10/06/2026
La Misma Noche
Los cubanos que nacimos en los 80s dormíamos siendo niños, empapados del sudor en los 90s, con picadas y zumbido de mosquitos, y la tenue luz de un mechero construido con un tubo de pasta de dientes ya usado, como gran obra de reciclaje, y el tizne en la pared, cerca de la mesita de noche, del hollín que desprendía el queroseno, dando un poco de luz a todo el cuarto. Luego te volteabas y allí estaba ella: mamá, espantando los mosquitos y, con un pedazo de cartón, apenas podías leer la publicidad escrita: "La preferida de Cuba". Y ella, incansable, podía estar ahí toda la noche, batiendo el aire a mi favor y ahuyentando los mosquitos. Yo apenas desconocía los
"porqués" de vivir en la oscuridad; no sabía de la Guerra Fría, de la Unión Soviética, ni de la caída del campo socialista. Tampoco sabía que el líder de la Revolución cubana había decidido seguir con el mismo modelo económico que había fracasado y que trajo como consecuencia la caída de un tal llamado Muro de Berlín.
Hoy, a más de 20 años del siglo XXI, una mujer que nació en los 80s tiene más de 40 años, y su gran tristeza es verse en la misma posición que cuando era niña, simplemente que hoy ella es la mamá: esquivándole el calor y los mosquitos a sus hijos en una noche calurosa y oscura, con más de 22 horas sin electricidad, en un barrio cualquiera de La Habana. Pero con la única diferencia de que hoy ella ya conoce los
"porqués". Ella escuchó al mismo líder decir que
"revolución era cambiar todo lo que debía ser cambiado", pero su gran dolor —tragando una lágrima sin que sus hijos se den cuenta— es que en cuarenta años ni esa "revolución" ni su vida
HABÍAN CAMBIADO NADA.
Robin Cordoví, La Habana, 2026