15/08/2026
Una historia que hemos contado y de la única vez que hemos sentido algo extraño en el bosque...
Recuerden que son lugares sagrados, que merecen respeto 💚😱🦎🥾
En Jiquipilco dicen que en Viernes Santo no se sube al monte de La Bufa porque algo anda suelto. Nosotras no hicimos caso y esto nos pasó.
Como Lagartijas Vagabundas que somos, una Semana Santa no teníamos ruta planeada y decidimos salir.
Se lo comenté a mi familia y mi mamá me dijo, el viernes santo es día de guardarse porque algo anda suelto en el monte, a lo que yo ignoré totalmente.
Para ese día nos vimos Citla, su hermana Xime y yo. Salimos a las 4 de la mañana, la intención era subir a La Bufa y regresar muy temprano a casa.
Desde que entramos al monte, algo se sentía diferente. Era como si los árboles estuvieran inclinados hacia nosotros, haciendo más sombra, dando más penumbra de lo normal.
Citla no nos dijo nada en ese momento, pero vio unos ojos a lo lejos brillar entre los árboles. No hizo falta que dijera, el lugar se sentía pesado.
Yo jamás hago senderismo llevando un palo o una vara, no es mi estilo, pero ese día sí tomé una y no precisamente para apoyarme al caminar. En la otra mano llevaba mi navaja desdoblada. Tenía miedo de algo que no sabía qué era. Algo nos veía y nos seguía.
Llegando a un tramo del camino donde nacen unos cedros chaparritos, un sueño muy pesado nos empezó a agobiar a las tres. Había escuchado del Bao, que según las leyendas es el aliento de los coyotes para dormir a la gente en el monte.
Los tres con un sueño extremo que no era normal, decidimos recostarnos en un pequeño bordo, abierto de árboles, donde apenas amanecía.
Al poco rato de acostarme escuché un gruñido extraño, algo que me hizo despertar completamente y me erizó todo, pero fui la única que lo escuchó.
Les dije a las muchachas que guardaran silencio y escucharan. Después de unos breves segundos de silencio, el gruñido se volvió a escuchar, más intenso y profundo, viniendo de lo espeso del bosque, a unos 5 metros de donde estábamos.
Inmediatamente nos paramos y corrimos sin mirar atrás. Fue así por un buen rato hasta que decidimos parar, mirar y hablar de lo sucedido.
Como senderistas y gente del pueblo conocemos bien el sonido de los coyotes y de los gatos de monte. Ese sonido no era de ninguno de ellos.
Por lo sucedido ya no teníamos la confianza de subir a La Bufa, así que en la bifurcación del camino que sube a La Bufa o baja a las truchas de San Bartolo, decidimos bajar hacia San Bartolo.
Después de unos 30 o 40 metros Citla dijo, oye y si esa cosa quiere subir a La Bufa.
A lo que yo, burlándome un poco por los nervios, me paré, miré hacia atrás y le grité al monte, ya no vamos a La Bufa, nosotras nos vamos a San Bartolo, si quieres sigue esa vereda y llegarás a la peña.
Acto seguido, Citla vio una sombra y algo se movió entre la maleza con el rumbo que le indiqué. La piel se nos enchinó completamente.
Después continuamos caminando y ya era diferente, aves cantando, lagartijas en las piedras, árboles silbando. Sea lo que sea, ya había pasado.
Desde entonces, en Viernes Santo, nos guardamos.
¿Tú has subido a La Bufa en Semana Santa? ¿Has sentido que algo te sigue en el monte de Jiquipilco?
Relato basado en una experiencia compartida por senderistas de Jiquipilco, contado con fines de entretenimiento.