24/01/2021
La cesta de los huevos
En el debate sobre el despropósito cometido contra el Pirineo en los últimos dos meses, que intencionadamente también se ha polarizado para que sólo existan los extremos economía o salud, he escuchado y leído esa frase de que “no hay que poner todos los huevos en la misma cesta”. Todos comprendemos su significado perfectamente, pero añádanle ahora un tono condescendiente, pónganla en boca de quien cobra un sueldo fijo estatal todos los meses y diríjanla hacia quienes han visto cómo les vuelcan la cesta para romperles los huevos y comprenderán por qué en los valles del Pirineo estamos tan cabreados. La sentencia invernal de prohibir que suban los amantes de la naturaleza y el aire libre que dan vida a estos lugares —cuando en verano, estando Aragón plagado de contagios, sí pudieron hacerlo— fue una mala e imperdonable decisión política tomada por personas normales y corrientes a quienes no les importó destrozar la vida de miles de personas que viven de diferentes negocios familiares. Para tapar su gran equivocación, han puesto el foco en tres temas: la salud, como si a quienes les recriminamos su error no nos preocupara y los hosteleros no tomaran medidas sanitarias en sus negocios; las ayudas, de las que nada concreto se sabe todavía y que tendrían que haber sido directas desde el mismo momento en que se decidió no permitir trabajar; y la cesta de los huevos, invitando a una precipitada reflexión sobre la inconveniencia de depender de una misma fuente de ingresos, sugiriendo tal vez que volvamos a la labranza y ganadería (les animo a que lo intenten con la burocracia actual) y desconociendo la variada y compleja arquitectura que sostiene estos valles. Bien, yo les digo a los políticos: primero, las cifras demuestran que este castigo ha sido y es indefendible pues los casos siguen aumentando y no por culpa del turismo de montaña y nieve, reducido a la nada; segundo, deberían conocer este otro refrán: “Al montañés, ni le quites ni le des”; tercero, también ustedes tienen todos sus huevos en la misma cesta de la política, lo cual les hace dependientes de sus intereses y no de la realidad de sus gobernados. Nos piden unidad para superar esta situación dramática y traumática: pues empiecen por predicar con el ejemplo. Ya que técnicamente no se les puede poner en un ERTE mientras una junta de técnicos y profesionales toman las riendas, al menos se podrían rebajar el sueldo entre un treinta y un cuarenta por ciento (en realidad, lo deberían haber hecho ya). Tal vez así comprenderían un poco cómo se sienten quienes ven hundirse sus pequeños negocios familiares, levantados con el esfuerzo de años, o quienes han decidido establecerse y trabajar aquí, y dejarían de tocarnos y rompernos los huevos.