Navarra al Natural

Navarra al Natural Conocer para respetar. Respetar para amar. Amar para defender. "Navarra al Natural" es una empresa dedicada al turismo activo de Naturaleza.

Desde una ética claramente conservacionista apostamos fuertemente por la educación medioambiental como camino para conseguir una sociedad más concienciada con la importancia de conservar los hábitats y ecosistemas que conforman nuestro paisaje. Además apostamos firmemente por la necesaria interacción del hombre en los espacios naturales de forma que a la vez que defendemos paisaje también defendam

os paisanaje. Por ello consideramos de vital importancia el surgimiento de un turismo alternativo, apartado de consumismos desaforados, un turismo hacia adentro de nuestra historia y nuestras raíces, desde una óptica de aprovechamiento sostenible del entorno natural.

Ayer, cuando subimos, la Catedral aparecía cubierta de niebla. Aún más que de costumbre, las columnas y las bóvedas hech...
30/05/2026

Ayer, cuando subimos, la Catedral aparecía cubierta de niebla. Aún más que de costumbre, las columnas y las bóvedas hechizaban nuestras miradas. Entre las brumas que acariciaban el paisaje nadaban lamias y correteaban gentiles, mientras Basajaun silbaba desde lo profundo del bosque. Nuestros trasgos traviesos, los galtzagorris, jugaban a esconderse entre los troncos mu***os y retorcidos. Los elfos, desde su casa de cristal en lo alto de las hayas, entonaban su eterna canción de susurros y silencios.

Miles de ranitas brincaban entre la hojarasca, regresando a su hogar —el bosque— desde el lago que las vio nacer y donde han vivido hasta ahora. Tritones y salamandras, caracoles y lombrices, pululaban entre el humus empapado. El silencio y el sosiego abrumaban mis neuronas, colmaban mi sangre, anegaban mis ojos y mis oídos.

Las hojas de los árboles destilaban bruma, y de entre ellas afloraban lágrimas de agua limpia. El sonido perpetuo de un millón de goteras bendecidas colmaba el alma y el paisaje de recuerdos. Sortilegios se derramaban por los cuatro costados del mundo.

Ayer, mientras paseábamos por el bosque, las más ínfimas menudencias semejaban prodigios cósmicos… o quizá lo eran. Ayer, sin prisa, hendíamos el interior de una nube enamorada del bosque. Ayer, en la Catedral, todo parecía hipnotizado, detenido de amor, mientras la arboleda besaba con sigilo a la niebla enamorada.

Cantaba quedamente el camachuelo entre la espesura láctea, blanquecina, jugosa. Se oían nuestros tímidos pasos sobre la hojarasca, y poco más. Violines y oboes, fa**ts y chelos sonaban en mi mente aletargada; decían y cantaban, decían y cantaban…

Delicias que me reserva mi Madre Tierra cuando regreso a sus honduras. Amparo en su regazo, refugio entre sus pechos, bahía tranquila para el navío de mi conciencia. Aun guardo el calor de su cobijo en mis entrañas. Entonces supe —ahora lo sé— que yo también soy niebla del bosque, y que solo en mis adentros encuentro mis afueras.

©️Juan Goñi

Foto: Nieblas en el País del Bidasoa / Bidasoako herrialdean lainoa, por mi amigo
©️ Isidro Etxeberria

29/05/2026

Hay estampas cotidianas en nuestras lagunas que nunca dejan de conmovernos. Una de ellas es la intimidad del nido de la gallineta común (Gallinula chloropus), la "gallinita de pies verdes" (polla d'aigua en catalán o uroilo arrunta en euskera), un ave corajuda que en primavera defiende con firmeza el futuro de su prole.

Tras tres semanas de incubación compartida por el padre y la madre, nacen los polluelos: diminutas bolas de plumón negro con simpáticas calvas de tonos rosas y azules. Con apenas un día de vida, ya se mueven entre los carrizos, cobijados bajo el ala materna mientras el macho se desvive por alimentarlos.

Aunque parece una especie muy común, sus poblaciones en la península sufren un declive constante que ya la sitúa en la categoría de Casi Amenazada (NT). La pérdida directa de hábitat y la presión de especies exóticas introducidas amenazan su supervivencia.

La suerte de la gallineta está unida a la de los humedales, auténticos riñones del planeta capaces de depurar el entorno y mitigar el cambio climático. Hoy, estos oasis se enfrentan a una tormenta perfecta: sobreexplotación de acuíferos, contaminación y sequía.

