Visita Galicia

Visita Galicia GALICIA RECIBE AL VIAJERO CON LOS BRAZOS ABIERTOS. DISFRUTA TUS VACACIONES CON NOSOTROS

12/08/2025
16/07/2025

Monasterio de Oia. S. XIX

16/07/2025

Año del Señor de 1673.
Los caminos eran de tierra, las noches frías, y la fe, más antigua que las piedras.
Martín, un joven de apenas veinte inviernos, caminaba desde Oporto con una co**ha colgada al cuello y la promesa de su madre en el corazón: “Llega a Santiago, hijo, y pídele al apóstol que te muestre tu destino.”
Cruzó bosques, ríos, aldeas, y escuchó todas las lenguas del mundo en las posadas de los peregrinos. Pero fue al salir de A Guarda, siguiendo la ruta costera, cuando algo cambió. El mar comenzó a rugir a su izquierda con una fuerza incesante, y el viento le azotó el rostro como una advertencia sagrada.
Le habían hablado de un lugar extraño: un monasterio junto al océano, construido por hombres que no temían al agua ni al cielo. Martín no les creyó. ¿Qué clase de locura era edificar un refugio de oración donde ni los pescadores se atrevían a plantar casa?
Pero entonces lo vio.
Entre la niebla, surgía el Monasterio de , como una visión de otro mundo. Sus muros grises parecían crecer directamente desde la roca marina, y las olas golpeaban su base como queriendo entrar. Martín se detuvo. No por miedo, sino por asombro. Nunca había visto una iglesia abrazada por el mar.
Entró con paso lento. Un monje lo recibió sin palabras, solo con una sonrisa y una mano sobre el hombro. Le ofrecieron un cuenco de caldo, una manta y un rincón para dormir. Allí, en el refectorio silencioso, Martín vio otros caminantes como él: hombres y mujeres de todas las edades, con los ojos cansados pero la esperanza viva.
Esa noche no durmió. Se quedó sentado junto al pequeño ventanal del claustro, observando cómo la luna brillaba sobre las aguas bravas. Y escuchó el canto. Los monjes entonaban salmos en latín desde la capilla, y el sonido flotaba por los pasillos como incienso invisible. El mar respondía con su propia música, como si estuviera rezando también.
Uno de los monjes, de barba blanca y paso lento, se sentó a su lado.
—¿Hacia Santiago? —preguntó.
Martín asintió.
—Pero no sé por qué.
El monje sonrió, sin sorpresa.
—Muchos vienen buscando respuestas. Aquí no las damos. Solo te damos silencio... y el mar.
Martín bajó la mirada. El viento olía a sal, a humedad, a siglos.
—¿Y eso basta?
—Bastó para mí —dijo el monje—. Yo también fui peregrino. Llegué, como tú, buscando algo. Me quedé aquí porque lo encontré.
—¿Qué encontró?
—La certeza de que uno no camina para llegar. Camina para recordar quién es.
Martín no respondió. Solo miró al mar. Esa noche soñó con barcas blancas, con rostros antiguos, con una calma que nunca había sentido antes.
A la mañana siguiente, se levantó con el alba. El monje le dio un trozo de pan, un poco de agua, y una nueva co**ha, brillante, como recién sacada del océano.
—Para que recuerdes —dijo.
Martín echó a andar, rumbo a Santiago. Pero cuando miró atrás, no vio el monasterio. Solo el mar y la niebla. Y comprendió que Oia ya no era solo un lugar: era parte de él.

16/07/2025

Decían los viejos que el Monte Santa Trega, allá en lo alto de A Guarda, no era un lugar cualquiera. Allí, donde el mar se junta con el río Miño y la niebla se enrosca entre los pinos como un espíritu antiguo, se levantaban las ruinas de un castro celta, vestigios de un pueblo anterior a los romanos, anterior incluso a la memoria.
Y hasta allí subían algunos peregrinos, no por mandato, sino por intuición.
Uno de ellos era Inés, una joven de Salamanca que caminaba sola hacia Santiago. No por devoción religiosa —al menos no como la Iglesia la enseñaba—, sino por una promesa hecha a su abuela, que le hablaba de las tierras del norte como si fueran sagradas, lugares donde el alma podía escuchar su voz verdadera.
La mañana en que llegó a A Guarda, los lugareños le ofrecieron pan y algo de pescado. Ella preguntó si el monte era seguro.
—El monte no hace daño, hija —respondió una anciana—. Pero no subas de noche. Ahí habita la luz.
—¿La luz?
—Una luz que se mueve entre las piedras. Dicen que es el alma de una mujer celta que aún espera a su amado. Otros dicen que guía a los que se han perdido. Pero nunca ha hecho mal. Solo... elige a quién mostrarse.
Intrigada, Inés subió al Monte Santa Trega al atardecer, cuando el viento olía a mar y el sol teñía el cielo de cobre. El camino era empinado, pero el aire puro y vibrante. Al llegar a la cima, encontró el castro: las ruinas de viviendas circulares, las piedras cubiertas de líquenes, y el silencio, espeso, como si el mundo estuviera conteniendo el aliento.
Inés se sentó junto a una piedra tallada con signos antiguos. Sacó el rosario de su abuela y lo sostuvo entre los dedos.
—Estoy aquí, abuela —susurró.
Fue entonces cuando la vio.
Una luz dorada, flotando entre las casas derruidas. No era un farol, ni fuego fatuo. No tenía forma, pero era suave, cálida. Y no daba miedo. Se movía lentamente, como si danzara. Inés, en vez de huir, se levantó y la siguió. La luz la guió hasta un pequeño altar de piedra, cubierto de musgo. Allí, en el centro, había una vieja co**ha de vieira, rota, como dejada a propósito.
Inés se arrodilló.
Sintió que algo dentro de ella se abría. Lloró. No supo por qué. No lo entendió con la mente, pero sí con el alma. Como si el monte le hablara en el idioma que solo las almas heridas pueden comprender.
Cuando se hizo de noche, la luz desapareció. Inés bajó en silencio, sin tropezar, como si conociera el camino de toda la vida.
Días después, cuando llegó al Monasterio de Oia, un monje le preguntó por qué llevaba una co**ha rota colgada al pecho.
—Me la regaló el monte —respondió—. Y me mostró mi fe, aunque no la conocía.
(Este relato mezcla historia, paisaje y emoción, con toques místicos propios del Camino).
Espero que te guste, no deja de ser al fin y al cabo un relato.

