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Plazs de armas de Arequipa en su mes aniversario
02/08/2026

Plazs de armas de Arequipa en su mes aniversario

01/08/2026
01/08/2026

🏔️ LA RINCONADA: ENTRE EL ORO Y LA ESPERANZA
A más de 5,000 metros de altura, este lugar sigue siendo el destino de quienes buscan cambiar su vida encontrando oro. Un pueblo donde la esperanza nunca deja de brillar

Plaza de CAYMA  - AREQUIPA
30/07/2026

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CAYMA- AREQUIPA
30/07/2026

CAYMA- AREQUIPA

Plaza cívica Alvarez Tomas CONGATA - AREQUIPA
30/07/2026

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Dos muros separados por casi 13.000 kilómetros parecen hablar el mismo idioma de piedra. Sin embargo, fueron construidos...
28/07/2026

Dos muros separados por casi 13.000 kilómetros parecen hablar el mismo idioma de piedra. Sin embargo, fueron construidos por pueblos de continentes distintos y con alrededor de dos milenios y medio de diferencia.

Uno se encuentra en Hattusa, antigua capital del Imperio hitita, en la actual Turquía. Sus grandes fortificaciones fueron levantadas durante la Edad del Bronce, principalmente en el segundo milenio antes de nuestra era.

El otro se encuentra en la calle Hatun Rumiyoc, en Cusco. Allí se conserva un muro inca asociado tradicionalmente al antiguo palacio de Inca Roca y actualmente integrado en el conjunto del Palacio Arzobispal.

En ese muro se encuentra la célebre Piedra de los Doce Ángulos.

En ambos lugares aparecen bloques de formas irregulares cuidadosamente encajados, sin una capa visible de mortero. Las juntas, los ángulos y la disposición de las piedras producen una semejanza sorprendente cuando se comparan fotografías.

Pero observar una apariencia parecida no significa que existiera contacto entre ambas civilizaciones.

La mampostería poligonal apareció de manera independiente en distintas regiones del mundo. Cuando una comunidad dispone de grandes rocas y necesita construir muros resistentes, una solución posible consiste en conservar parte de sus formas naturales, modificar cuidadosamente los bordes y distribuir el peso entre varias superficies de contacto.

Las semejanzas esconden, además, diferencias importantes.

En Hattusa, las piedras visibles formaban principalmente las bases de fortificaciones que continuaban hacia arriba con estructuras de ladrillos de barro y madera. Los constructores hititas utilizaron herramientas de piedra y metal, rampas y una enorme organización laboral para levantar puertas, murallas y torres.

En Hatun Rumiyoc, los canteros incas desarrollaron un ajuste especialmente refinado. Golpeaban, desgastaban y probaban cada bloque repetidamente hasta conseguir que descansara de manera estable sobre las piedras vecinas.

La Piedra de los Doce Ángulos es uno de los ejemplos más conocidos de esa precisión. Su forma irregular permite que encaje con numerosos bloques alrededor, aunque no representa por sí sola toda la diversidad de la arquitectura inca.

Las superficies interiores de las uniones no tenían que ser completamente lisas. Lo importante era crear suficientes puntos de contacto para distribuir el peso y mantener la estabilidad del muro.

Este tipo de ensamblaje también resultaba ventajoso en una región sísmica. Las numerosas uniones y la ausencia de una estructura completamente rígida permitían soportar mejor ciertos movimientos del terreno.

Todavía se discuten algunos detalles sobre el transporte, la talla y el proceso exacto de ajuste de las piedras. Sin embargo, no existe evidencia arqueológica de una civilización perdida que hubiera transmitido esta técnica a hititas e incas.

El verdadero misterio no necesita barcos atravesando océanos.

Está en comprender cómo dos sociedades diferentes, enfrentadas a problemas parecidos, llegaron a soluciones visualmente semejantes mediante la observación, la experimentación y generaciones de conocimiento artesanal.

Las piedras no demuestran que Turquía y Perú estuvieran conectados.

Demuestran algo quizá más interesante: la inteligencia humana puede encontrar respuestas parecidas incluso cuando entre sus creadores existen océanos, siglos y mundos enteros de distancia.

El Tambo de la Cabezona: memoria de agua, piedra y oficio... y una evocación imaginada...Hay lugares en Arequipa donde e...
27/07/2026

El Tambo de la Cabezona: memoria de agua, piedra y oficio... y una evocación imaginada...

Hay lugares en Arequipa donde el tiempo no se fue, solo se quedó dormido esperando quién lo despertara.
Así el Tambo de la Cabezona, asomado sobre el río Chili, en la calle Puente Bolognesi, a solo dos cuadras de la Plaza de Armas.

Origen: cuando el agua molía el pan.
Antes de ser tambo, fue molino.
Su ubicación junto al río Chili le dio, desde el siglo XVIII, un rol productivo: Primero, molino; luego, curtiembre.
En 1816, el curtidor don Joaquín Bellido adquirió la propiedad.
Fue su nieta, Manuela Bellido —a quien apodaban cariñosamente "la Cabezona"—, quien, a mediados del siglo XIX, amplió el predio: construyó el molino de almidón y los lavaderos de lana, y en el segundo patio se levantó un molino harinero hidráulico.
De su apodo nació el nombre que hoy conocemos.

