12/07/2026
Acabo de conocer el Pacífico de Colombia gracias a un proyecto llamado CASA ORIGEN . Al principio me dijeron que querían mostrarme un lugar del que seguramente me iba a enamorar, pero regreso con la sensación de haberme enamorado de algo completamente distinto: de las personas que lo hacen posible.
Sus sonrisas, sus historias, sus sueños y hasta cada comida compartida hicieron que, por un momento, volviera a mi centro, a mi propio origen. Hay personas que tienen esa capacidad de hacerte sentir parte de su hogar sin conocerte desde hace años, y ustedes fueron una de ellas.
Tal vez siempre seguiré siendo un observador. De esos que no siempre saben expresar lo que sienten con abrazos o con palabras, pero que encuentran la felicidad celebrando un partido en un país que no es el suyo, contemplando el poder de las ballenas, la energía de los delfines o sonriendo cuando un pez volador decide aparecer, como si el mar también quisiera quedarse en el recuerdo.
Me voy con la certeza de que la grandeza de un lugar no siempre está en su tamaño, sino en la humanidad de quienes lo habitan. Gracias por abrirme las puertas de su casa, por compartir conmigo un pedacito de su vida y por recordarme que todavía existen lugares donde la esperanza se vive con una sencillez inmensa.
Nos volveremos a encontrar.