09/11/2020
“La historia del nacimiento del Parque Nacional Manuel Antonio”
por Oscar Monge Maykall.
Manuel Antonio, el santuario que originalmente baldío era en sus inicios el refugio de los altos empleados de la Compañía Bananera de Costa Rica.
Pasó luego a posesión de un emigrante del sector de Hatillo de Aguirre : Alcibíades Zúñiga, quien, cansado de las lides del campo, decidió un día buscar nuevos horizontes en las extensas tierras baldías de la costa pacífica.
Se embarcó junto a su familia y después de remar varias horas divisó la hermosura de aquel lugar y sin pensarlo dos veces desembarcó, tomó posesión y denunció ante el ITCO, una parcela de setenta y ocho hectáreas que abarcaba lo más hermoso del sitio.
Pero don Alcibíades no impedía a los vecinos –que desconocían que aquello tenía dueño- ingresar a aquellos parajes a recrearse.
Después de hacer la correspondiente denuncia ante el Instituto de Tierras y Colonización y de permanecer algunos años en ella, la vendió a un extranjero llamado Noel Thomas Langhan quien a su vez vendió el espacio comprendido entre la segunda y tercera playas a un francés -conocido suyo- de nombre Arthur Aime Bergeron quien decidió edificar allí su morada.
Este, como no quería injerencia de los nacionales o de gente extraña, mandó poner un portón que se ubicaba exactamente en el sitio por donde se ingresaba a la segunda playa y asignó un guarda para su custodia, pues pensó que aquel pequeño paraíso debía ser sólo para él.
Al poco tiempo una singular morada se levantaba en las proximidades de la tercera playa.
Pero… ¿cómo llegó a ser parque nacional?
Así se gesta la historia :
Un último domingo de invierno, un grupo de jóvenes pretendió –como lo hacía siempre- ingresar a la hermosa tercera playa, (lugar al que normalmente se desplazaban las familias del cantón que los domingos y días feriados buscando paliar el cansancio de una larga semana de trabajo) pero vieron truncadas sus ansias de nadar en las tibias aguas de aquella parte, porque uno de los guardas del sitio, les indicó que no podían pasar ya que aquello era propiedad privada.
Desilusionados y extranados se devolvieron y no cesaban de comentar lo ocurrido.
Los nacionales, privados por primera vez del lugar que durante tanto tiempo había sido testigo de sus juegos de jóvenes, de tantos y tantos noviazgos, de cantidad de declaraciones de amor y del nacimiento de muchas amistades, se resintieron.
A finales de noviembre de 1971, una mañana de fin de semana previa planificación, Oscar Eusebio Ortiz Sequeira decidió ir al sitio con el pretexto de tomar un baño en la playa con dos de sus trabajadores, Alfredo Delgado Cabezas y Alfredo Viales López y varios amigos : Luis Alberto Bolaños Gutiérrez, Héctor Madrigal Aguilar, Edwin Araya Espinoza y Benjamín Rojas.
El grupo sabía a lo que iba.
Para fortuna de todos, el guarda no estaba en el sitio y, ni lerdos ni perezosos, la emprendieron a mazazos contra el portón hasta derribarlo en cuestión de minutos.
Al día siguiente el extranjero se enteró de lo sucedido; mandó colocar nuevamente la estructura y, para evitar malos entendidos, trajo un par de enormes perros para dar mayor seguridad a su propiedad.
Este segundo portón fue arrancado noches después por Víctor Mao Mora Black con el jeep Willis de sus padres.
Lo hizo en compañía de sus hermanas, Táchira y Katya, otros jóvenes de la localidad entre los que estaban Oralia Monge Maykall y Hernán Ramírez, el poeta.
Pasaron los días, portones caían, portones se colocaban.
No puedo precisar aquí la cantidad de portones que colocó el señor Bergeron.
Lo que sí puedo decir es que todos cuantos puso, fueron derribados. Finalmente Oscar Eusebio y el grupo antes apuntado hicieron una nueva incursión al lugar, decididos a terminar con el problema de una vez por todas. Esta vez el objetivo no era el portón de la entrada sino también las columnas de concreto que lo sostenían y la casa. Con herramientas de construcción, -mazos, picos y barras- pusieron manos a la obra y en cuestión de minutos el portón y las columnas que lo sostenían, fueron derribados.
Siguieron con la casa. “Caramelo” como apodaban a uno de ellos, tomó el mazo por su cuenta, los otros, las barras y los picos y casi dos horas después concluyó la labor: la casa fue demolida. Al día siguiente estalló el escándalo.
El extranjero para esclarecer lo ocurrido en su propiedad y sentar las responsabilidades del caso, contrató a dos investigadores privados quienes no tardaron mucho en descubrir la verdad. Conocidos los responsables, fijó el monto : veintisiete mil colones, suma que fue pagada por don Víctor Mora Calderón –padre de Víctor Mao-, Eusebio Ortiz Róger y Luis Alberto Bolaños Gutiérrez.
Pero los portones y la casa más importante que se derribaron fueron los de la apatía del gobierno y de los legisladores, porque éstos, al enterarse de lo que estaba sucediendo se apersonaron un par de veces al lugar para saber más del asunto.
El segundo domingo de Febrero de 1972, preocupados por la situación, los jóvenes se reunieron con Eliécer Solís Urena y Benjamín Rojas en el Hotel Viña del Mar, en Boca Vieja.
Discutieron lo que venía ocurriendo y de esa reunión salió la determinación de sacar a aquellos extranjeros y reclamar el derecho de todos los quepeños de asistir a sus playas favoritas : Las Playas de Manuel Antonio.
Pedro Gaspar Zúñiga, diputado de la zona en aquella época hizo una visita al lugar acompañado de los legisladores Marcial Aguiluz y Pina Aiza y cuando quisieron entrevistarse con el extranjero, no fueron atendidos por aquel. Se devolvieron a Quepos, almorzaron en el Hotel y Restaurante Quepos (de don Eusebio Ortiz R.) donde el mismo propietario les amplió la información que ya tenían al respecto. Sumándose a la posición del pueblo, redactaron el decreto que haría de Manuel Antonio un parque nacional, propiedad de todos los habitantes del planeta.
Si bien “La historia de los cinco” es verdadera, también es cierto, como dice Víctor Mao Mora Black, que “el Parque Nacional Manuel Antonio es la suma del trabajo de mucha gente”.
Esta es la verdadera historia del por qué del Parque Nacional Manuel Antonio.
El pueblo Quepos, nuestra Costa Rica y el mundo entero, deben a aquellos valerosos muchachos y a Benjamín Rojas Vargas, Víctor Mora Calderón, Eusebio Ortiz Roger y Eliécer Solís Ureña la preciosa reserva que tienen hoy y que gracias a ella, centenares de familias ganan su sustento con la actividad turística que genera.
El padre intelectual del parque nacional Manuel Antonio es Pedro Gaspar Zúñiga, pues como diputado, redactó el decreto que le dio existencia.
Los niños de las escuelas y los jóvenes de los colegios del cantón de Aguirre deben conocer esta historia.