16/08/2026
200 años de arqueología en Tiwanaku: del redescubrimiento de las ruinas al uso de nuevas tecnologías:
François Cuynet y Ruben S. Mamani Roque
1 El espacio del Altiplano fue el escenario de un intenso desarrollo humano en la época prehispánica. De los innumerables yacimientos arqueológicos que se encuentran en este territorio, Tiwanaku es sin duda el más importante y se ha beneficiado desde el siglo XIX hasta hoy en día de los avances en las técnicas de investigación científica.
El sitio patrimonial de Tiwanaku en la cuenca del Titicaca
2 La región andina de Bolivia es un territorio de gran diversidad ecológica, lo que permitió a diversas sociedades adaptarse a sus condiciones desde tiempos muy antiguos. La cuenca del lago Titicaca se encuentra a más de 3 800 metros de altitud y beneficia de numerosos recursos locales (camélidos, tuberculos, quínoa). Muy pronto, sociedades culturalmente complejas se establecieron en las orillas del lago y en los valles conexos, dejando tras de sí un impresionante número de vestigios que atestiguan su existencia pasada. Estos pueblos lograron avances notables, y a partir de allí, comenzaron a intercambiar bienes y tecnologías fundamentales como la cerámica y la metalurgia.
3 Situado a unos diecisiete kilómetros al sureste del lago Titicaca, el sitio de Tiwanaku floreció en lo que se conoce como el Horizonte Medio, entre los años 300 y 1150 d.C. Un periodo marcado por el desarrollo de la arquitectura monumental en piedra tallada, la elaboración de estatuas megalíticas y la proliferación de cerámica ritual. Su producción de alfarerías litúrgicas se reconoce por la alta calidad de su ejecución, con la representación de temas iconográficos policromos, la creación de keros y sahumadores perfectamente moldeados a mano sin uso del torno, y un acabado exterior con pulido que denota la maestría técnica en la cadena operativa de los talleres del periodo prehispánico. Además de su influencia en el Altiplano boliviano, los rastros de la cultura Tiwanaku se extienden a otros lugares, como el valle de Moquegua en Perú, el oasis de San Pedro de Atacama en Chile, el noroeste argentino y en los valles de Cochabamba.
4 Aunque a partir del siglo XII d.C. las actividades litúrgicas cesaron y el sitio fue abandonado, las ruinas y su importancia nunca fueron olvidadas por la población local. Siempre visibles en el paisaje, los restos de Tiwanaku fueron reinterpretados en el mito oficial del poder incaico como el lugar de la creación de un nuevo mundo tras la destrucción de Pachacuti, y de la antropogénesis llevada a cabo por el propio dios Viracocha. Los Incas se veían a sí mismos como filiales del sitio monumental a través del nacimiento en sus ruinas, tras la unión de la Luna y el Sol, de la pareja mítica de Manco Capac y Mama Ocllo (Cobo B., 1893 [1653]: libro 13, cap. 19).
5 En la actualidad, sólo una parte del sitio arqueológico es directamente accesible, mientras que el pueblo colonial y contemporáneo de Tiwanaku cubre en gran medida las áreas que rodean la zona monumental central.
Breve historiografía de las investigaciones científicas en los siglos XIX-XX
6 A lo largo de los siglos, los estudiosos han debatido aspectos fundamentales de Tiwanaku, como su cronología, extensión, y función, siendo descrita tanto como una ciudad monumental como un centro ceremonial. Según las crónicas, el sitio arqueológico de Tiwanaku dejó perplejos a los primeros españoles que llegaron al altiplano andino. Estas majestuosas ruinas fueron descritas como vestigios de una civilización colosal ya extinta. Así pues, aunque el yacimiento es antiguo, los restos de su ocupación nunca han desaparecido de la memoria colectiva. Cronistas como Pedro Cieza de León y Bernabé Cobo, en el siglo XVI, documentaron con fascinación las esculturas y la arquitectura de piedra que consideraron obras que inspiraron a los Incas (Cieza de León P., 2005 [1553]: cap. 105). Estas descripciones, aunque basadas en observaciones rápidas o relatos indirectos, subrayan la grandeza del sitio y su impacto en la memoria colectiva, hablando de una humanidad convertida en piedra por una acción divina como castigo a antiguos pecadores.
