19/11/2025
Hoy es un día de profunda tristeza para el mundo ecuestre y, en lo personal, uno de los más difíciles de mi vida. Despedimos a Don Álvaro Domecq, creador de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre y figura fundamental en la historia del arte ecuestre español. Para mí, además de un maestro excepcional, fue un verdadero padre.
Mi vínculo con Don Álvaro nació en mi infancia, en la barriada de La Espléndida. Todavía recuerdo —como si fuera ayer— cuando saltaba la valla que separaba mi casa de la finca El Paquete solo para poder verle montar. Era un niño que soñaba con caballos, y él me abrió no solo las puertas de su casa, sino también de su vida, tratándome desde el primer momento como un miembro más de su familia.
Bajo su guía se forjó mi carrera profesional y personal. Con él compartí los mayores éxitos del mundo del caballo, desde entrenamientos inolvidables hasta competiciones y exhibiciones que hoy forman parte de la historia de nuestro arte. Cada logro alcanzado, cada paso dado en mi trayectoria, ha estado marcado por sus enseñanzas, su disciplina, su ejemplo y su inmenso amor por el caballo.
Don Álvaro Domecq no solo creó una Escuela. Creó una forma de entender la vida, el arte y la relación entre el jinete y el caballo. Su legado está presente en cada alumno, en cada caballo formado bajo su método, y en cada profesional que tuvo el privilegio de aprender de él.
Su pérdida deja un vacío imposible de llenar, pero también un legado inmortal.
Hoy me queda darle las gracias.
Gracias por acogerme.
Gracias por enseñarme.
Gracias por creer en mí.
España pierde a un referente histórico.
La equitación, a un maestro irrepetible.
Yo, personalmente, a un padre en la vida y en el arte.
Descanse en paz, Don Álvaro. Su luz, su obra y su ejemplo seguirán guiándonos siempre.