13/03/2021
Historia de la lavanderas (Parte 1)
Las lavanderas, generalmente procedentes de los sectores más bajos de la clase obrera, no solo se adhirieron al grupo de mujeres que ingresaron al mundo del trabajo remunerado, sino que también fueron percibidas como una colectividad que simbolizaba la relación entre el agua, el lavado y la feminidad. En ocasiones, esta relación entre el medio ambiente, el trabajo y la identidad de género fomentó la creación de escenarios liberadores en los que las lavanderas pudieron conversar, reír, cantar y fumar ci*******os juntas, afianzando vínculos de solidaridad y compañerismo que hasta cierto punto permitieron aliviar las penurias y sacrificios que enfrentaban en su vida diaria. Las lavanderas y sus condiciones de trabajo inspiraron expresiones artísticas que incluyeron la pintura, la fotografía, la música y la literatura.
Nota de época:
A la orilla de ríos y riachuelos se las ve hincadas sufriendo las inclemencias del tiempo durante largas horas golpeando la ropa contra una piedra abrupta, padeciendo el frío de la humedad en manos y brazos, en contacto los miembros inferiores con el suelo, de suyo humedecido. Un notable higienista anota que las manos de las lavadoras tienen un aspecto característico: deformadas, hinchadas y rojas; la epidermis macerada por el frío del agua y por las lejías alcalinas o por el jabón, se caracteriza por arrugas mientras está húmeda y al secarse se torna dura, apergaminada, y frecuentemente se erosiona y agrieta. De ordinario los dedos presentan una verdadera retracción, y tanto la mano como la cara cubital del antebrazo es campo propicio al desarrollo de callosidades.
Las dos mujeres que ocupan los dos primeros sitios del lavadero, en una y otra orilla del río, hacen uso de aguas limpias, lo que no ocurre en los puestos sucesivos, ya que los detritus de las ropas sucias van aumentando la contaminación de las aguas; de manera que la persona que lava en segundo término lo hace con las aguas limpias que usa la primera, con lo cual sucede que al llegar al lavadero décimo quinto o vigésimo, por ejemplo, ya las aguas son completamente inaceptables, pues están indudablemente contaminadas, sirviendo de medio de transmisión de variadas entidades patológicas contagiosas.
—Tiberio Rojas y Pedro M. Ibáñez. “Contribución al Estudio de la Higiene Pública de Bogotá.” Registro Municipal de Higiene, 20 Julio 1919, 14.