02/08/2026
Palmarola no tiene pueblo ni carreteras. No hay electricidad, cobertura de telefonía móvil ni terminal de ferris. La mayoría de los días, la única forma de llegar a la isla es en una pequeña embarcación desde Ponza, situada a unos ocho kilómetros, al otro lado del mar Tirreno.
Está ubicada al oeste de Roma, lo suficientemente cerca como para visitarla en una excursión de un día, pero también lo bastante aislada para que el tráfico, las multitudes y el constante movimiento de la capital italiana parezcan pertenecer a otro mundo. Mientras los foros, las fuentes y las plazas de Roma atraen a millones de visitantes, Palmarola sigue fuera de la mayoría de los itinerarios turísticos. Muchos viajeros nunca han oído hablar de ella. Incluso muchos romanos nunca la visitan.
Lo que atrae a quienes hacen la travesía no es la infraestructura ni la comodidad, sino precisamente la ausencia de ambas. Palmarola emerge abruptamente del mar con acantilados de origen volcánico, interrumpidos por cuevas marinas y estrechas ensenadas. Tiene una sola playa, una red de senderos que se adentran en el interior y escasas señales de desarrollo moderno.