Navarra al Natural

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Navarra al Natural Conocer para respetar. Respetar para amar. Amar para defender. "Navarra al Natural" es una empresa dedicada al turismo activo de Naturaleza.

Desde una ética claramente conservacionista apostamos fuertemente por la educación medioambiental como camino para conseguir una sociedad más concienciada con la importancia de conservar los hábitats y ecosistemas que conforman nuestro paisaje. Además apostamos firmemente por la necesaria interacción del hombre en los espacios naturales de forma que a la vez que defendemos paisaje también defendamos paisanaje. Por ello consideramos de vital importancia el surgimiento de un turismo alternativo, apartado de consumismos desaforados, un turismo hacia adentro de nuestra historia y nuestras raíces, desde una óptica de aprovechamiento sostenible del entorno natural.

22/10/2026

Fugarse por los paisajes infinitos, dejarse acunar por los panoramas que se tuestan despacito al fuego lento del otoño. Escuchar la respiración del mundo que despierta de nuevo, el crepitar incesante de decenas de petirrojos, el leve murmullo del viento en las hojas que se despiden y vuelan. Vislumbrar los tímidos pasos del tiempo alrededor. Dejarse llevar por lo que cuenta la Tierra a quien quiera escucharla.

Pastorear emociones en los prados verdes de la conciencia propia. Entender lo de ahí fuera para interpretar lo de aquí dentro. Mimetizarse con el bosque para que no se note nuestra presencia, para que todo pase como si no estuviéramos, para ver lo que pasa cuando no estamos, para comprender lo que pasará cuando no estemos.

Penetrar en lo casi invisible, en lo no evidente. Captar de nuevo las señales y los avisos, distinguir la música del mundo, oír los poemas que el bosque dicta y transcribirlos.

Buscar caminos en los perfiles difusos del futuro que acecha.

Y meterse un poco más adentro de lo de afuera. Hacer de lo que pisas tu patria y tu bandera. Hasta el último chispazo de vida, estar con la vida. Y después, ser árbol y hojarasca.

Amor eterno por el paisaje. Por guapo. Por sincero. Por poeta.

No llegar tarde al convite del otoño, ante todo.

©️Juan Goñi

«Pertenezco al otoño. Y en otoño me hablan todas las cosas que he perdido».
_(NinaEin, Twitter)_

Foto: Malerreka, , . Por Ángel Villalba Fonfria.

12/10/2026

Hay que estar atento para ver el otoño escondido entre las ramas.
Arriba, la bóveda del hayedo apenas amarillea. Junto al arroyo, los tilos, los arces y los fresnos ya se desvisten sin recato. Cada árbol se descose de la primavera a su ritmo.
Me agacho, acaricio musgos y hojarasca, cosecho tacto y emociones. El bosque deja caer el sol que ahorró y se tapa los pies nevándose prodigios.
Y allí me quedo, otoñado y feliz, quieto y revuelto, tan rodeado de vida, tan sitiado de belleza.
El otoño me acorrala y capitulo.
Cautivo y desarmado en los confines de Mi Casa —que es la tuya—. Allí, para siempre, quiero estar.

11/10/2026

Abajo, el otoño.
Arriba, la memoria de la tierra.

Desde el mirador del Barranco de la Hoz, los árboles de ribera dibujan una cinta de oro entre las paredes rojizas. Bajo sus copas discurre el río Gallo, medio escondido, siguiendo el cauce que el agua ha abierto con una constancia inimaginable.

En las laderas, los pinos rodenos conservan su verde, arraigados entre rocas donde parece imposible sostenerse.
Abajo, los álamos comienzan a desprenderse del verano. Y es que cada árbol tiene su manera de transitar octubre.

Me conmueve esa vecindad de tiempos: la hoja que pronto caerá, el pino que seguirá creciendo, la arenisca que guarda paisajes de un mundo remoto y el río, siempre de paso, siempre trabajando, cantando su eterna y susurrante canción.

Quizá la vida consista simplemente en encontrar nuestro propio cauce, como hace el río Gallo entre estos farallones rojos como la sangre.

