13/11/2018
“Has visto el rostro eterno y variable, ahora sol, luego viento, luego sombra, hombre, dios, luna, cielo, fuego, río, la faz de todo, el rostro numeroso.
Tú eres cuanto has visto. El que en la parte no lo ve todo es vago sueño en humo de carbón o de lago…
Este jardín cerrado es todo el tiempo. Las almenas primaverales triunfan con sus siglos de musgo nuevo. El agua de la alberca -oro y verdor- no muere:
Está mirándola, mirando eternidades en el día, oyendo las palabras de los árboles, inmóvil, quedamente, acariciando la creación bella en una sola flor…
La flor te ha cautivado con su todo preso en goce de beso fugitivo donde el ser en su pleno ser se embriaga, pequeño edén rizado en rojos pétalos.
Así tú eres en el dulce ámbito del cerrado jardín todas las cosas. Perdido en tanto solitario río, tanta selva de cálidas criaturas, tanto incendio de llanto en gloria de astros, tanto goce de luces e la altura, a tu abandono el mundo se abandona y en tu visión se funde -uno y vario- el ser en claridad total del cielo o bien se quiebra en olas, flores, alas, iris de la hermosura universal”.
Ricardo Molina - Mañana y Alcázar de Córdoba