03/12/2025
"Yaguarate: El señor que habita en la frontera sagrada"
En la franja de la Yunga jujeña, donde la selva besa los pies de las altas cordilleras, el Yaguarate no es una fiera, es un dios tutelar, es un protocolo de coexistencia. Para los pueblos andinos, este felino porta un nombre quechua que lo revela, es el uturunco / otorongo, el habitante del Kay Pacha, el mundo medio. No es el reino del cóndor (Hanan Pacha, el cielo) ni la caverna de la serpiente (Ukhu Pacha, el inframundo). Es la encrucijada donde el chamanismo cobra carne, el jaguar es "la voz del agua" y "espejo del cielo", un ser que domina los cuatro elementos porque nada entre mundos sin permiso de ninguno. Los Chavinenses, mil años antes del inca, ya esculpían su imagen en templos de la cordillera. No lo hacían como trofeo, sino como manual de iniciación, el camino del jaguar, oriente-occidente, trazaba el recorrido del río y el ciclo vital desde la gestación al parto. La piel moteada, que imita el cielo estrellado, no es camuflaje, es mapa cósmico. En esta lógica, el yaguarate de la Yunga no caza presas, caza desequilibrios. Cuando el chamán se viste con su piel, no se transforma en bestia, recupera el derecho a transitar entre lo visible y lo oculto, a nombrar lo que el lenguaje vulgar ya no puede sostener.
Y aquí la historia se bifurca, mientras en la cosmovisión andina el jaguar era el mediador entre mundos, para los guaraní el Yaguarate es el mundo. Los Ava guaraní se autodenominan personas jaguares, no porque imiten al felino, sino porque son el jaguar manifestado como defensa del monte. En las ceremonias del Areté, su presencia no se invoca, se asume. El chamán no viaja con el espíritu del yaguarate, es el yaguarate quien guía el sendero, a través del cuerpo humano, recuerda a los dioses que la selva sigue viva. La diferencia es sutil y radical. Para los pueblos del Ande, el Otorongo es arquetipo, modelo para que el humano acceda a lo sagrado. Para los guaraní, el Yaguarate es ancestro, el humano es una de sus formas posibles.
Los chané de Salta, parientes cercanos, llaman al jaguar "tío" y saben que nunca atacará porque la sangre compartida es garantía de hospitalidad
Los wichí del Pilcomayo no lo representan, lo hablan, tejiendo su piel en diseños de chaguar donde cada mancha es una palabra del territorio.
En la Yunga jujeña, estas dos cosmovisiones no se contradicen, se superponen. El río, que para los andinos es el camino del jaguar, para los guaraní es el yaguareté bebiendo sus propios pasos. La caverna, que en el Kay Pacha es portal al inframundo, en la memoria guaraní es la madriguera del tiempo primero, donde el Sol y la Luna engendraron al Yaguarate para que vigile el equilibrio. Hoy, cuando el desmonte amenaza su hábitat, los Ava Guaraní de Vinalito (Jujuy) han recuperado tierras no para "conservar" al yaguarate, sino para seguir siendo sus parientes. La ceremonia no es nostalgia, es actualización de un contrato. Porque si el jaguar desaparece, no se pierde una especie, se borra un diccionario entero de lo real.
“El Yaguarate de la Yunga no es el rey de la selva. Es la selva recordándonos que nadie gobierna un territorio sin antes haber aprendido su lenguaje.”
Juan
Guía Cultural y Provincial de Turismo
Acreditado en el Ministerio de Turismo
Humahuaca Tours (física)y Cielo Arriba de Jujuy Turismo (virtual)
Tel: 54 9 388 4106867
Texto: Cielo arriba
Video: Cielo Arriba