Quizá por eso regreso al bosque: porque allí hasta lo que se despide tiene belleza.

Y una hoja que cae también sabe encender la esperanza.

©️Juan Goñi

🎥A Barranco de la Hoz, Guadalajara. Parque Natural del Alto Tajo.

09/10/2026

«Cuando miras un árbol y ves un árbol, no has visto realmente el árbol.

Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces, por fin, has visto un árbol».

— Tony de Mello

Hay días en los que paso junto a un árbol como quien pasa junto a un conocido. Sé su nombre, reconozco sus hojas y sigo caminando.

Pero otras veces me detengo. Apoyo la mano en la corteza, levanto los ojos y siento que algún tipo de comunicación tiene lugar.

Entre sus ramas tiembla la luz. Una raíz busca agua en la oscuridad. En una grieta se refugia un insecto; sobre el musgo queda prendida una gota; un pájaro encuentra dónde posarse al abrigo de sus brozas. El árbol permanece allí, reuniendo vidas, mientras muchos de nosotros apenas "perderán" un segundo de su vida en contemplar este compendio de sabiduría, vida y belleza.

Pienso en todo lo que ha atravesado para llegar a esta mañana. Las sequías, los inviernos, el peso de la nieve. Aquella semilla pequeña, caída quién sabe cómo en un lugar propicio, que fue echando raíces y levantándose hacia el cielo.

Ahora el otoño empieza a pintar en sus hojas. Algunas caerán sobre el sendero y volverán lentamente a la tierra de la que vinieron. En las ramas quedarán las yemas, pequeñas y cerradas, guardando la próxima primavera.

El asombro comienza así: deteniendo el paso el tiempo suficiente para que lo extraordinario vuelva a parecernos extraordinario.

Y quizá cuidar un árbol empiece mucho antes de abrazar su tronco.

Empecemos por aprender a mirarlo.

©️Juan Goñi

📸Uno de mis robles, que vive junto a una borda.

07/10/2026

Por fin llueve con ganas en Baztan.

Llueve sobre los robles, las hayas y los espinos; sobre los castaños, los fresnos y los alisos. El valle se desdibuja tras una cortina de agua y las piedras del jardín vuelven a brillar. Me quedo mirando, escuchando, como quien recibe noticias de alguien a quien echaba mucho de menos.

El bosque entero celebra este regreso. Cada hoja recoge su parte; cada rama conduce el agua hacia la tierra. Debajo, donde los ojos no alcanzan, las raíces reciben lo que llevaban tanto tiempo esperando.

¡Qué hondamente se comprende la sed cuando por fin llueve!

Pienso en los musgos, en la hojarasca reseca, en los pequeños cauces que habían perdido la voz. En toda esa vida discreta que necesita agua para continuar haciendo su trabajo.

Hoy quisiera acompañar a la lluvia hasta allí, hasta la oscuridad fecunda del suelo, y sentir cómo empapa, despacio, la espera.

Bautismo de vida y resurrección.

También a mí me moja algo por dentro. Se me afloja la tristeza de haber visto al bosque sediento. Y dejo que llueva, que su rumor ocupe la mañana, que el otoño encuentre por fin la tierra dispuesta a recibirlo.

Hoy la esperanza tiene este sonido.

🎥 Baztan bajo la lluvia.

Hoy la música es la más antigua y sincera del mundo: la lluvia sobre los prados y los bosques.

Juan Goñi

Atardece en Ochagavía/Otsagabia, Otsagi para los amigos, y la última luz se demora en las copas de los árboles. A ella, ...
06/10/2026

Atardece en Ochagavía/Otsagabia, Otsagi para los amigos, y la última luz se demora en las copas de los árboles. A ella, como a mi, nos cuesta marcharnos de este rincón del Pirineo navarro. Las casas blancas, los tejados oscuros, la piedra del viejo puente… Todo parece contagiarse de esa calma con la que los pueblos de montaña reciben a la noche.

