Navarra al Natural

Navarra al Natural Conocer para respetar. Respetar para amar. Amar para defender. "Navarra al Natural" es una empresa dedicada al turismo activo de Naturaleza.

Desde una ética claramente conservacionista apostamos fuertemente por la educación medioambiental como camino para conseguir una sociedad más concienciada con la importancia de conservar los hábitats y ecosistemas que conforman nuestro paisaje. Además apostamos firmemente por la necesaria interacción del hombre en los espacios naturales de forma que a la vez que defendemos paisaje también defendam

os paisanaje. Por ello consideramos de vital importancia el surgimiento de un turismo alternativo, apartado de consumismos desaforados, un turismo hacia adentro de nuestra historia y nuestras raíces, desde una óptica de aprovechamiento sostenible del entorno natural.

28/08/2026

A veces lo más razonable es quedarse sin palabras.

Caminar tranquilo y en silencio por el bosque, y escuchar lo que la prisa no nos deja oír.

El bosque se contempla, se respira, se acaricia, se escucha, se entra en él.

Y, de algún modo, uno sale un poco más entero.

©️Juan Goñi

«Nada hay más roto en la Natura que un pájaro mu**to.»Esto escribí hace tiempo y hoy lo corroboro.Una cosa es escribir u...
24/08/2026

«Nada hay más roto en la Natura que un pájaro mu**to.»
Esto escribí hace tiempo y hoy lo corroboro.

Una cosa es escribir un número: _*3.794*_ .
Y otra, muy distinta, mirar estas fotografías.

Mirar el pie de un árbol y descubrir que está rodeado de pájaros mu***os. Verlos entre las raíces, sobre la tierra, junto al bordillo, desperdigados por la acera.

Y pensar que habían ido precisamente allí para salvarse.

Cuando llegó la tormenta, aquellos árboles del Paseo del Bordón de Arguedas (Navarra) eran su casa. Su techo. Su dormitorio. Tal vez cientos, miles de gorriones fueron reuniéndose entre las ramas al caer la tarde, apretándose unos contra otros mientras el cielo se oscurecía.

Después cayó el granizo.

Nosotros tenemos tejados, cristales, persianas. Podemos cerrar una puerta y esperar.

Un gorrión tiene un árbol.

Y aquella noche el refugio no bastó.

Las fotografías de la mañana siguiente son terribles: pequeños cuerpos amontonados alrededor de los troncos, como si todavía, después de mu***os, permanecieran junto al lugar donde habían intentado protegerse.

Me cuesta mirar estas imágenes sin pensar en el estrépito de aquella noche. En miles de alas agitándose entre las ramas. En esos pocos gramos de huesos, plumas y corazón enfrentándose a piedras de hielo precipitadas desde el cielo.

Y después, el silencio.
Un silencio hecho de 3.794 silencios.

Después llegaron las personas.
Personas que se agacharon una y otra vez para recogerlos. Uno. Otro. Otro más. Identificarlos. Contarlos.

Quizá haya pocas maneras más tristes de contar pájaros.
Pero había que hacerlo. Porque contar también es dar importancia. Es decir: esta pequeña vida existió. Esta también. Y esta.

Cuidar la naturaleza consiste a veces en cosas tan sencillas y tan enormes como esa: mirar lo pequeño, contar lo que falta y negarnos a que la ausencia se vuelva invisible.

Ayer, bajo los árboles de Arguedas, faltaron de golpe casi cuatro mil canciones.

Y el mundo, aunque apenas lo notemos, amaneció un poco más silencioso.

📷 Fotografías: Jorge Bronte Munárriz

22/08/2026

Arden los bosques. Arden paisajes, nidos, raíces, recuerdos. Y casi al mismo tiempo el cielo se desploma sobre nosotros: calor extremo, tormentas violentas, lluvias torrenciales.

Y seguimos llamándolo mal tiempo, como si el tiempo tuviera la culpa.

No todos los incendios ni cada tormenta pueden explicarse únicamente por el cambio climático, pero sabemos que un planeta más caliente favorece olas de calor más intensas, vegetación más seca, incendios más difíciles de combatir y lluvias cada vez más violentas.

Lo sabíamos.

Quizá eso sea lo más doloroso.

Aquí, bajo los árboles, camino despacio y siento una mezcla de gratitud, miedo y vergüenza.

Porque ellos siguen haciendo su parte.

El árbol da sombra.
La raíz retiene la tierra.
El humedal guarda el agua.
El bosque refresca el aire.
La hoja fabrica oxígeno.
El insecto poliniza.
El ave dispersa semillas…
Y así, vida sosteniendo vida, hasta el infinito.

