13/09/2022
La Bahoruquita, mejor conocida cómo Larimar, es una piedra semipreciosa de tonos azulados producto de eventos volcánicos que solo existe en la Rep. Dom., razón por la que fue declarada nuestra piedra nacional mediante la Ley No. 296-11 de fecha 5 de octubre 2011. Constituye un símbolo nacional que contribuye a proyectar el turismo y nuestra marca país y al ser un símbolo patrio debería ser tratada con el mayor respeto y dignidad posible, posicionándola entre las joyas más valoradas del mercado nacional e internacional de manera que produzca la mayor riqueza posible para nuestro país.
La venta informal del larimar en las calles y playas coloca nuestra piedra nacional en un estado de desvalorización al venderse a precios muy deprimidos a causa de la competencia desleal que desnaturaliza su comercio en detrimento de su imagen y hace que el Estado Dominicano deje de percibir cientos de millones de pesos en impuestos por dichas ventas informales.
A nadie se le ocurre encontrar la esmeralda en las calles colombianas vendías al mejor postor, la piedra nacional de Colombia solo se le encuentra en las mejores joyerías del mundo, explotadas bajo la estricta supervisión y control del gobierno, una verdadera minería sostenible con rostro de responsabilidad social, un proyecto nación que ha posicionado a la esmeralda en lo mas alto de la joyería mundial y que hoy es orgullo nacional para los colombianos.
Nuestro Larimar es un recurso natural agotable y limitado, cuya explotación debe contribuir a mejorar la vida de los dominicanos que lo extraen y de aquellos que le impregnan valor agregado a través de la actividad artesanal y comercial. Esta belleza única y exclusiva de nuestro país tiene todos los atributos para ser un símbolo que nos identifique a nivel mundial por lo que hacemos un llamado a las autoridades para que implementen políticas públicas pendientes a difundir su conocimiento y a promover su explotación con responsabilidad social y a ser tratada con la mayor dignidad y respeto, colocándole en lo más alto de la conciencia de nuestro pueblo y la admiración del turista que ve en nuestra piedra nacional el recuerdo de las azules aguas de nuestras playas.