17/06/2026
Al verlo tirado en el piso pensamos que era un borracho en su máxima expresión etílica...después, mirando mejor, creímos que era un drogadicto reposando su proceso alucinógeno después de una larga noche. Pero no, al acercarnos mas nos dimos cuenta de que se trataba de una de las esculturas ubicadas en la plaza de Puerto Colombia, creada para rendir homenaje a los emigrantes provenientes de distintas partes del mundo que llegaron a estas tierras y ayudaron a construir nuestra historia.
Lamentablemente, corroboramos que una de ellas fue agredida. No sabemos quién lo hizo ni con qué propósito. Lo que sí sabemos es que, quizá sin dimensionarlo, atentó contra algo mucho más grande que una pieza de cemento, bronce o piedra: se agredió un símbolo de nuestra memoria colectiva, una obra de arte público que pertenece a todos.
El arte en los espacios públicos no es un adorno. Es identidad, historia y cultura. Cada escultura, cada mural, cada edificio patrimonial nos habla de quiénes somos y de lo que aspiramos a ser como sociedad.
Por eso debemos cuidar nuestro municipio y todo lo que hay en él: sus obras, su arquitectura, sus parques y sus espacios de encuentro. Pero, sobre todo, debemos trabajar en la formación de ciudadanos respetuosos de su entorno.
Los valores no se improvisan en la adultez; se cultivan desde la infancia. Es allí donde aprendemos a respetar lo ajeno, a valorar la cultura, a proteger el patrimonio y a entender que vivir en comunidad implica cuidar aquello que es de todos.
Si queremos adultos que amen a Puerto Colombia, debemos desde la labor cultural en las escuelas y espacios culturales, educar a los niños y niñas para que crezcan admirando su historia, respetando sus espacios y sintiéndose orgullosos de su tierra.
Porque quien aprende a amar su entorno desde pequeño, difícilmente lo destruirá cuando sea grande.