14/04/2026
Hay momentos que el alma no olvida.
Mesopotamia se quedó en mí desde que era estudiante. Sin darme cuenta se instaló como un deseo silencioso — sin fecha, sin plan — solo una inquietud que con el tiempo encontraría su camino.
Hoy se cumplen exactamente 3 años del día en que por fin pisé esa tierra.
Llegué guiada por algo que no podía ignorar — el descubrimiento de Göbekli Tepe, los templos rituales más antiguos encontrados en el mundo. Era temprano en la mañana cuando mi guía me recogió en el aeropuerto de Urfa. Sin perder tiempo me llevó directo ahí.
En el camino me fue contando algo que no esperaba. Su abuelo había descubierto la primera estatua mientras araba su propia tierra — la misma que llevó al descubrimiento del sitio arqueológico que existe hoy. Él ha vivido toda su vida en torno a ese lugar, ayudando en las excavaciones, siendo testigo de todo. Lo que yo conocía solo de artículos, él lo había vivido de primera fuente. Fué maravilloso escucharlo.
Subimos caminando hasta el sitio. A mitad del camino se detuvo. Me pidió que me sentara en una roca, que extendiera los brazos — y me dijo: mira frente a ti y grita: ¡MESOPOTAMIA!
Y me sacó esta foto.
Sin saber nada de mí. Sin saber que esa palabra llevaba décadas esperando en algún lugar adentro mío. Nada de que siendo estudiante había quedado fascinada con esta tierra — con los dos ríos enormes que le dan nombre, con todo lo que la humanidad construyó entre ellos.
Él simplemente lo sabía — porque esta tierra entre el Tigris y el Éufrates también está impregnada en su alma.
Cuando uno escucha un llamado y lo sigue, el camino ya está preparado, trazado mucho antes de que decidieras recorrerlo.
Eso es la Ruta AmarAsia.
¿Hay algún nombre que lleva tiempo dando vueltas en tu cabeza, en tu corazón — un lugar que sientes que te llama? Cuéntame. Tal vez pueda ayudarte a llegar ahí. 🤍