14/06/2026
¿Alguna vez te has preguntado por qué, al finalizar la procesión de San Antonio en nuestras Huertas Bajas, todos nos acercamos a las andas para recoger una espiga?
Para quien lo mira desde fuera, puede parecer un gesto curioso. Para nosotros, es el corazón de nuestra identidad.
Las Huertas Bajas han crecido al ritmo del agua del río Cabra. Nuestra economía, nuestra forma de vida y nuestro desarrollo han dependido siempre de la generosidad de la tierra. San Antonio, nuestro patrón, no es una figura lejana: es el protector que sale a recorrer nuestros caminos, nuestras veredas y nuestras huertas. Su procesión es, en esencia, una bendición de los campos en pleno momento de plenitud.
¿Qué significa realmente llevarse esa espiga a casa?
No es solo tradición por costumbre. Cuando pasamos la espiga por el manto del Santo, estamos haciendo algo ancestral: estamos sacralizando el fruto de nuestro esfuerzo. Esa espiga se convierte en un amuleto de prosperidad que nos recuerda que, a pesar de los tiempos modernos, seguimos dependiendo del ciclo de la naturaleza. Guardarla en casa es un acto de gratitud por la cosecha recibida y una petición de protección para que nunca falte el sustento en nuestro hogar.
Es emocionante ver cómo el trigo —el origen del pan, el alimento más básico y sagrado— se convierte en el puente entre nuestro patrón y nuestras familias.
Como anécdota y según cuenta nuestra cronista oficial "Sole", lo tradicional es pasarle la espiga a San Antonio por los pies, pero este año no ha podido ser porque había un ramo de flores puesto por el ayuntamiento de Cabra.
Que las nuevas generaciones sigan acercándose a las andas con el mismo respeto que nuestros abuelos no es solo mantener una costumbre; es asegurar que la memoria de las Huertas Bajas siga viva, vinculada siempre a la tierra que nos vio nacer.
Un año más, San Antonio ha bendecido nuestros campos y todos los hortelan@s. Y nosotros, con nuestra espiga en la mano, renovamos la esperanza de un año lleno de buena suerte. 🌾🙏