01/10/2024
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Hay lugares con duende… Lugares donde los atardeceres son mágicos y el cielo se convierte en un escenario de luz y sombras. Lugares donde puedes sentarte en la orilla del cielo y sentir que el tiempo se detiene solo para ti.
El Rincón, en el extremo oeste de la playa de Las Canteras, en la ciudad que habito, mi refugio constante… La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Es uno de esos lugares, donde el mundo se reduce a un murmullo y el alma se expande ante la inmensidad del océano. Allí, el duende despierta con el eterno cantar de las olas, que, incansables, besan la orilla como si quisieran revelar un secreto guardado por siglos.
El atardecer se vuelve canción, una sublime melodía que sólo se escucha si cierras los ojos y dejas que el viento juegue con tu ser. Y entonces, todo cobra sentido.
Allí, donde el mar susurra verdades ocultas y el viento acaricia con suavidad el majestuoso Auditorio Alfredo Kraus, se respira una magia que parece antigua, como si el tiempo nunca hubiera podido desgastar su esencia. Una fuerza invisible que danza, sutil pero firme, entre las luces del ocaso, pintando el cielo con colores que no se encuentran en ninguna paleta.
Es un lugar donde el corazón encuentra paz, donde el alma se reencuentra consigo misma. Un rincón donde la magia se despliega en cada onda del mar, en cada suspiro del viento, en cada último rayo de sol antes de desaparecer tras el horizonte. Aquí, en este rincón del mundo, lo eterno se hace tangible, y el duende, esa presencia inasible, te envuelve en un abrazo silencioso.