06/05/2014
Desde la asunción de Luis Ignacio Lula da Silva a la presidencia en el año 2003, Brasil ha encarado un proceso de industrialización y de crecimiento de tamaños inimaginables. Su unión al bloque de los países emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es una muestra clara de como el tercer país más grande del mundo se prepara para ser una de las principales potencias a nivel mundial dentro de algunas décadas.
Durante nuestros días en Brasil, recorrimos cerca de 7 mil kilómetros. Pasamos por ciudades y pueblos pequeños como Praia do Rosa y Garopaba, pero también por ciudades inmensas como Porto Alegre, Curitiba y San Pablo. Vimos algunas cuestiones que llaman la atención y que nos contextualizan la actualidad Brasilera.
Una de ellas es la industria. Hay fábricas por todas partes y de todos los sectores de la economía. Y las hay de todos los tamaños, desde pequeñas o medianas empresas hasta megafábricas que nuclean a miles de trabajadores por jornada.
La cantidad de vehículos también sorprende. El parque automotor de Brasil es el más grande de América Latina, concentrando el 32% del total de los autos de la región. Hay que tener en cuenta, también, que este país es el 6to productor a nivel mundial, y junto a México concentran el 90% de autos producidos en América Latina. Por otra parte, el continuo movimiento de productos necesita de transporte. Por eso, muchas de las rutas están atestadas de camiones y el tránsito se torna complicado.
Este semejante movimiento de vehículos implica un alto consumo de combustible. Esto se refleja en la cantidad de estaciones de servicio. En los primeros mil kilómetros de ruta, contabilizamos unas 80 (la mayoría con estacionamiento para un mínimo de 20 camiones), sin contar las 8 o 9 que vimos en construcción y las del interior de las ciudades. Respecto a esto, se estima que para el año 2020 Brasil será el 4to productor mundial de petróleo.
En todas las rutas por las que transitamos vimos obras. Puentes de uno o dos kilómetros de largo; rutas con doble vía de 400 kilómetros con cientos de trabajadores y máquinas en ambos lados del camino; edificios y torres de cuarenta o cincuenta pisos; hasta un parque eólico.
Las fuentes de trabajo que se generaron permitieron salir de la pobreza a una cantidad enorme de personas. Pero todavía hay muchos millones que siguen excluidos, basicamente porque en diez o veinte años de gestión no se pueden solucionar los problemas que generaron décadas de inacción política.
Brasil vive día a día en sus propias contradicciones. Mientras en Porto Alegre se gastaron 340 millones de dólares para un estadio mundialista, los barrios que lo rodean todavía tienen calles de tierra y techos de chapa. En San Pablo, alcanza con alejarse 15 minutos del lujoso centro para ver otra ciudad, la de las interminables favelas que se amontonan en los morros. En Curitiba son incontables las personas que siguen movilizándose en caballo y carreta.
Estas son algunas cuestiones que nos señalan lo que es Brasil hoy. Un país con enorme crecimiento, que genera fuentes de trabajo y más oportunidades para muchos que nunca las habían tenido, pero que todavía tiene cuentas pendientes con millones de personas que todavía están excluidas.
Kevin