18/08/2026
Cuando en 1730 la iglesia de San Isidro fue declarada parroquia, tenía jurisdicción sobre el amplio territorio que comprendía el Pago de los Montes Grandes y que abarcaba los actuales San isidro, Núñez, Vicente Lòpez y San Martín. Con el tiempo se fueron separando y de los 200 km cuadrados que formaban San Isidro, se redujo a los casi 52 km cuadrados actuales.
Por lo tanto podemos decir que aquel trágico 18 de agosto de 1848, Camila O'Gorman y Uladislao Gutièrrez, fueron fusilados en San Isidro, en el Cuartel de los Santos Lugares, actual localidad de San Andrés, Partido de San Martín.
Camila y Uladislao se conocieron en las tertulias familiares. Había sido compañero del seminario de su hermano, y venía a hacerse cargo de la iglesia del Socorro, donde concurría Camila.
Pronto surgió un amor incontenible, y huyeron a Corrientes para poder vivirlo, Allí se manejaban con documentos falsos y sobrevivían dando clases a los niños del lugar.
Pero éste amor tuvo lugar en una época en un momento de enfrentamientos ky fue moneda de cambio de opositores y adictos a Rosas, ambos bandos utilizaron el hecho con fines políticos, sin medir las consecuencias. Y así fue como un hecho que en otro momento habría tenido otro castigo, tuvo una condena a pena de muerte sin juicio previo.
Tras haber sido reconocidos en Corrientes, fueron apresados y traídos a Santos Lugares. El propio ayudante de Rosas trató de evitarlo por todos los medios, arriesgando su vida, también lo intentó Manuelita Rosas pero nada hizo cambiar de opinión al Restaurador. El pelotón de fusilamiento, conmovido, no pudo cumplir la primera orden de hacer fuego, pero debieron hacerlo tras la segunda exigencia. Eso sí, antes, se le dió a beber agua bendita a Camila, ante la posibilidad de que estuviera embarazada. El oficial que hizo fuego enloqueció y su grito de horror quedó por mucho tiempo flotando en el aire del vecindario como un eco desgarrador. Los mismos hipócritas que habían pedido castigo ejemplar, años mas tarde calificaron el hecho de horrendo crimen.
Los enamorados nunca se arrepintieron, aunque tal vez, ese renunciamiento les habría salvado la vida.
Las últimas palabras de Camila quedaràn siempre resonando por sobre los argumentos de la sociedad oportunista de la época.
“Voy a morir, y el amor que me arrastró al suplicio seguirá imperando en la naturaleza toda. Recordarán mi nombre, mártir o criminal, no bastará mi castigo a contener una sola palpitación en los corazones que sientan.”