18/01/2026
Las zarigüeyas viven poco, pero sostienen el equilibrio del ecosistema.
Las zarigüeyas tienen una de las esperanzas de vida más cortas entre los mamíferos silvestres. En libertad suelen vivir entre uno y cuatro años, muchas veces menos por depredadores, atropellos y la cercanía con los humanos. Aun así, en ese corto tiempo cumplen una función ecológica clave que suele pasar desapercibida.
Son animales nocturnos y oportunistas. En su dieta incluye insectos, roedores, restos orgánicos y, en ocasiones, pequeñas serpientes. Al hacerlo, ayudan a controlar plagas que afectan tanto a los ecosistemas como a las zonas habitadas por personas.
También actúan como limpiadoras naturales. Al consumir carroña y desechos en descomposición, reducen focos de contaminación y ayudan a mantener el entorno más estable. Su presencia es una forma silenciosa de equilibrio ambiental.
Contrario a la creencia popular, no son agresivas ni peligrosas. Rara vez muerden, evitan el contacto y casi nunca transmiten rabia, ya que su baja temperatura corporal dificulta la supervivencia del virus. Su aspecto puede intimidar, pero su comportamiento es inofensivo.
Eliminar zarigüeyas por miedo o desinformación tiene consecuencias inmediatas. Su corta vida hace que cada pérdida pese más en la población local. Respetarlas no es solo un acto de empatía, es una decisión inteligente para cuidar los ecosistemas que compartimos.
📚 Fuente:
National Wildlife Federation, Opossums and their ecological role.