11/08/2026
Selva Lacandona 💚 en
Un águila arpía, de plumas grises y blancas, y garras tan grandes como las de un oso, posada en una rama alta de la Selva Lacandona, en Chiapas. No es una imagen de un documental, sino la de un reencuentro: el primer avistamiento de esta ave en México en 12 años, desde que un fotógrafo la retratara en Yaxchilán en 2011. La imagen del águila, que fue fotografiada y filmada por un campesino en 2023, es la de un retorno que, según los ecólogos, indica que hay al menos tres ejemplares y que podría haber un territorio reproductivo en el país. La imagen del ave, que es una de las más grandes y poderosas del mundo, y que se encuentra en la cima de la cadena trófica, es la de un símbolo de la salud de los ecosistemas tropicales.
Este regreso no es un hecho aislado, sino un rayo de esperanza en medio de la deforestación que ha devastado la región. Es el mismo escalofrío que produce la reintroducción del pigargo o el nacimiento del dril, pero aquí el foco está en una especie que había desaparecido de México. La imagen del águila, que depende de grandes extensiones de bosque para sobrevivir, es la de un indicador de la calidad del hábitat. La Selva Lacandona, que perdió 500 millones de árboles entre 2000 y 2012, sigue siendo un refugio para esta especie, pero su presencia es un recordatorio de la fragilidad de su hogar. La imagen del águila, que se alimenta de perezosos, monos aulladores y armadillos, es la de un depredador que necesita un ecosistema intacto para prosperar.
La imagen del águila, que es un ave longeva y que utiliza los mismos nidos durante décadas, y que su presencia en Chiapas sugiere que hay una población reproductiva, es la de una señal de que la conservación puede dar frutos. La pregunta que su regreso nos deja es profunda: si el águila arpía puede reaparecer en México, ¿qué otras especies están esperando ser redescubiertas en los bosques que aún quedan? La respuesta está en la protección de los ecosistemas y en la colaboración entre comunidades, científicos y autoridades. La esperanza es que el avistamiento del águila, que fue posible gracias a un campesino que compartió sus fotografías en un grupo comunitario de monitores de aves, inspire a más personas a proteger la naturaleza. La imagen del águila, que es un animal que ha sido venerado por las culturas precolombinas, es la de un símbolo de la resiliencia de la vida y de la necesidad de seguir luchando por su conservación.