23/07/2026
Crónica de un Albazo
Hay cosas que solo se entienden cuando se viven. Y el albazo de Leymebamba es una de ellas.
A las cinco de la mañana, cuando el frío todavía abraza al pueblo y la neblina no termina de irse, ya había gente reunida frente a la I.E. N.° 18047, en el puente del río Pomacochas. Algunos llegaban medio dormidos, otros con más ganas que sueño, pero todos con el mismo propósito: darle la bienvenida a nuestras Fiestas Patronales en honor a la Santísima Virgen del Carmen.
Y entonces sonó la banda.
Ese primer bombo, ese primer clarín... ahí ya no hay vuelta atrás. El cuerpo empieza a moverse solo. Empieza el albazo.
Recorrimos el jirón Bolívar bailando, riendo y saludando a quienes salían a sus puertas para ver pasar la fiesta. Al llegar al cruce con Alfonso Moreno hicimos una pausa, pero solo para seguir bailando con más fuerza. Después bajamos por la calle 16 de Julio hasta el jirón San Cristóbal; de ahí seguimos por el jirón La Verdad rumbo a nuestra plaza de armas.
Cuando llegamos frente a la iglesia, el ambiente cambió por un momento. Entre la música y la alegría también hubo espacio para la fe. Nuestro alcalde tomó la palabra junto a sus acompañantes y, como manda la tradición, pidió el permiso de la Virgen del Carmen para dar inicio a las festividades.
Ese instante siempre me emociona. Porque uno entiende que la fiesta no es solo música ni baile; también es gratitud, devoción y respeto por nuestras costumbres.
Pero el destino tenía preparada otra sorpresa.
Ese mismo día era el cumpleaños de nuestro alcalde. Apenas terminó el acto, comenzaron los abrazos, las felicitaciones y los aplausos. Fue un momento muy bonito, espontáneo y lleno de cariño.
Y claro... después de eso había que seguir como Dios manda.
¡Shunto, shunto!
La plaza se convirtió en una sola pista de baile. Jóvenes, adultos, vecinos, visitantes... todos compartiendo la misma alegría. En el albazo nadie pregunta quién eres; simplemente te unes al baile y ya eres parte de la fiesta.
Cuando parecía que todo había terminado, todavía faltaba el remate.
Nos fuimos hasta la casa del alcalde. Allí nos esperaba un caldazo preparado para toda la gente que acompañó el recorrido. Dicen que era una res Angus... y la verdad, estaba espectacular. Entre platos, risas, música y conversación, la cuadra completa se convirtió en una extensión de la fiesta.
¡Ayayay... qué tal albazo!
Son de esos días que terminan cansándote las piernas, pero llenándote el corazón.
Y mientras caminaba de regreso, pensaba en algo muy simple: estas son las cosas que hacen único a Leymebamba. Aquí las fiestas no se miran desde la vereda; se viven, se bailan, se sienten y se comparten.
Porque el albazo no solo anuncia el inicio de nuestras Fiestas Patronales.
El albazo nos recuerda quiénes somos.