27/02/2026
No perdimos la guerra.
Perdimos una votación.
Se aprobó una ley que no compartimos y que cuestionamos profundamente. No lo negamos. Nos duele. Nos preocupa. Nos indigna.
Pero la historia no termina en una sesión del Pleno.
Las leyes pueden aprobarse en horas; las consecuencias se miden en años.
Y la conciencia no se vota.
Si hoy el poder institucional avanzó, mañana nos corresponde fortalecer organización, vigilancia jurídica, formación política y articulación territorial.
No somos minoría moral por perder una votación.
Somos responsabilidad histórica si dejamos de actuar.
La lucha por el territorio no depende de una sola herramienta. Se defiende en la Asamblea, en la Corte, en la comunidad, en la palabra y en la organización.
Que nadie nos empuje a la desesperanza. Eso sería entregar la partida.
Seguimos.