7 Hubo que esperar hasta principios del siglo XIX para que se reconozca por primera vez la importancia del patrimonio presente en el sitio y, posteriormente, se promovió mediante el desarrollo de actividades científicas. Durante los siglos que separaron estos dos periodos, las ruinas de Tiwanaku fueron utilizadas como cantera de piedra para la fundación de nuevas ciudades coloniales, en primer lugar, por el pueblo de Tiwanaku mismo, así como para los centros históricos de Laja, La Paz y Guaqui. Esta actividad de reutilización de los bloques de piedra que conformaban las construcciones prehispánicas, tanto por parte del poder gobernante como a nivel de la población local, lamentablemente aceleró el deterioro general del sitio patrimonial y condujo necesariamente a una gran pérdida de información. Pero a raíz de las grandes exploraciones científicas occidentales, fue posible restaurar el valor patrimonial de las ruinas de Tiwanaku.
8 Durante su estancia en los Andes, entre 1794 y 1799, el naturalista checo Thaddäus Haenke tuvo la oportunidad dar a conocer los vestigios ilustrando por primera vez un bloque esculpido de la iconografía de Tiwanaku. Esta transcripción visual de dos figuras aladas representadas en bajorrelieve marcó el inicio de un interés creciente que se materializará unas décadas más tarde en las ilustraciones extremadamente precisas de la famosa Puerta del Sol realizadas sucesivamente por Alcide d'Orbigny, Léonce Angrand, Georges Squier y Alphons Stübel, entre otros testigos de sus épocas. Con el desarrollo de las misiones de exploración, salieron a la luz más restos y artefactos descubiertos en Tiwanaku, primero a través de láminas que ilustraban el material recogido y después mediante el uso de la fotografía. Estas actividades iniciales, mezclando curiosidad científica con el gusto por el coleccionismo exótico, permitieron sin embargo realizar las primeras investigaciones de campo y dieron lugar a la difusión académica de la importancia patrimonial del sitio de Tiwanaku.
9 En la joven e independiente República de Bolivia de la primera mitad del siglo XIX, este redescubrimiento del pasado a través del prisma de la exploración occidental condujo a la utilización de estos vestigios preincaicos para encarnar la imagen de un pasado glorioso pero perdido. Fue así como, al mismo tiempo que su declaración de independencia, Bolivia forjó su propio patrimonio e identidad cultural a través de los restos de Tiwanaku, en un discurso que posteriormente evolucionó con las corrientes políticas de los siglos XIX y XX, rozando en ocasiones la tesis del hiper autoctonismo (Villanueva Criales J., 2022). En este contexto, tomando el destino en sus manos, se realizaron las primeras excavaciones en Tiwanaku en 1846 mandadas por el Presidente José Ballivián y el Prefecto Manuel Guerra, con objetivo recoger suficiente material para crear el primer museo nacional en La Paz (además de objetos históricos o naturalistas representativos de todas las épocas). En esta ocasión, se excavaron nuevas secciones de edificios y se descubrieron ejemplos de esculturas monolíticas en el sitio patrimonial.
10 Pero se necesitó esperar las primeras excavaciones extensivas realizadas en 1903 por la misión francesa dirigida por G. de Créqui-Montfort y E. Sénéchal de la Grange, y la introducción de las primeras leyes patrimoniales de Bolivia, para ver el sitio y sus restos beneficiar de los adecuados estudios arqueológicos. Inicialmente bajo la atenta vigilancia de Arturo Posnansky, las excavaciones llevadas a cabo por Wendell C. Bennett en 1932 no sólo descubrieron la estatua monolítica más grande conocida hasta la fecha para Tiwanaku y toda Suramérica, sino que también asentaron las bases para la primera cronología relativa de la ocupación del sitio, basada en material cerámico descubierto en los contextos estratigráficos dividiendo la ocupación de Tiwanaku en tres períodos (Bennett W., 1934). Con un interés creciente, el gobierno boliviano encargó a Carlos Ponce Sanginés realizar un vasto programa nacional de investigación y puesta en valor del sitio y sus edificios monumentales a partir de 1957. Durante la década siguiente, Carlos Ponce Sanginés, junto a Julia Elena Fortún y Gregorio Cordero Miranda, marcó un hito en la arqueología boliviana al liderar las primeras intervenciones sistemáticas en la pirámide de Akapana y la restauración del templo de Kalasasaya. Estas investigaciones permitieron no solo una nueva secuencia más precisa del sitio en cinco periodos (desde su fundación hasta su decadencia y abandono), sino también el fortalecimiento de instituciones como el Instituto Nacional de Arqueología de Bolivia (INAR) y el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Tiwanaku (CIAT).
