
29/05/2025
RECORDANDO UNA BATALLA TRANSCENDENTAL EN LA HISTORIA DE ESPAÑA
Un 29 de mayo de 1108, tuvo lugar la batalla de Uclés, en la que perdería la vida Sancho, el único hijo varón y el heredero de Alfonso VI, fruto de las relaciones amorosas con la mora Zaida.
El Bedija se tiñó de rojo y el campo de batalla quedó sembrado de cadáveres. Los almorávides no hicieron prisioneros, los que no pudieron huir y quedaron heridos fueron rematados. Sumando cerca de tres mil cadáveres, les cortaron la cabeza, y con ellas hicieron un macabro montículo desde el que los almuédanos llamaron a la oración, invocando a Alá y dando gracias por la victoria obtenida.
Los de Uclés, sintiéndose a salvo, se mantuvieron en la fortaleza sin apoyar a sus correligionarios en el combate. Tamin ibn Yúsuf, en vez de continuar el sitio del castillo, regresó apresuradamente a Granada y dejó que los gobernadores de Murcia y Valencia acabasen de rendir la ciudadela. Al no disponer de máquinas de asedio y ante las dificultades que ofrecía aquel empinado risco con sus formidables murallas, fingieron retirarse y, cuando los sitiados evacuaron la fortaleza y quisieron ponerse a salvo, los sorprendieron matando a unos y cautivando a otros.
Tras la batalla de Uclés, el rey Alfonso VI se quedó sin su hijo varón, el heredero de sus reinos y su hija, Urraca I de León pasó a ser la heredera. Las desavenencias matrimoniales de Urraca con su marido, el rey de Aragón, Alfonso I el Batallador, dieron lugar a luchas intestinas y retrasaron la reconquista.
La imagen muestra parte de los hechos relatados y fue realizada por Balbás en 2008, con motivo del 800 aniversario de la batalla.