16/07/2025

A Guarda dormía con el oído puesto en el mar. Era una noche de luna nueva, y eso significaba: buena pesca, contrabando… y secretos.
En el pequeño barrio marinero, junto al puerto, Rosa do Mar bajaba por el callejón de los Salgueros con una cesta vacía y los ojos alerta. Hija de una familia de saladores, pero desde la muerte de su madre vivía sola y se ganaba la vida como podía: cosiendo redes, vendiendo pescado, o llevando mensajes que no se decían en voz alta.
Esa noche debía esperar a los hombres de Oia. Venían por mar, con tabaco, café y aceite portugués. Y ella debía guiarlos por el camino viejo, bordeando el monte Santa Trega.
Mientras esperaba entre las rocas, apareció un hombre extraño, caminando por la arena. No vestía como los contrabandistas, ni como pescador. Llevaba una capa raída y un zurrón de cuero con una cruz marcada a fuego.
—No es noche para andar solo, forastero —dijo Rosa.
—Ni para esperarme, y sin embargo lo haces —respondió él.
Rosa lo miró con desconfianza.
—¿Peregrino?
—A veces. Esta vez... no exactamente. Busco algo que se perdió en este puerto, hace muchos años.
—¿Y qué sería?
—Una promesa. De esas que se hacen frente al mar y nunca se cumplen.
La respuesta la desconcertó. Pero antes de decir nada, vio acercarse a Xan do Cesteiro y Lourenzo o Zambo, dos viejos lobos de mar que traían la mercancía en una gamela. Subieron por la caleta y saludaron en voz baja.
—¿Y este? —gruñó Lourenzo al ver al forastero.
—Dice que busca promesas —respondió Rosa.
—Pues que no estorbe, que nosotros buscamos realidades.
Y allí, bajo la sombra de la roca, comenzaron a descargar los fardos. Pero justo entonces, el viento cambió. Rosa lo sintió antes que nadie. Venía del norte, fuerte y repentino. “Vento cruzado”, lo llamaban los viejos. Un aviso.
—¡Guardias! —gritó Xan.
Desde el acantilado se oyeron silbidos. Sombras con tricornios descendían por el camino del faro.
Los contrabandistas corrieron, dejando uno de los fardos atrás. Rosa lo iba a esconder, pero el forastero se adelantó, lo cogió con fuerza y le dijo:
—Confía en mí. Corre.
Ella dudó… pero corrió. Él quedó entre las sombras, con el paquete a la espalda.
A la mañana siguiente, Rosa fue al mercado como si nada. Vendió congrio seco y sardinas. Al mediodía, oyó que habían detenido a un “tipo raro con capa de peregrino” que apareció con un fardo de contrabando… pero que lo soltaron.
—Dijo que era un místico —contó una mujer—. Que caminaba para expiar pecados antiguos.
—¿Y los guardias se lo creyeron?
—No. Pero el cura habló por él. Dijo que llevaba libros religiosos. Y como el fardo no tenía marca…
Rosa no dijo nada.
Al caer la tarde, subió al monte Santa Trega. El viento seguía fuerte, pero el cielo estaba despejado. Sentada junto a una piedra con forma de altar, encontró un pequeño papel atado con cuerda.
Decía:
“Una promesa rota vuelve como marea.
Gracias por no preguntar.
—El que busca sin llegar.”
Y junto al papel… la co**ha de un peregrino, dorada por el sol.
(historia ambientada en A Guarda allá por el s. XIX)
Foto actual tomada por 'España de Norte a Sur'

Moaña.
10/11/2024

Moaña.

¡Un saludo a mis nuevos seguidores! Es un placer teneros por aquí. Mirian Martinez, Monica Payo, Инна Старикова, Rosa Ma...
26/09/2024

¡Un saludo a mis nuevos seguidores! Es un placer teneros por aquí. Mirian Martinez, Monica Payo, Инна Старикова, Rosa Martinez, Elvi Perez, Plinio Piñeros Rubio, Cádavo Montouto Montes de Bestas

Monasterio de Oia
23/07/2024

Monasterio de Oia

Cambio de chip: modo vacaciones activado. ¡Arrancamos!
12/06/2024

Cambio de chip: modo vacaciones activado. ¡Arrancamos!

Desde C.S.Coia celebramos el día das Letras Galegas. En las fotos que publico vemos un libro hecho  en el taller de Ganc...
13/05/2024

Desde C.S.Coia celebramos el día das Letras Galegas.
En las fotos que publico vemos un libro hecho en el taller de Ganchillo por las alumnas de taller de la ma del centro. El cartel lo hicieron en el taller de pintura y las flores en el taller de memoria. Enhorabuena a todos los que han participado en estas obras de arte.
El Día de las Letras Gallegas se celebra cada año el 17 de mayo desde 1863, en honor a la publicación de Cantares Gallegos, obra de Rosalía de Castro.

Dirección

O Serrallo
Betanzos
36309

Teléfono

+34678840585

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Visita Galicia publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Empresa

Enviar un mensaje a Visita Galicia:

Compartir