13/09/2026
Hay safaris que se encuentran. Y hay safaris que se rastrean.
El leopardo había bajado de un árbol y dos o tres coches lo seguían. En un momento desapareció entre los arbustos, en ese paisaje de Samburu donde la vegetación y el terreno pueden hacer desaparecer un animal en cuestión de segundos.
Los coches desistieron y se fueron.
Nosotros decidimos quedarnos.
Dejamos de buscarlo con los ojos y empezamos a escuchar.
Las alarmas de los pájaros. Los sonidos de los otros animales. Las jirafas, todas mirando hacia el mismo lugar. Empezamos a leer las señales que iba dejando la naturaleza y seguimos el rastro.
No nos dimos por vencidos.
Hasta que finalmente apareció allí arriba, en otro árbol, tranquilo, descansando mientras el sol empezaba a caer.
Y entonces ocurrió algo que no se puede programar: los últimos minutos de luz, nosotros solos frente a él, en silencio.
Ayer, Samburu también nos despidió con un leopardo al atardecer, encima de un árbol. Hoy volvió a hacerlo.
Porque para nosotros un safari no consiste simplemente en encontrar animales. Consiste en entender lo que está ocurriendo, interpretar las señales y perseguir la experiencia hasta el último minuto.
Siempre respetando los tiempos de la naturaleza y las normas del parque, pero sin rendirnos mientras quede una posibilidad.
Porque cuando llevamos a alguien con nosotros, queremos que se lleve algo más que una fotografía bonita.
Queremos que viva el safari de verdad.
Y hoy Samburu volvió a despedirnos a su manera. 🐆🌅