18/09/2026
Nunca buscaron el aplauso ni el bronce. Les bastaba con ver brotar la tierra tras el surco y saber que sus hijos crecerían en paz. Sin embargo, en esta jornada histórica, a los viejos Guidos y Babas —esos abuelos que cargaron en sus arrugas el mapa de una patria lejana— la provincia les arrancó una sonrisa honda, de esas que se guardan para siempre.
Por iniciativa de la diputada Alicia Zalesak, también guardiana de esa misma sangre, la Cámara de Representantes de Misiones instituyó por unanimidad el Día del Inmigrante Ucraniano y sus Descendientes, fijando su celebración el tercer jueves de mayo de cada año. El proyecto de ley llevó la iniciativa y la firma de la legisladora, su construcción fue un verdadero tejido comunitario: las distintas entidades y asociaciones de la colectividad trabajaron codo a codo, aportando su memoria e historia para la elaboración de los fundamentos que dieron vida y sustento a la norma.
Se cumplió así un largo anhelo colectivo. Era hora de que el Estado misionero pusiera en valor el silencioso heroísmo de una corriente migratoria que, a la par de tantas otras, se fundió en la identidad misma de nuestra provincia. La sociedad de Misiones conoce bien esa epopeya: una historia escrita con el sudor del trabajo rudo y un compromiso inquebrantable con el suelo que los cobijó.
Para aquellos pioneros, mirar atrás no era una opción; el regreso estaba cancelado por la distancia y la geopolítica. Quizás por eso su entrega fue doble. No les quedó más remedio que dejar que la tierra colorada penetrara hasta el último rincón de sus corazones, transformando la nostalgia del destierro en la fertilidad de las chacras.
La elección de la fecha es un puente de hilos invisibles pero firmes. El tercer jueves de mayo el mundo celebra el Día de la Vyshyvanka, la tradicional camisa bordada ucraniana. Lejos de ser un mero ornamento estético, esa prenda está íntimamente ligada a la esencia de un pueblo. Hoy, en estos tiempos de dolor y tragedia en el suelo ancestral, portarla se ha vuelto un acto de resistencia y un valor primordial de supervivencia cultural.
El recinto legislativo se transformó durante la tarde en un mar de emociones. Las tribunas se poblaron de descendientes —en su mayoría integrantes de los ballets Zirka, Kolomeia y Vesely Chasé— que asistieron vistiendo orgullosos sus ropajes bordados, custodiando la sesión con los ojos humedecidos. Aquella labor previa en los fundamentos unió desde el primer momento a toda la comunidad: desde El cónsul de Ucrania en Misiones, D. Diego Muruniak, a las asociaciones tradicionales de Posadas como la "27 de Agosto", hasta las colectividades de Apóstoles y Oberá, pasando por las religiosas de la Orden de San Basilio Magno, el obispo Daniel Kozlinski y el párroco Guillermo Andrujovich. Todos sintonizaron el mismo latido.
El proyecto aprobado es, en el fondo, un mimo necesario para los abuelos que ya no están. Es fácil imaginarlos allá arriba, asomados a una nube, diciendo con su habitual timidez y modestia: "No hacía falta, Misiones y la Argentina ya nos dieron demasiado". Pero quienes nos quedamos aquí sabemos perfectamente que lo que ellos entregaron a cambio fue inmenso. Esta ley no es más que un acto de estricta justicia poética: un homenaje eterno para los que sembraron el futuro que hoy cosechamos.
El Cónsul de Ucrania en Misiones y la dirigencia de la RCU en Misiones y de las entidades de Posadas, Apóstoles y Oberá, agradecen a los diputados misioneros por aprobar este reconocimiento a los inmigrantes y sus descendientes.