Y nosotros todavía discutimos si debemos cambiar nuestra manera de vivir.

Durante la pandemia escribí: «el virus somos nosotros».

Hoy quizá lo diría de otra manera:

El fuego no es el enemigo.
La lluvia no es el enemigo.
El bosque no es el enemigo.

El verdadero peligro es creer que podemos maltratar indefinidamente la Tierra sin que la Tierra termine respondiendo.

Por eso vuelvo al bosque.

No para olvidar lo que ocurre fuera, sino precisamente para recordarlo.

Porque amar un paisaje sigue siendo, también, una manera de empezar a salvarlo.

©️Juan Goñi

Vídeo: Mis amigos y yo, caminando con cuidado por la entrañas de un Irati sediento, acalorado, enfermo...

21/08/2026

Qué pena no poder compartir también el olor.

Esta mañana caminábamos por la Costa da Morte, cerca del Cementerio de los Ingleses. Apenas había nadie: solo el Atlántico, el viento, las rocas y las aves. Gaviotas de distintas especies, limícolas correteando junto al agua, algún cormorán moñudo…

Todo estaba lleno de vida y, sin embargo, reinaba una maravillosa sensación de soledad y de paz.
El viento lo impregnaba todo: la hierba, la ropa, la piel, la memoria. Olía a algas, a espuma, a sal. Olía a mar. Olía, sobre todo, a libertad.

Después seguimos hasta Muxía, a los pies del Santuario da Virxe da Barca, para ver morir el día. Hacía frío. El horizonte, en cambio, ardía. Mientras las olas golpeaban las rocas, algunos pesqueros salían despacio del puerto y se hacían pequeños camino de la noche.

Muy cerca, A Ferida recuerda la tragedia del Prestige y aquella inmensa marea de voluntarios que acudió a salvar estas costas.

Cuenta la leyenda que la Virgen llegó hasta aquí en una barca de piedra para dar ánimos al apóstol Santiago. Y sentado frente a semejante océano, con el viento frío en la cara y el cielo incendiándose sobre el mar, uno entiende que esa historia naciera precisamente aquí.

Hay lugares donde los milagros parecen imposibles.
Y otros, como este rincón de Muxía, donde parecen casi rutinarios.

Quizá el milagro sea simplemente estar allí. Quedarse quieto. Mirar.

Y recordar que, pese a todo, el mundo sigue siendo un lugar extraordinariamente hermoso.

Hay que agacharse, y mucho, para descubrir algunos de los secretos más fascinantes del bosque.Sobre la madera mu**ta, St...
16/08/2026

Hay que agacharse, y mucho, para descubrir algunos de los secretos más fascinantes del bosque.
Sobre la madera mu**ta, Stemonitis y Stemonitopsis levantan estas diminutas arquitecturas, bosques microscópicos dentro del bosque. Son : no son verdaderos hongos, aunque durante mucho tiempo los hayamos confundido con ellos, sino organismos ameboides con ciclos de vida extraordinarios.
En una de sus fases pueden desplazarse sobre el sustrato, explorar el entorno y modificar continuamente su forma. Y algunos de sus parientes han protagonizado experimentos asombrosos.
Physarum polycephalum, por ejemplo, ha sido capaz de encontrar rutas eficientes en laberintos, construir redes comparables en eficiencia a sistemas de transporte y mostrar formas elementales de aprendizaje y memoria. Todo ello sin cerebro, sin neuronas y sin un centro de mando.
No significa que «piense» como nosotros. Significa algo quizá todavía más hermoso: que la vida ha encontrado maneras muy distintas de percibir el mundo, guardar información y resolver problemas.
Y entonces vuelvo a mirar estas pequeñas torres creciendo sobre un tronco húmedo.
Apenas unos milímetros de altura.
Casi nada.
Y, sin embargo, un universo.

Porque la grandeza no tiene ninguna obligación de ser grande. A veces cabe en la yema de un dedo y nos recuerda, desde el suelo del bosque, que todavía conocemos muy poco sobre las infinitas maneras de estar vivo.


15/08/2026

A primera vista parece un hongo extraño, una espuma petrificada o alguna pequeña formación mineral. Pero no.

Es tierra. Tierra que ha atravesado el cuerpo de una lombriz.

Estas curiosas estructuras se llaman turrículos. Algunas lombrices, especialmente las de hábitos anécicos, excavan galerías profundas y expulsan al exterior parte del suelo que ingieren. La tierra sale húmeda, mezclada con materia orgánica, microorganismos y mucus intestinal, que ayuda a aglutinar sus partículas. Deposición tras deposición, noche tras noche, puede terminar levantándose una pequeña torre como esta

Y mientras hace todo eso, la lombriz airea el suelo, facilita la infiltración del agua, mezcla nutrientes y transforma la materia orgánica. Por eso se las considera auténticas ingenieras de los ecosistemas.
Caminamos por el bosque mirando árboles, flores, aves y montañas, y olvidamos que bajo nuestras botas existe otro mundo: oscuro, húmedo, silencioso y extraordinariamente vivo.