El mecanismo era simple y hermoso: un eje horizontal movido por la fuerza del agua del canal hacía girar una piedra circular que molía el grano; luego el agua salía por el "cárcavo", a través del "socaz", devolviéndose al río.
Ese molino alimentó la producción de harina y del guiñapo con el que se preparaba la típica chicha arequipeña de peculiar color rojizo.

Arquitectura: bóvedas que sostienen un puente.
Edificado en el siglo XVIII con la técnica colonial de bóvedas, muros de cajón y sillar, el tambo tiene bóvedas perpendiculares a la calle que sirvieron de contención al relleno con que se construyó el Puente Bolognesi.
Se organiza en torno a dos patios comunicados por un amplio zaguán, con una edificación de 3 niveles hacia la calle y el resto de dos niveles, según la topografía.
Ocupa 2,700 metros cuadrados.

El siglo XX: deterioro y heridas.
El ingreso del río en 1893 dejó el molino descompuesto e inutilizable.
Los terremotos de 1958 y 1960 dañaron sus estructuras.
Las aguas del río llegaron a enterrar parcialmente las arquerías hasta 1.20 metros.
Los espacios comunes fueron invadidos por construcciones precarias, y el tambo, que llegó a albergar a 27 familias, se convirtió en un tugurio con apenas un baño común.
El terremoto de 2001 comprometió aún más su integridad estructural.

La restauración: cuando la memoria se puso en valor.
A partir del año 2000, con la familia Chirinos Soto, la Municipalidad Provincial de Arequipa y la Cooperación Española (AECID), comenzó el largo proceso de recuperación.
La intervención —premiada en la XIV Bienal Nacional de Arquitectura Peruana— fue inaugurada durante la visita de los entonces Príncipes de Asturias a Arequipa.
En 2024, la Universidad Católica de Santa María se sumó al esfuerzo de conservación.

El trabajo mejoró la calidad de vida de 82 familias, fortaleció la organización vecinal, y logró algo poco común: la puesta en valor arquitectónica sin desplazar a los habitantes originales.

Hoy: Un museo vivo.
En septiembre de 2025, el Tambo La Cabezona se incorporó oficialmente al circuito turístico de Arequipa, en alianza entre la UCSM y las familias Simons Chirinos y Balta Chirinos, actuales guardianas de la casona.
Hoy sus salas recrean la vida arequipeña entre los siglos XIX y XX: una farmacia del siglo XIX con frascos y productos vegetales originales, talleres de carpintería, herrería e imprenta, y espacios dedicados a la cocina, los oficios y la cotidianidad de antaño.

El Tambo de la Cabezona, declarado parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco como parte del Centro Histórico de Arequipa, sigue moliendo, ya no grano... sino memoria...

Como pudo haber sido: una evocación imaginada...
A partir de aquí, lo que sigue es un ejercicio de imaginación histórica, no un relato documentado.
Se apoya únicamente en los datos verificados de arquitectura y oficios del tambo, para evocar, con respeto, cómo pudo haber sido su bullicio antes de que los sismos y el río reclamaran su parte...

Imaginemos el patio antes de toda grieta, antes de que el río se atreviera a entrar en las casas.
El sol de la mañana cae oblicuo sobre el sillar blanco, y el primer sonido no es el claxon ni el bullicio de hoy, sino el agua: el canal que corre bajo las bóvedas, empujando la piedra circular del molino con una paciencia que ningún reloj mide igual.

Podemos imaginar a una lavandera de lana tendiendo hilos húmedos junto al segundo patio, sus manos rojas del frío del agua que baja de la sierra.

Un poco más allá, tal vez un aprendiz de curtidor voltea las pieles al sol, y el aire —lo imaginamos— huele a taninos y a pan recién sacado de un horno de barro.

Los niños, quizás, correteando entre los zaguanes con la libertad de quien no sabe todavía que ese patio es "monumento": para ellos es solo el mundo entero, su cancha, su reino de sillar.

Cabría pensar en las tardes en que las familias —tantas bajo un mismo techo de bóvedas perpendiculares— sacaban banquitos al pasaje, y alguna vecina, con la voz que da la costumbre, gritaba de un extremo a otro un recado, un préstamo de sal, una advertencia sobre la lluvia que se anunciaba en el Misti.

El molino harinero, en su rincón, seguiría girando con esa música grave y constante que quizás nadie oía ya, de tan acostumbrados que estaban a ella... como se deja de oír el propio pulso.

Y, al anochecer, imaginemos los candiles encendiéndose uno a uno en las ventanas de los tres niveles hacia la calle Bolognesi, mientras el río, todavía manso, todavía obediente, corría abajo sin saber que un día —muchos años después— reclamaría con fuerza lo que alguna vez fue suyo.

Nada de esto lo dice un documento.
Lo dice la lógica de la vida que sabemos que allí hubo: 27 familias... luego 82.
Un molino que movía sus engranajes con agua.
Oficios que dejaban su olor y su ruido en el aire.
Es la arquitectura, muda, pero elocuente, la que nos presta estos trazos para que la imaginación —con respeto y sin inventar hechos— pueda caminar un rato por ese patio que ya no existe como fue, pero que sigue, de algún modo, respirando bajo el que hoy visitamos...

Recopilación de diversas fuentes.
Edición y redacción de texto: Claudia Ballon Rodríguez (26 jul 2026).
Fuente de las imágenes: Arquitectura y Empresa.
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