se convirtió en una de las personas más bondadosas y leales que la vida me regaló.
Trabajaba de noche y muchas veces el cansancio no me dejaba llegar a la universidad, pero tú siempre estabas ahí. Nunca dudabas en ayudarme, en ponerme al día y en tenderme la mano cuando más lo necesitaba.
Gracias por creer en mis proyectos y por apoyarme incluso cuando tú dudabas de ti misma. Nunca olvidaré cuando te dije: “Amiga, participa en el Miss Periodismo, yo lo voy a organizar este año”, y me respondiste: “Ay no bebé, yo no soy buena para eso”. Y yo te dije: “Es una ventana para que la gente te conozca, amiga”, y tú, con esa nobleza tan tuya, me respondiste: “Dale, lo haré por apoyarte”.
Así eras tú… una persona que siempre estaba para los demás, incluso sin buscar nada a cambio.
Mariela, gracias por tu amistad, por tu cariño y por cada momento compartido. Hoy me toca despedirme de ti con un dolor inmenso, pero también con gratitud por haber tenido la dicha de conocerte.
Te vas físicamente, amiga, pero vivirás siempre en mi corazón y en mis recuerdos. Espero que algún día podamos volver a encontrarnos.
Gracias por tanto. Descansa en paz.