Allí abajo también se excavan caminos, se recicla la vida y se construye el paisaje.

Porque antes de hacerse copa, luz y pájaro, el bosque se hace tierra. 🌿

Esta tarde el día cerrará los ojos.La Luna se interpondrá entre nosotros y el Sol y, durante unos instantes, sucederá al...
12/08/2026

Esta tarde el día cerrará los ojos.

La Luna se interpondrá entre nosotros y el Sol y, durante unos instantes, sucederá algo extraordinario: la luz desaparecerá en mitad de la luz y la noche se confundirá de hora.

Quiero estar allí.

Quiero contemplar cómo el paisaje se queda sin palabras, cómo las montañas cambian de rostro, cómo los árboles reciben una oscuridad que no esperaban. Quizá algún pájaro calle sorprendido. Quizá el viento siga soplando como si nada. Quizá seamos nosotros quienes, por una vez, nos quedemos en silencio (ojalá).

Un eclipse también sirve para eso: para recordar nuestra insignificancia.

Y quizá, durante esos minutos, comprendamos también la verdadera dimensión de muchas de las cosas que nos atormentan. Nuestras prisas, nuestras vanidades, las pequeñas guerras cotidianas, ese empeño absurdo por tener razón, por poseer más, por levantar fronteras, por enfrentarnos unos a otros.

Y, sin embargo, aquí estamos.

Discutiendo, amando, perdiendo, soñando, haciéndonos daño y curándonos unos a otros mientras la Tierra continúa su viaje alrededor del Sol y la Luna sigue acompañándonos, obedeciendo ambos una danza que comenzó muchísimo antes de nosotros y continuará cuando ya no quede memoria de esta humanidad desconcertada.

El eclipse no tiene nada de mágico.

Sabemos perfectamente qué sucede. Conocemos las órbitas, las distancias, la gravedad que mantiene a los mundos danzando y la luz que atraviesa el espacio hasta llegar a nuestros ojos.

Y quizá sea precisamente eso lo verdaderamente mágico.

Saber que no hay hechizo alguno y, aun así, emocionarse.

Sentir por unos instantes ese inmenso vals cósmico de la gravedad y de la luz. Percibir que también nosotros viajamos dentro de él, agarrados a esta pequeña esfera azul que gira silenciosamente por el espacio.

Durante unos minutos no habrá prisas, ni noticias, ni fronteras, ni asuntos importantes.

Solo el Sol, la Luna y la Tierra.

Y nosotros aquí abajo, mirando.

Ojalá la oscuridad no venga a quitarnos la luz; ojalá venga a recordarnos cuánto la amamos.

Paseo por tu seno reseco y polvoriento, viendo la sed en tu verde asolado por marrones a destiempo, azotado por el sol i...
07/08/2026

Paseo por tu seno reseco y polvoriento, viendo la sed en tu verde asolado por marrones a destiempo, azotado por el sol inmisericorde de junio y julio, remachado por un agosto abusón que se mete a empujones entre tus sombras acaloradas.

Te veo como tú me has visto a mí mil veces: en apariencia derrotado, en apariencia roto y jadeante. Tú me ayudaste a levantarme esas mil veces, me regaste de certezas, de motivos para caminar por el sendero y por la vida. Tú me enseñaste que nada es para siempre, que hay que aprender a vivir con la pérdida, que no es pérdida sino mudanza.

Y ahora soy yo quien te ve extenuado, postrado a la vera del sendero que hasta aquí me trajo. No sé cómo haré para reanimarte, para hacerte renacer, para consolarte y consolarme. Pero has de saber que me quedo a tu lado. Tú me enseñaste que vendrá otro otoño, y después mil millones de otoños más, y tú, mudado y repuesto, seguirás prodigando sabiduría y consuelo para aquellos que logren escuchar tu murmullo, aquellos que caminen desarmados por tus veredas, para aquellas almas capaces de sentir lo que yo siento ahora.

Entonces yo ya no estaré, porque entonces yo seré, de nuevo, tú.

📸 Ayer durante nuestro paseo. Hayas marchitas como en otoño, sombras verdes aún poderosas y amigos, ya para siempre, que nos acompañaron en el camino... Claroscuros de una jornada inolvidable. ¡Gracias por venir!

