25/04/2019
Un poco de Historia.
SANTA CRUZ
Encomenderos.
Los principales encomenderos de Colchagua fueron Inés de Suárez y su marido Rodrigo de Quiroga, que tuvieron los pueblos de Apoquindo, Melipilla, Teno, Rauco, Colchagua, Alhué y Peumo. El matrimonio dio pruebas de gran bondad con los indios,
preocupándose de que no les faltaran vestidos, ni alimentos, ni viviendas y que su trabajo fuera cómodo y liviano. Doña Inés fundó capillas en todas sus encomiendas. En el Tambo de Colchagua estuvo la primera parroquia de Colchagua, que después pasó al pueblo de Santa Cruz. En la de Alhué se conservó hasta fines del silo XVIII un cuadro votivo en que aparecía doña Inés de rodillas ante la Virgen. (1)
Inés de Suárez y su esposo Rodrigo de Quiroga viajaban hacia sus encomiendas en Colchagua, tomando el camino a Melipilla, alojaban en su hacienda en Codigua, situada algo al sur de Melipilla, en el costado sur del río Maipo. La segunda etapa era Alhué, donde también tenían que alojar, y desde ahí se dirigían, cruzando por Pichidegua, hacia Lihueimo, vecino a un pueblito de indios llamado Colchagua, muy próximo a la actual ciudad de Santa Cruz.
Nace el pueblo.
Los españoles no podían vivir en los pueblos de sus indios encomendados, por eso solicitaban mercedes de tierras cercanas a sus encomiendas para poder tener control sobre el trabajo de sus indios.
Los que fueron propietarios de Lihueimo y de Colchagua después de doña Inés y de don Rodrigo, comenzaron a levantar sus casas en una pequeña aldea que se fue formando alrededor de una iglesia que ya en 1710 figuraba en la nómina del Ilustrísimo señor Romero, y que era conocida como Santa Cruz de Unco, y que más tarde se llamaría Santa Cruz de Colchagua a partir de 1826. Unco significa en lengua indígena: Amparo.
Un documento de 1641, firmado por el capitán Martín Ruiz de Gamboa, afirma que la hacienda de Santa Cruz pertenecía a don Francisco Donoso Pajuelo. Más tarde, en 1683, la propiedad pasa a ser de don Francisco Javier Gutiérrez, a cuya familia pertenecía la famosa Virgen del Carmen que hoy se encuentra en el Templo de Maipú. Años después, el dueño es un caballero andaluz, don José Medina, bisabuelo de don José Toribio Medina.
Santa Cruz estaba dividida en varias estancias: Chomedahue, Barreales, Paniahue, La Patagua, y Santa Cruz de Unco.
Chomedahue pertenecía a don José Ramírez, y pasó por herencia a su mujer María Josefa de Castro, y a sus hijos Nicolás, Agustín y Malermo.
Barreales, en 1771, pertenecía a don Diego Bustamante y fue heredada por doña Ana Barahona.
Paniahue, entre 1669 y 1697, aparece como propiedad de don Lorenzo Paniagua y vendida después a doña Margarita Ladrón de Guevara y más adelante a don Manuel Ravanal.
La Patagua, en 1603, figura como propiedad de don Juan Bautista Valenzuela, quien la recibió como donación de doña Damiana Márquez de Estrada, y después pasó a dominio de Miguel de Valenzuela.
Allí se fueron juntando diversos terratenientes vecinos. Diez familias fueron las primeras que se instalaron en este pequeño poblado: Marín, Guevara, Vargas, Briones, Silva, Arratia, Polloni, Ravanal, Mardones y Medina. (2)
Estos ricos señores cumplían con la vieja tradición de los hidalgos castellanos: tener solar en el pueblo y estancia en los alrededores.
En 1787 un grupo de estancieros pidió al gobernador que se establecieran algunos curatos entre el partido de Colchagua y el de Maule. La respuesta de la autoridad llegó en 1793, creando el partido de Curicó, y adjudicándole extensas zonas que pertenecían a Colchagua, entre ellas, el poblado de Santa Cruz. Pero la conversión de la iglesia en parroquia tuvo innegables avances religiosos y administrativos. La parroquia, en la mentalidad española, significaba moralidad, legitimización del matrimonio y el bautizo de los recién nacidos. El párroco era una autoridad innegable. Su mediación en las disputas, la dirección de las conciencias, y su actividad, en las funciones temporales del gobierno civil, aunque no tuviera el poder laico. Pero la gente lo respetaba y servía, muchas veces, como ministro de fe y hasta de escribano.
Los primeros vecinos, gente de mucho capital, construyeron sus casas en un cuarto de manzana, como normalmente se hacía en las ciudades fundadas por españoles. Las levantaron al estilo que ellos conocían: muy semejantes a sus casas de campo, aunque más reducidas en espacio. Según su costumbre, se componían de tres patios rectangulares, con amplios corredores en su contorno interior, y otro hacia la calle, dando la hermosa impresión de que en conjunto formaban portales por los que la gente podía caminar protegida del calor en verano y de la lluvia en invierno. Este estilo, muy colchagüino por lo demás, se extendió luego hacia el sur, y hay pueblos como Yerbas Buenas, donde todavía hoy se mantienen esos portales coloniales.
El primer patio estaba dedicado a la labor del dueño de la casa. Allí había piezas para oficina, para bodega de productos en venta, otra para guardar los aperos de los caballos, mulas y hasta algunos coches. Normalmente estaba empedrado con piedra huevillo redonda de río, y algunas, los más nobles, tenían cuadrados con sus escudos de armas hechos con “tabas”, pequeños huesos de cordero. A la casa se accedía por una ancha puerta que daba paso a un corredor cuyo largo era el ancho de las piezas de la calle. El conjunto tomaba el nombre de zaguán, en cuyo borde estaba la habitación del portero, más un asiento de piedra, para hacer esperar allí a los visitantes poco deseados. Al término del zaguán había una reja baja, hermosamente labrada, llamada cancela, que permitía ver el interior.
Finalizaba este primer patio con una corrida de piezas que lo separaba del segundo patio, y que servían de sala y antesala. La primera era el salón que sólo se abría para recibir allí a los invitados. La segunda era la habitación donde se reunía la familia. Hacia adentro continuaba el segundo patio, donde se distribuían los numerosos dormitorios y el tercer patio estaba destinado a la servidumbre, gallinero, panadería, lavado de ropa y otras faenas caseras.
En ese segundo patio la reina era la esposa. Estaba lleno de flores de gran fragancia, enredaderas, árboles de sombra y de fruta.
*fuente: http://melisa-recorridoporlasextaregion.blogspot.com/2013/06/historia-de-colchagua.html?m=1