Proteger el agua y la vegetación que la abraza no es una opción estética, es un imperativo ético de supervivencia. Custodiar cada orilla es el único camino para que las futuras generaciones sigan presenciando el milagro de la vida. Defender nuestros humedales es, en definitiva, defender la vida misma.

27/05/2026

Todo es leve en los senderos del bosque.

Leve el aroma que me acompaña: olor a flores húmedas, a musgo empapado, a barro limpio; olor a regato, a arboleda y a silencio. Leve el trino de las aves. Leve también el susurro de la hojarasca mientras la cruza, sinuosa, la culebra bastarda. Todo sutil y va****so, como el caminar del agateador sobre el tronco añoso del roble que ahora me cobija y me guarda.

Tenue es el tímido fluir del arroyo, casi seco entre las hojas; apenas más atrevido cuando se derrama entre las rocas negras. Casi etéreas las miradas ocultas del bosque. Intangibles las presencias apenas percibidas. Liviana y silenciosa la compañía de nadie. Delicada y firme la soledad consentida del caminante infiltrado entre el torrente rumoroso de vida que lo rodea.

Una comitiva de alientos me persigue por el sendero revirado: el quejoso arrendajo, el escondido picamaderos negro, una cascabelera familia de mitos, un petirrojo baladrón, un temeroso corzo saltarín, un zorzal enamorado, un mirlo de flauta canalla y desmayada… Todos leves. Todos va****sos entre el verde respirar del bosque.

Nada tosco pertenece a la arboleda.

De ahí mis esfuerzos: mis pasos han de ser leves; mi voz, sutil; mi tacto, delicado; mi mirada, cortés, fina y atenta. Mi presencia, siempre humilde, apacible y serena. Los sentidos, abiertos. Los sentimientos, desnudos y manifiestos. Las pasiones, prendidas y en silencio. Las pesadumbres, enterradas con firmeza bajo las leves coherencias. Los recuerdos, saludables. El presente, puro entusiasmo.

Y entonces ser, por fin, todo yo compasión.

Si quieres ser uno más entre los árboles debes dejar muchas cosas fuera antes de entrar. Una de ellas —quizá la más importante— es la aspereza. Olvida la grosería con la que el humano suele desenvolverse en su mundo de ruido grueso, aromas bruscos y palabras crueles para oídos endurecidos; ese mundo de presencias brutales, de caminar descortés, de frialdad imperturbable.

Nada de eso cabe en el bosque.

Ayer tarde, casi en el ocaso, a muchos kilómetros de nadie, un pinzón me arrullaba levemente desde algún rincón invisible del bosque.

Tal vez la salvación consista únicam

Algo profundo y antiguo se está rompiendo sobre nuestras cabezas.Mayo ya no llega como llegaba. La primavera empieza a o...
26/05/2026

Algo profundo y antiguo se está rompiendo sobre nuestras cabezas.

Mayo ya no llega como llegaba. La primavera empieza a oler demasiado pronto a tierra reseca, a hojas fatigadas, a agua que desaparece aates de tiempo. Parece que el planeta haya perdido la paciencia.

En el sudoeste de Europa el aire abrasado se queda atrapado sobre los campos y los bosques. Lo que antes era un breve adelanto del verano se ha convertido en una ocupación persistente. Mientras los robledales y hayedos, aún vestidos de primavera, comienzan a sufrir sed en pleno mayo.

Incluso el Océano Atlántico parece desorientado. Londres ha rozado los 35 °C en mayo. Una cifra que hace apenas unos años habría parecido absurda.

Los jardines florecen demasiado deprisa, los suelos pierden humedad antes de tiempo y la vida salvaje intenta adaptarse a un calendario que ya no reconoce.

Y después está India. Allí el calor es ya una amenaza vital. El aire quema, el agua escasea y millones de personas viven al borde del límite físico de lo habitable.

El verano está asesinando lentamente la primavera y desordenando la memoria climática del planeta. Las aves llegan cuando ya faltan insectos. Los árboles despiertan antes de tiempo. Los ríos adelgazan. En la Gran Sinfonía de la Vida en el Planeta todo empieza a desafinar.

Y mientras tanto, ajeno a todo pero sufriendo un creciente estrés hídrico, el bosque continúa haciendo su trabajo silencioso, milagroso. Refresca el aire, almacena agua, fabrica lluvia, sostiene la vida y amortigua nuestra locura sin pedir nada a cambio. Y lo seguirá haciendo mientras pueda.

La respuesta de demasiados sigue siendo la indiferencia.

Pero quizá todavía estemos a tiempo.

