17/06/2020
Güemes el Cacique, el Guerrillero.
Los hitos de Güemes son incontables: desde capturar a galope de caballo y a punta de espada en pleno Río de la Plata al buque inglés “Justina”, armado con 26 cañones, durante las invasiones inglesas, con sólo 21 años, hasta garantizar la seguridad de la frontera norte durante el cruce de Los Andes.
Su apoyo de la causa patriótica, en abierta oposición a los sectores acomodados salteños que preferían la continuidad de sus privilegios coloniales, y por eso respaldaban a los godos realistas que trataban de reconquistar el territorio perdido, le valió soportar condenas de todo tipo. Tampoco les cayó bien que se presentara como “protector de los pobres”, ni su desempeño como gobernador salteño. Sin embargo Güemes nunca sintió “angustia” por el destino que había elegido. Estaba simplemente en el orden natural de las cosas: en sus valores.
José de San Martín consciente de los méritos de Güemes, de su liderazgo regional y su fabulosa capacidad para manejarse con recursos exiguos -con la inestimable colaboración de su hermana Macacha, otra “maldita” de la historia oficial-, lo puso al frente de una guerra de guerrillas, que fue conocida desde entonces como la “guerra gaucha”.
Tras la caída del director supremo Carlos María de Alvear, el pueblo salteño se convocó a las calles y exigió, por aclamación, su designación como gobernador intendente de Salta, con jurisdicción sobre las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, San Ramón de la Nueva Orán y varios distritos de campaña. Como era de esperar, la respuesta de las oligarquías del noroeste no se hicieron esperar. Y si bien Güemes resistió todo lo que pudo, las conspiraciones internas y los ataques de los godos fueron agravando su situación.
Güemes trabajó en estrecho diálogo con San Martín, sobre todo sobre el plan de atacar el último reducto del poder colonial, Perú, desde Chile. Pero San Martín precisaba tener la retaguardia cubierta, y para eso lo designó general en jefe del Ejército de Observación.
Cuando San Martín desembarcó en territorio peruano, el salteño tomó la decisión de avanzar sobre el Alto Perú, pero sus fuerzas resultaban insuficientes, habida cuenta de que el noroeste estaba infestado por la guerra civil entre una oligarquía que se negaba a perder sus privilegios, y los revolucionarios que se jugaban la vida por la independencia de la patria.
Martín Miguel de Güemes fue el único general argentino caído en el marco de una acción de guerra exterior, la oligarquía salteña festejó su muerte, reacción que se replicó a lo largo del país. En Buenos Aires un periódico tituló: “Ya tenemos un cacique menos”.
Texto de Alberto Letieri.