11 La inversión política y científica durante este período fue la “edad de oro” de la arqueología boliviana en Tiwanaku, estas grandes actividades arqueológicas condujeron a importantes avances en nuestro conocimiento del sitio, su funcionamiento, las diferentes áreas de producción y sus períodos de desarrollo (Ponce Sanginés C., 2001). En 1975, Waldo Avila Salinas utilizó material descubierto en Tiwanaku para realizar los primeros análisis de caracterización petrográfica y procedencia de la obsidiana para contextos prehispánicos en Suramérica. Este proceso continuó en la década de 1990 con el programa dirigido por Alan L. Kolata sobre la estructura de la pirámide Akapana (que condujo al descubrimiento de la escalinata de acceso con una escultura de chachapuma de basalto negro en su base) y a mayor escala como parte del proyecto Wila Jawira, que llevó a la identificación de numerosos sitios de ocupación antigua en el valle (Kolata A. L., 2003).
12 A lo largo del siglo XX, las numerosas actividades llevadas a cabo en el sitio de Tiwanaku demostraron cada vez más la importancia de su patrimonio, no sólo para Bolivia, sino para el mundo andino en su conjunto. Según Janusek (2001), Tiwanaku fue el epicentro de una cultura compleja, con claras categorías sociales y una división del trabajo que favoreció la conformidad con las ideologías, tecnologías y estilos promovidos por el poder local. Los gobernantes de Tiwanaku impulsaron, consolidaron y expandieron el desarrollo del sitio y su influencia a larga distancia, con la elaboración de un verdadero urbanismo que se complementaba en gran parte de los asentamientos periféricos, fusionando lo doméstico, lo ritual y lo económico. Tiwanaku fue así el resultado directo de una acumulación de poder, influencia y avances tecnológicos, lo que culminó en la creación de su imponente centro monumental.
13 Durante estas temporadas de excavación, se exhumó un volumen muy importante de material arqueológico, testimonio de la intensiva ocupación y del papel central de esta ciudad, percibida hoy como la capital de un verdadero Estado que se extendía hasta la costa chilena del Pacífico. Paradójicamente, a pesar de que Tiwanaku recibió un reconocimiento mundial al ser inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, el sitio sigue sufriendo importantes deterioros y pérdidas de información en las zonas situadas fuera del perímetro protegido (Cuynet F., 2020). A los daños causados por la actividad humana en el sitio, se suma ahora el creciente impacto del cambio climático que afecta la preservación de los vestigios expuestos a las condiciones medioambientales.
Aportes y perspectivas de la arqueología actual en Tiwanaku
14 Con el desarrollo de las nuevas tecnologías (IdeAs n°24, 2024), la arqueología en Tiwanaku se está enriqueciendo con prácticas complementarias a la excavación estratigráfica que proporcionan más datos, permitiendo una aproximación más precisa y accesible al estudio del sitio, su historia y sus vestigios. Tanto los registros fotogramétricos como el análisis posible de los vestigios mediante tecnología laser aumentan el marco de la investigación arqueológica. Para ello, la transferencia de tecnología a los expertos bolivianos es esencial, pero requiere la aplicación de una política estatal de desarrollo de capacidades que implique importantes inversiones y la formación de especialistas. En la actualidad, el sitio patrimonial de Tiwanaku y el Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y Administración de Tiwanaku (CIAAAT) tienen una autonomía total en la elaboración del plan de manejo así como en la realización de actividades de conservación. Debido a su estado especial nombrado por el Decreto Supremo N° 1004, el CIAAAT no recibe presupuesto del Estado porque tiene la facultad de reinvertir directamente los beneficios realizados mediante las entradas al sitio en acciones a favor del mantenimiento del sitio. El elevado coste de las nuevas herramientas y la necesidad de formar al personal técnico en su uso son sólo algunas de las dificultades que deben superarse para que Tiwanaku integre plenamente las prácticas de la nueva arqueología.
15 La digitalización también facilita la recontextualización de los artefactos arqueológicos, especialmente aquellos sin una catalogación rigurosa o cuyos datos estratigráficos se han perdido con el tiempo. Gracias a las nuevas herramientas, los investigadores pueden obtener informaciones inéditas sobre los artefactos, revelando detalles sobre sus funciones y significados dentro de la sociedad Tiwanaku. Estas nuevas perspectivas ayudan a superar las limitaciones de las primeras investigaciones en el sitio, aportando datos nuevos que enriquecen la comprensión de la cultura que habitó Tiwanaku.
