16/09/2026
¿POR QUÉ, DESPUÉS DE DOS SIGLOS, LOS MEXICANOS SEGUIMOS NECESITANDO REUNIRNOS EN UNA PLAZA, ESCUCHAR UNA CAMPANA DE 1810 Y GRITAR JUNTOS “¡VIVA MÉXICO!”?
Una pregunta más:
¿por qué consiguió construir una identidad nacional tan poderosa mientras otros países latinoamericanos, que también nacieron de guerras de independencia, desarrollaron rituales cívicos menos omnipresentes?
México, como pocos países, no solamente recuerda su historia: la representa.
Desde niños, en la escuela, aprendemos una especie de liturgia:
- La escolta.
- La bandera.
- El toque militar.
- El Himno Nacional.
- Los honores.
El calendario cívico imprescindible:
- 24 de febrero (la bandera)
- 13 de septiembre (los niños héroes)
- 5 de mayo (batalla de Puebla)
- 15 de septiembre (el grito de independencia)
- El 20 de noviembre (la Revolución)
La escuela pública es uno de los principales lugares donde se construye ese amor y respeto por México. Hidalgo, Morelos, Juárez, Zaragoza, los Niños Héroes, Madero, Zapata, Villa, Carranza y Cárdenas son parte de esa narrativa nacionalista que nos identifica y nos une.
A ello, la fórmula para entregar oficialmente una bandera está prescrita legalmente: la autoridad encomienda la enseña al “patriotismo” de quienes la reciben y éstos protestan honrarla y defenderla... desde niños.
Pocos pueblos tienen una relación tan ceremonial con su historia como el mexicano.
Y, de todas las celebraciones, la noche del 15 de septiembre tiene un ritual mayor,
En Palacio Nacional, en los gobiernos estatales, en miles de presidencias municipales y en representaciones mexicanas alrededor del mundo, alguien sale a un balcón, toca una campana, recuerda a los héroes de 1810 y una multitud responde:
¡VIVA!
No celebramos solamente nuestra Independencia. Representamos nuevamente el momento en que comenzó.
Y luego hacemos algo todavía más mexicano: llevamos la patria a la casa y la mesa.
Pozole, tostadas, pambazos, mole, tequila, mezcal. Las familias se reúnen, las calles se llenan de banderas y las plazas de música. La historia deja los libros y se convierte en fiesta.
Otros países celebran también sus independencias y acontecimientos históricos. Estados Unidos tiene el 4 de julio; Francia, el 14 de julio; Argentina, el 9 de julio. Pero resulta difícil encontrar esta combinación mexicana de ceremonia oficial, representación histórica, fiesta popular, gastronomía, música y reunión familiar repetida simultáneamente por todo el territorio.
Y hay que sumar un dato muy interesante.
Mientras el mundo sufre una homogeneización de principios y valores con el internet, Netflix, Amazon, Facebook, X o Tiktok, los mexicanos entramos a esa globalización sin perder nuestra mexicanidad.
Hoy, 9 de cada 10 mexicanos se sienten “muy orgulloso” de su nacionalidad. En 1990 era el 57%.
Así es, México se globalizó sin dejar de sentirse mexicano.
Nuestra mexicanidad no existe solamente en un pasaporte. Está en la comida, la música, la familia, los símbolos, las plazas, los héroes, las derrotas convertidas en dignidad y las victorias convertidas en memoria.
México hizo algo extraordinario durante dos siglos: convirtió su historia en una experiencia colectiva.
Y quizá por eso, cuando una campana vuelve a sonar cada septiembre, millones todavía sentimos la necesidad de responder:
¡VIVA MÉXICO! ¡Viva! Ixtacamaxtitlan 🇲🇽🌎