17/07/2026
https://www.facebook.com/share/p/1RM14EgFJn/?mibextid=wwXIfr
🏆 EL TRIUNFO DE LA VERDAD: EL SUPREMO IMPONE EL SENTIDO COMÚN Y ABSUELVE AL EXDECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS, EL CHURRIANERO JAVIER LARA
La caída definitiva de un relato injusto: el Alto Tribunal tumba la condena por desobediencia y confirma que defender la integridad física de los profesionales de la abogacía no es un delito, sino un deber de liderazgo.
Al final, la verdad no admite atajos y la justicia, cuando es firme, siempre ocupa el lugar que le corresponde. La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha dictado una sentencia impecable (Sentencia 489/2026) que absuelve por completo a Francisco Javier Lara Peláez, exdecano del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga, del delito de desobediencia grave por el que venía siendo injustamente perseguido. Seis años de desgaste, de juicios paralelos y de dudas infundadas quedan reducidos a la nada ante la rotunda claridad del Alto Tribunal. No había espacio para la duda: se ha hecho una justicia incontestable.
Los hechos nos remontan al fatídico 6 de mayo de 2020.
España se encontraba sumida en el momento más severo, oscuro y letal de la pandemia del COVID-19. Sin vacunas, con confinamientos estrictos y con un miedo generalizado, un Juzgado de Málaga exigió de manera presencial la asistencia de letrados del turno de oficio para asistir a varios detenidos.
En una decisión de pura responsabilidad institucional, Javier Lara priorizó la salud y la vida de sus colegiados, exigiendo medidas sanitarias mínimas o el uso de vías telemáticas antes de enviar a profesionales desprotegidos a calabozos donde el riesgo de contagio era extremo.
Lo que para cualquier analista objetivo representaba una defensa del derecho a la salud y a la integridad física, fue interpretado de manera autoritaria por instancias inferiores como un pulso al sistema judicial. Así comenzó una campaña de desgaste que arrastró al exdecano por un calvario de condenas. Muchos dudaron de su rectitud. Hoy, el Supremo ha puesto las cosas exactamente donde debieron estar desde el primer momento.
El pronunciamiento de la Sala de lo Penal es una lección de alta escuela jurídica.
Establece con meridiana claridad que los hechos en ningún momento alcanzaron la gravedad exigida por el tipo penal para activar la respuesta punitiva del Estado.
El Supremo desmonta el relato de la desobediencia y aclara que existió una discrepancia legítima y de buena fe en un contexto de emergencia sanitaria sin precedentes. El exdecano no pretendía boicotear la justicia; pretendía salvar vidas.
Aquellos que quisieron ver en este caso una muestra de arrogancia o de insubordinación gratuita quedan hoy desarmados. La sentencia confirma que la dignidad de la abogacía de oficio no puede ser pisoteada ni sometida a riesgos inaceptables. Para liderar y exigir la excelencia, es imprescindible proteger primero a las personas que hacen funcionar el sistema.
Esta resolución no es solo una victoria personal para Javier Lara; es una victoria de la lógica sobre el dogmatismo.
Como en el fútbol de alta competición, el marcador final es el que define la historia.
Quienes dudaron o celebraron la condena inicial hoy deben guardar silencio ante la verdad incontestable escrita por el máximo órgano jurisdiccional del país.
Hoy, el Tribunal Supremo ha puesto el sello de oro a su gestión, devolviéndole la razón absoluta y limpiando su nombre con la contundencia que solo la verdadera justicia posee.