16 Otro de los principales beneficios de la digitalización es la posibilidad de preservar y estudiar los monumentos sin intervenirlos o causarles daño físico. En los últimos años se han desarrollado varios proyectos en Tiwanaku, especialmente en respecto a los edificios que aún se conservan. A través de modelos 3D obtenidos para la estructura del Puma Punku (Vranich A., 2018), la reconstrucción virtual de la pirámide de Akapana (Mamani Roque R. S., 2021), y los levantamientos láser realizados a partir de 2018 por la Mission Archéologique Pucara-Tiahuanaco (MEAE/CeRAP/Plemo3D/Sorbonne-Université) en el patio del Templete semi-subterráneo y de los principales monolitos de Tiwanaku, es ahora posible recrear el aspecto original de las estructuras a través de una restauración digital. Permitiendo a los arqueólogos y al público acceder a representaciones sujetas al rigor científico, la restauración digital conserva el aspecto de los monumentos al momento, pero al mismo tiempo permite recuperar detalles ornamentales que han sido erosionados por el paso del tiempo.
17 Con la creciente práctica del open access en la investigación científica, pronto será posible compartir las bases de datos de Tiwanaku con la red de investigadores en todo el mundo. De este modo, la nueva arqueología de Tiwanaku ofrecerá acceso a su patrimonio digital a cientos de investigadores, que trabajarán simultáneamente en aspectos complementarios y aportarán una mejor comprensión del sitio y de la sociedad que lo fundó. En esta nueva dinámica, y tras dos siglos de descubrimientos, las actividades in situ ya no serán más indispensables para permitir la continuación de las investigaciones en laboratorio. De tal manera, los datos del campo llegaran directamente a la red arqueológica internacional.
Bibliografía
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Bennett, Wendell C., Excavations at Tiahuanaco, New-York, Anthropological Papers of the American Museum of Natural History, vol. ###IV, part. III, 1934.
Cieza de León, Pedro, La crónica del Perú. El Señorío de los Incas, Caracas, Biblioteca Ayacucho, Colección Clásica, 2005 [1553].
Cobo, Bernabé, Historia del Nuevo Mundo, Séville, Imp. de E. Rasco, tomo IV, 1893 [1653].
Cuynet, François, “Malgré leur classement à l'Unesco, des ruines pré-incas en péril de destruction”, The Conversation, 23 février 2020,
IdeAs, L’archéologie dans les Amériques aujourd’hui, n°24, octobre 2024.
Janusek, John W., “Diversidad residencial y el surgimiento de la complejidad en Tiwanaku”, Boletín de Arqueología PUCP, n° 5, 2001, p. 251-294.
DOI :
Kolata, Alan L., Tiwanaku and Its Hinterland: Archaeology and Paleoecology of an Andean Civilization Volume 2: Urban and Rural Archaeology, Washington, Smithsonian Books, 2003.
Mamani Roque, Ruben S., Reconstrucción virtual de la pirámide de Akapana – Tiwanaku Bolivia, Master en Patrimonio Virtual, Universidad de Alicante, Facultad de Filosofía y Letras, 2021.
Ponce Sanginés, Carlos, Tiwanaku y su fascinante desarrollo cultural: Ensayo y síntesis arqueológica, tomos I a IV, La Paz, Universidad Americana- Producciones CIMA, 2001.
Villanueva Criales, Juan, “Villamil y Ballivián. La primera narrativa arqueológica boliviana (1872) en perspectiva”, Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, vol. 45, n° 91, 2022, p. 89-113.
Vranich, Alexei, “Reconstructing ancient architecture at Tiwanaku, Bolivia: the potential and promise of 3D printing”, Heritage Science, n° 6, artículo n° 65, diciembre de 2018.
Figura 1. Vista panorámica del valle de Tiwanaku.
Crédito: F. Cuynet (MAP-T 2021.
Figura 2. La esquina noreste restaurada de la pirámide Akapana.
Crédito: F. Cuynet (MAP-T 2022).
Figura 3. Las ruinas del Puma Punku.
Crédito: R. Mamani Roque (2024)
Figura 4. El Monolito Ponce en la plataforma del Kalasasaya.
Crédito: R. Mamani Roque (2024).
Figura 5. Reconstrucción virtual de la pirámide de Akapana
Crédito: R. Mamani Roque (2024).
Figura 6. Proceso de modelización del arquitrabe de Kantatayita
Crédito: F. Cuynet (MAP-T 2023/Plemo3D/CIAAAT).