01/04/2019
Perdido en lo alto de una meseta, sin ríos que le refresquen ni árboles que le cobijen, embriagado por una aparente soledad se alza Ujué, un bello pueblo medieval de estrechas calles que recorren pronunciadas cuestas para concluir, en lo alto, ante el Santuario-Fortaleza de Santa María de Ujué, una de las manifestaciones más importantes de la arquitectura medieval en Navarra, y protagonista de una bella leyenda.
En su recorrido, déjate llevar por el laberíntico trazado de este pequeño pueblo de tan sólo 300 habitantes; recorre despacio sus calles empedradas.
Los orígenes de Ujué son confusos. Aunque los primeros testimonios de población datan de la época romana, la villa surgió a finales del siglo VIII o comienzos del IX, cuando el primer rey de Pamplona, Iñigo Arista, construyó una fortaleza para frenar el avance del Islam.
El pueblo en su conjunto constituye un ejemplo excepcional de villa medieval. Se asienta sobre un montículo de fuertes pendientes por las que desciende escalonadamente hasta que, en la parte baja del pueblo, el trazado laberíntico se ensancha. Las fachadas de las casas, de apariencia antigua, exhiben amplios portalones, y las mansiones, unas barrocas y otras de carácter popular, están ennoblecidas por grandes escudos.
Tras la visita, si quieres dar gusto al paladar, prueba las almendras garrapiñadas y las típicas migas de pastor.