12/07/2026
Hace ya casi una década que pusimos un pie por primera vez en el Cáucaso. Teníamos un 4x4 barato de alquiler y cientos de kilómetros de pistas infernales por delante. Un buen plan, sin duda. Desde entonces no hemos parado de venir a vivir grandes aventuras a esta cordillera mágica en la que ya nos sentimos como en casa.
Es por ello que teníamos claro cuando empezamos con esta otra locura llamada Lardana Expeditions, que Svaneti estaba dentro de nuestros planes. Pero eso sí, a nuestra manera. Podríamos haber tirado por la calle del medio y tener un montón de viajes de esos que a las agencias nos ofrecen en FITUR por cuatro duros, pero siempre hemos sido unos amantes de las causas perdidas y preferimos hacer las cosas como creemos que hay que hacerlas: despacio, con buena letra y siempre del lado de la gente local. La chen del País.
Los Pirineos y el Cáucaso, la Val de Chistau y Svaneti, tienen una magia especial. Una magia especial que más que sus aristas y sus glaciares milenarios, la dan las personas que viven en sus enormes casas de piedra con torres defensivas centenarias, que trabajan sus campos, que hablan sus lenguas, que suben a sus cumbres y que esquían sus laderas. La dan todas y cada una de las personas que hacen de estos dos territorios dos lugares únicos en el mundo que pese a estar a varios miles de kilómetros de distancia, tienen más cosas en común de lo que parece.
Por eso ha sido el primer sitio donde hemos decidido ir con un puñado de personas que han confiado en nosotros y que ahora también se han enganchado al Cáucaso. No tenemos palabras para expresar todo el agradecimiento que sentimos por lo vivido esta semana.
Porque esto va mucho más allá de tachar trekkings y de llenar de sellos el pasaporte. Va de montaña y va de personas. Sobre todo de personas. Didi madloba a Rubén García Lapuente, y el tridente vasco por lo vivido, a Nieus Écureuil, Laia y Lucia Guichot Martin por compartir el vino a las faldas del Ushba y a Levan, Vako Margiani y Jaba Rezesidze por el curro y por abrimos las puertas de Svaneti.
Porque somos gente de montaña haciendo cosas de montaña. Nada más que eso, pero tampoco nada menos.
Guille e Iris.