18/06/2017
EL MISTERIO DE LA CABEZA SANTA DE LA HORCAJADA.
Se decía que era la cabeza de un pastor del mismo pueblo (Juan de la Berza). Era piadoso y bueno. De su bondad unos abusaban y otros se burlaban. El solía responder: "Reíros, pero mi cabeza servirá contra el mal de rabia"; y cuando se mofaban de su extrema pobreza, él comentaba: "Abarca rota, abarca sana, salvación para mi alma". El pastor murió. Se cuenta que, pasado el tiempo, su cabeza apareció sobre su tumba y fue llevada al templo, donde comenzó a ser venerada, pidiendo el pueblo al Señor por intercesión de Juan de la Berza, que librara al pueblo del "mal de rabia", tan frecuente en tiempos pasados. Cuentan también que en varias ocasiones se llevaron la cabeza a Ávila cerrándola con siete llaves en algún lugar de la ciudad de Santa Teresa, volviéndose la cabeza a La Horcajada. Testimonios de lugareños cuentan que jamás una persona de esta localidad padeció la rabia, huyendo los perros rabiosos de su término municipal o no entrando en el mismo.
Lo cierto es que la "cabeza santa" está en el pueblo desde mediados del siglo XVI. Entre 1548 y 1584, en el primer inventario que puede leerse de la parroquia del pueblo, en el puesto tres de los bienes que se registran aparece: "Una cabeza santa con su llave metida en una caja donde el altar del crucifijo".
En al segunda mitad del siglo XVIII, que es de cuando datan los dos altares situados en las capillas laterales de la cabecera del templo, la "santa cabeza" es depositada en uno de éstos, concretamente en el de la entrada de la sacristía, dedicado a la Anunciación. La "cabeza santa" estaba custodiada en el sagrario de dicho altar. Con ella se bendecían, al terminar el verano, los frutos de la tierra, se la veneraba besándola y a ella se acudía con frecuencia pidiendo ayuda y protección para las personas y los ganados.
Es entre 1917 y 1935 cuando la "cabeza santa" es retirada a la sacristía, en una de cuyas alacenas se encuentra al no conocerse lo posteriormente encontrado en el libro del archivo parroquial, que repite en sus inventarios la existencia de la "cabeza santa", su custodia y su veneración.
La cabeza perteneció, como se descubre por una simple mirada a la misma, a un hombre joven y se conserva prácticamente integra. Su soporte es de plata, trabajada de forma sencilla, obra del siglo XVI. El enmarque de la base está unido a una cruz que corona el santo cráneo por un eje de plata. En el centro de la base del soporte hay un agujero revestido del mismo metal, con la función de llevar la santa cabeza en procesión, convenientemente levantada.