07/10/2026
Hay olivos que dan aceite.
Otros dan sombra.
Y algunos, incluso después de mu***os, siguen dando historias.
En Canet lo Roig, cerca de una de nuestras rutas entre olivos monumentales, una vieja soca que llevaba décadas seca se ha convertido en un pequeño mundo de madera: una puerta diminuta, miradas escondidas, criaturas que asoman entre las grietas y formas que parecen haber estado esperando a que alguien las descubriera.
El autor de estas piezas las llama alicácaros. Y lo más bonito es que no nacen de borrar la forma del árbol, sino de escucharla. Muchas de las figuras ya estaban sugeridas en la propia madera: una curva, una grieta, una raíz, una sombra… El trabajo del artesano ha sido acompañarlas y hacerlas visibles.
Así, un olivo mu**to vuelve a formar parte del paisaje.
No como árbol productivo, sino como memoria, refugio imaginario y arte nacido del territorio.
Porque a veces la vida no desaparece.
Solo cambia de forma.