Quizá aún podamos escuchar el crujido de las hojas antes de que el bosque calle para siempre. Necesitamos una resistencia firme, masiva y profundamente humana: proteger bosques, restaurar ríos, exigir responsabilidades políticas y empresariales, cambiar hábitos de consumo, apoyar la ciencia, educar, denunciar el negacionismo climático y construir una cultura que vuelva a considerar la naturaleza como hogar y no como mercancía.

¡Ojalá! ¿Empezamos?

25/05/2026

Contemplar el llamado Robledal de Betelu desde el emblemático Mirador de Ariztokia es asomarse a uno de los espectáculos naturales más imponentes de la Península Ibérica. Estos días, como se aprecia en la imagen, el bosque luce un verdor espectacular, un auténtico océano de hojas que tapiza un relieve abrupto y majestuoso bajo el cual serpea, escondido y vital, el río Irati.

Este enclave, que abraza los términos de Oroz-Betelu, Garralda, Garaioa y Aribe, en el Valle de Aezkoa, está considerado como el mejor y mayor bosque de Quercus petraea (roble albar) de toda Europa.

Su valor va mucho más allá de la indudable belleza paisajística; es un santuario de biodiversidad único que delata el excelente estado de conservación de este ecosistema:
En sus rincones más puros se ha detectado la presencia del esquivo murciélago ratonero gris ibérico (Myotis cf. nattereri). Además alberga varias especies relictas de coleópteros saproxílicos (escarabajos que dependen de la madera mu**ta para su ciclo vital), auténticos bioindicadores de la madurez y la salud de un bosque viejo.

Visitar el Mirador de Ariztokia es conectar con la Navarra más salvaje y auténtica. Y aunque la solemnidad del paisaje sobrecoge, la naturaleza también es un espacio para disfrutar y compartir...

Desde *Navarra al Natural*, os invitamos a descubrir esa otra forma de conocer Navarra, porque hay otra Navarra que conocer.

Conocer para respetar
Respetar para amar
Amar para defender.

Juan Goñi

18/05/2026

¡Ya está aquí el calendario de Navarra al Natural 2026! 🌲✨

Preparamos las mochilas para recorrer rincones mágicos: desde la costa de Galicia y Euskadi hasta el otoño en los Pirineos y un fin de año único en Ibiza. 🥾🍂

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17/05/2026

En los últimos días la senda se ha ido cerrando ante el empuje de los árboles que la rodean. Parece que el bosque quiere impedir el acceso a sus entrañas, y por eso su seno se oscurece tras el recodo de la vereda casi oculta. La senda se ha convertido en un túnel vegetal, en un pasadizo verde y sombrío. Me gusta transitar por estos recovecos de sombra perpetua y limpia. Acrecienta mi sensación de unidad en la diversidad, amplifica la conmoción y la sorpresa, exalta mi pasión y me sacude de polvo y paja. Las ramas que me acosan quitan las telarañas de las rendijas de mi alma y agitan la morralla de mis rincones. Me limpian, me quitan el frío del ánimo, que cada vez entiende menos y se enfría cada dos por tres ante la frígida y entumecida sociedad que nos ha tocado vivir. Y así, es más fácil.

Ahora el Bosque está fuerte y decidido. Acalla al sol y se lo come a mordiscos de verde admiración. Y crece sin mesura y sin miedo; crece a lo largo, a lo ancho, a lo alto y a lo profundo. Sus raíces calientes suben por mis piernas y me conquistan. Sus hojas ya son mis cabellos y sus aves, mis pensamientos. Mis manos se quedan quietas, porque mis hermanos del bosque siempre temen las manos de los hombres. Y mis ojos, todos, también los del alma, devoran todos los verdes, engullendo milagros, saboreando sortilegios. Ahora no es tiempo de ayuno ni abstinencia. Es hora de comerse el mundo con los ojos… mejor aún: es hora de dejar que el Mundo se lo coma a uno.

©️Juan Goñi

16/05/2026

Hay demasiado ruido en el mundo. Demasiado ruido que desea confundirme. Solo en las honduras verdes de mi casa encuentro el sosiego cómplice que me permite encontrarme. Justo allí, al otro lado de bazofias y plásticos, más allá de bocinas, amenazas y trifulcas.
Aquí, ensuciando mi corazón en el sincero barro limpio del sendero, saciando lo que soy y lo que siento de una intensa calma, buceando en la interminable claridad de un ocaso de oro. Aquí, sólo aquí, soy lo que quiero y quiero lo que soy.

Soy amante del silencio porque solo en silencio aplaco mi necesidad de oírte.

📷: Gorostapolo - - - /

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