🎧 Surely (Reprise) - Supertramp:
https://youtu.be/oQRYkJ3I1zY?is=DUhAvzyqWlGUDse9

En Hiroshima, hace hoy 81 años, la humanidad cruzaba una frontera que nunca debió atravesar.A las 8:15 de la mañana del ...
06/08/2026

En Hiroshima, hace hoy 81 años, la humanidad cruzaba una frontera que nunca debió atravesar.

A las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, una bomba atómica estalló sobre una ciudad llena de civiles. Decenas de miles de personas murieron en unos segundos. Otras tantas quedaron abrasadas, mutiladas o condenadas de por vida por la radiación.

Tres días después fue Nagasaki.

A finales de aquel año, unas 140.000 personas habían mu**to en Hiroshima y alrededor de 74.000 en Nagasaki.
Pero las cifras a veces esconden la realidad. La muerte nunca debe ser un número.

Niños. Ancianos. Mujeres y hombres que desayunaban, caminaban hacia el trabajo, abrían una tienda o iban a la escuela…

Y lo hizo la inteligencia humana.

La misma especie capaz de escribir poesía, curar enfermedades, componer música o mirar las estrellas utilizó su conocimiento para fabricar un sol destinado a quemar seres humanos.

Desde entonces hemos aprendido a construir bombas todavía más poderosas.
No estoy seguro de que hayamos aprendido mucho más.

«No olvides tu historia ni tu destino».
(Bob Marley)

«El heroísmo al servicio de la autoridad, la brutalidad sin sentido, el deplorable amor a la patria... cuán despreciable e innoble es la guerra. [...] Es mi convicción que matar amparados por la guerra no es otra cosa que un asesinato».
(Albert Einstein)

Hiroshima y Nagasaki. Dos nombres y una advertencia:
El verdadero peligro no es solo olvidar lo que ocurrió. El verdadero peligro es acostumbrarnos a pensar que, bajo determinadas banderas, determinadas órdenes o determinadas excusas, matar deja de ser matar.

81 años después:

memoria frente al olvido,
desobediencia frente al odio,
humanidad frente a la barbarie.

Insumiso a la violencia.

Siempre.

©️Juan Goñi

📷Fotografía tomada por Yosh*to Matsushige en Hiroshima que muestra una sombra humana que quedó grabada en la piedra por los efectos de la bomba atómica.

Ayer durante mi paseo, entre los helechos y la penumbra del bosque, apareció este precioso corzo _(Capreolus capreolus)_...
04/08/2026

Ayer durante mi paseo, entre los helechos y la penumbra del bosque, apareció este precioso corzo _(Capreolus capreolus)_: orkatza en euskera, cabirol en catalán y valenciano, y corzo en gallego.

Nos miramos.

Fueron apenas unos segundos, pero hay miradas que duran mucho más que el tiempo que las contiene. Él permaneció inmóvil entre los helechos y yo procuré hacer lo mismo.

Durante un instante sentí ese privilegio difícil de explicar que supone contemplar a un animal salvaje siendo exactamente lo que es: libre. Sin jaulas, sin dueño, sin debernos nada. Una vida que estaba allí antes de que yo llegara y que continuaría cuando me marchase.

El corzo es el más pequeño de nuestros cérvidos y un discreto habitante de bosques, matorrales, prados y lindes. Se alimenta escogiendo brotes, hojas, hierbas y frutos tiernos.

Solo los machos tienen cuerna, salvo anomalías excepcionales. La pierden cada año, generalmente entre octubre y diciembre, y poco después comienza a crecer la nueva, cubierta inicialmente por una piel aterciopelada. Para la primavera está ya limpia y endurecida, preparada para el celo de julio y agosto (estamos en plena época de celo), cuando los machos defienden sus territorios y buscan a las hembras.

Y entonces ocurre una de esas maravillas que demuestran cuánto nos queda todavía por asombrarnos. Tras la fecundación, el desarrollo embrionario queda prácticamente suspendido durante varios meses. Es la diapausa embrionaria. La gestación se reactiva durante el invierno y los corcinos nacen habitualmente en mayo o junio, justo cuando el bosque se llena de alimento, refugio y primavera.

Así que sé que mi corzo era un macho, probablemente a la búsqueda de alguna hembra.

Lo que sí sé es que nos miramos.

Y que mientras contemplaba aquellos ojos oscuros observándome desde su mundo verde sentí una de esas felicidades pequeñas, limpias y gratuitas que solo encuentro en la naturaleza: la alegría inmensa de saber que todavía existen seres que no nos pertenecen.

Después seguí mi camino.

Pero aquella mirada se vino conmigo.

Mira, la llevo conmigo aquí dentro.

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