El Anduña, sin embargo, es apenas un hilo de agua busca su camino entre las piedras, demasiado visibles, demasiado desnudas. Da pena verlo así, con tan poco caudal, mientras el sol todavía encuentra dónde dejar un pequeño temblor de oro.

También los ríos necesitan que alguien escuche sus silencios.

Ochagavía es una de las puertas de Irati. Más allá nos espera ese inmenso mundo de hayas y abetos, de hojarasca y trinos, de raíces que llevan tanto tiempo abrazando la tierra. Un bosque al que uno entra con los pies y del que sale, si ha sabido sentirlo, con alas, musgos y poesía creciendo dentro.

Hoy me quedo un rato aquí, junto al puente, viendo cómo la tarde se va apagando sobre el agua escasa. Pienso en las lluvias que faltan, en la sed del bosque, en las vidas que dependen de este cauce.

Ojalá pronto vuelva el Anduña a conversar animadamente con sus orillas. Ojalá sepamos querer estos lugares también cuando tienen sed.

Porque admirar la belleza debería comprometernos a cuidarla.

📸 Atardecer en Ochagavía / Otsagabia. Valle de Salazar, Navarra.

✍️ Juan Goñi

25/09/2026

Pese a la sed del bosque y a tantos meses de sequía, un pequeño crocus logra abrirse paso bajo las hayas.

Detrás, mis amigos, con quienes he compartido un delicioso paseo por el hayedo.

A veces, la felicidad apenas levanta un palmo del suelo. Hoy mi esperanza se vistió de morado.

17/09/2026
17/09/2026

Si el alma existe de verdad, cuando mi cuerpo se detenga, la mía buscará refugio en el corazón de un árbol, en medio de un viejo bosque solitario, tranquilo y verde. Quizá elija este viejo castaño.

Desde allí sentiré pasar las estaciones, escucharé la lluvia descender por sus ramas y a los pájaros amanecer entre las hojas. Dejaré que sus raíces me devuelvan lentamente a la tierra.

Allí, si puedo elegir, me gustaría esperar serenamente la llegada de la eternidad. Sea eso lo que sea.

Click: Castaño · Gaztainondo · Castanyer · Castiñeiro (Castanea sativa), en Erratzu, Valle de Baztan, Navarra.

08/09/2026

LA MISMA MANO

Pongo mi mano sobre la suya.

Entre ambas hay unos 30.000 años.

No sé quién fue. No sé cómo se llamaba, qué lengua hablaba, a quién amaba, qué temía cuando llegaba la noche o qué pensaba junto al fuego.

Pero tenía una mano.

Una mano como la mía.

Y un día decidió dejarla allí, sobre la roca. Quizá sopló pigmento alrededor de sus dedos y, al retirarlos, quedó su ausencia convertida en presencia. Una silueta diciendo desde el fondo del tiempo:

Yo estuve aquí.

Hoy pongo mi mano sobre aquella huella y, por un instante, 30.000 años parecen poca cosa.

Desde entonces han desaparecido pueblos, lenguas e imperios. Hemos construido ciudades, escrito libros y aprendido a viajar por el cielo.

Pero seguimos amando. Seguimos teniendo miedo. Seguimos maravillándonos ante la belleza. Y seguimos necesitando dejar alguna señal de nuestro paso por el mundo.

Aquellos seres humanos hicieron algo extraordinario: hicieron arte.

Mucho antes de que existiera la Historia comprendieron que una pared podía guardar una memoria y que una mano podía sobrevivir al cuerpo que la sostuvo.

Durante unos segundos mi mano coincide con la suya.

Y el tiempo se detiene.

Porque aquellos seres humanos no están tan lejos.

Somos nosotros.

Y aquella mano continúa diciendo desde la oscuridad:

Estuve aquí.
Viví.
Sentí.
Y quise dejar belleza antes de marcharme.

📍La fotografía está tomada en el Museo de Arte Rupestre de Cantabria, sobre una reproducción de las manos de la cueva de El Castillo. Jamás tocaría una pintura rupestre original. Aquí, tocar es solo un gesto simbólico: intentar salvar, durante un instante, 30.000 años de distancia.

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