07/07/2026
¿HASTA CUÁNDO SEGUIREMOS SOPORTANDO A AFINIA?
Por: José Miguel Badillo Gómez
En días pasados leí en las redes sociales la publicación de un ciudadano que, con valentía, decidió denunciar los abusos que viene cometiendo la empresa Afinia mediante la deficiente prestación del servicio de energía eléctrica en Mompox. Lo que parecía ser una simple denuncia terminó convirtiéndose en el reflejo del sentimiento de impotencia que embarga a toda una comunidad.
La publicación despertó la indignación de numerosos usuarios, hasta el punto de que algunos plantearon la posibilidad de acudir a las vías de hecho, bloqueando los accesos al municipio como mecanismo de protesta. Fue entonces cuando apareció un video del señor alcalde, quien, hablando desde su condición de usuario, reconoció que él también es víctima de los constantes apagones, bajones y oscilaciones del servicio que Afinia nos impone día tras día.
La pregunta es inevitable: ¿habría hecho ese pronunciamiento si aquel ciudadano no hubiese alzado primero la voz? Todo parece indicar que no. Y ese silencio previo dice mucho sobre la indiferencia institucional con la que se ha asumido un problema que afecta por igual a hogares, comerciantes, estudiantes, adultos mayores y pequeños empresarios.
Lo más preocupante no es únicamente el pésimo servicio que recibimos. Lo verdaderamente alarmante es la resignación con la que hemos aprendido a convivir con él. Da la impresión de que cada ciudadano debe defenderse como pueda, porque quienes tienen la obligación legal y moral de proteger nuestros derechos permanecen en silencio. La Personería no se pronuncia. El Concejo Municipal tampoco. Mientras tanto, Afinia continúa prestando un servicio inestable, sin que nadie parezca exigirle explicaciones ni resultados.
Las noches en Mompox se han convertido en una verdadera lotería. Los apagones y las fluctuaciones del fluido eléctrico son ya parte de nuestra rutina. En mi caso particular, esas fallas terminaron quemando una nevera. Sé que no soy el único. Muchas familias han visto dañados sus ventiladores, televisores, aires acondicionados y demás electrodomésticos, adquiridos con enormes sacrificios económicos. Cada bajón representa una amenaza para el patrimonio de los hogares, especialmente para aquellos de menores recursos, que difícilmente podrán reemplazar lo que pierdan.
Y, sin embargo, seguimos esperando que alguien haga algo.
Durante años, Afinia ha justificado las constantes suspensiones del servicio con el argumento de realizar mantenimientos e inversiones. Pero la realidad es tozuda: lejos de mejorar, el servicio parece deteriorarse cada día más. Los usuarios cumplen puntualmente con el pago de sus facturas; la empresa, en cambio, parece incumplir sistemáticamente con su obligación de garantizar un servicio continuo y de calidad.
Por eso creo que ha llegado el momento de dejar de quejarnos de manera aislada y comenzar a actuar como comunidad. La inconformidad expresada por aquel ciudadano no debe quedarse en una publicación de redes sociales ni en una cadena interminable de comentarios. Debe convertirse en el punto de partida para una verdadera organización ciudadana que permita defender nuestros derechos con firmeza, dentro del marco de la ley y mediante mecanismos pacíficos de participación y protesta.
Mi llamado respetuoso es al señor alcalde para que lidere este proceso desde la autoridad que el pueblo le confirió. No basta con reconocer que también es víctima del problema; es necesario asumir el liderazgo institucional que la situación exige. Es urgente convocar una mesa de trabajo con los directivos de Afinia, los organismos de control, la Personería, el Concejo Municipal, los líderes comunitarios y los usuarios, con el propósito de establecer compromisos concretos y plazos verificables para mejorar la prestación del servicio.
Pero si, una vez más, las respuestas se reducen a promesas incumplidas y a explicaciones repetidas, será la ciudadanía organizada la que deba decidir las acciones legítimas que considere necesarias para exigir el respeto de sus derechos, tal como lo han hecho otras comunidades del país cuando han visto agotadas las vías del diálogo.
La historia demuestra que los pueblos solo consiguen transformaciones cuando dejan de resignarse. La paciencia de los mompoxinos no puede seguir siendo interpretada como debilidad. El respeto se gana cumpliendo con las obligaciones, y Afinia hace mucho tiempo está en deuda con Mompox.
Ha llegado la hora de pasar de la queja a la acción, de la resignación a la participación y del silencio a una voz colectiva capaz de exigir un servicio digno. Porque la energía eléctrica no es un favor que nos hace una empresa: es un servicio público esencial por el que todos pagamos y que todos tenemos derecho a recibir con calidad, continuidad y eficiencia.
"Los pueblos no cambian cuando aprenden a soportar las injusticias; cambian cuando deciden unirse para defender sus derechos. Mompox merece un servicio de energía digno, porque la dignidad de una comunidad también se mide por el respeto que recibe de quienes tienen la obligación de servirla."
Mompox Julio 7 de 2026
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