12/08/2026
Esta tarde el día cerrará los ojos.
La Luna se interpondrá entre nosotros y el Sol y, durante unos instantes, sucederá algo extraordinario: la luz desaparecerá en mitad de la luz y la noche se confundirá de hora.
Quiero estar allí.
Quiero contemplar cómo el paisaje se queda sin palabras, cómo las montañas cambian de rostro, cómo los árboles reciben una oscuridad que no esperaban. Quizá algún pájaro calle sorprendido. Quizá el viento siga soplando como si nada. Quizá seamos nosotros quienes, por una vez, nos quedemos en silencio (ojalá).
Un eclipse también sirve para eso: para recordar nuestra insignificancia.
Y quizá, durante esos minutos, comprendamos también la verdadera dimensión de muchas de las cosas que nos atormentan. Nuestras prisas, nuestras vanidades, las pequeñas guerras cotidianas, ese empeño absurdo por tener razón, por poseer más, por levantar fronteras, por enfrentarnos unos a otros.
Y, sin embargo, aquí estamos.
Discutiendo, amando, perdiendo, soñando, haciéndonos daño y curándonos unos a otros mientras la Tierra continúa su viaje alrededor del Sol y la Luna sigue acompañándonos, obedeciendo ambos una danza que comenzó muchísimo antes de nosotros y continuará cuando ya no quede memoria de esta humanidad desconcertada.
El eclipse no tiene nada de mágico.
Sabemos perfectamente qué sucede. Conocemos las órbitas, las distancias, la gravedad que mantiene a los mundos danzando y la luz que atraviesa el espacio hasta llegar a nuestros ojos.
Y quizá sea precisamente eso lo verdaderamente mágico.
Saber que no hay hechizo alguno y, aun así, emocionarse.
Sentir por unos instantes ese inmenso vals cósmico de la gravedad y de la luz. Percibir que también nosotros viajamos dentro de él, agarrados a esta pequeña esfera azul que gira silenciosamente por el espacio.
Durante unos minutos no habrá prisas, ni noticias, ni fronteras, ni asuntos importantes.
Solo el Sol, la Luna y la Tierra.
Y nosotros aquí abajo, mirando.
Ojalá la oscuridad no venga a quitarnos la luz; ojalá venga a recordarnos cuánto la amamos.