20/04/2026
La permanencia de pie durante la sirena es una de las costumbres más profundamente judías que existen.
¿Qué hace que la sirena sea una costumbre tan judía?
Curiosamente, hay otro día en el año llamado “Día del Recuerdo”: Rosh Hashaná.
En los libros de oración y en las enseñanzas de los sabios, Rosh Hashaná es llamado “Yom HaZikarón” (Día del Recuerdo).
Y, de forma fascinante, la mitzvá central de Rosh Hashaná es también una especie de “sirena”: el toque del shofar.
¿Por qué se toca específicamente el shofar en Rosh Hashaná?
Porque el sonido del shofar provoca de manera directa una experiencia existencial intensa. En la antigüedad, el shofar era un símbolo de guerra. Cuando se tocaba en días comunes, era una alarma real: la señal de que un enemigo se acercaba a la ciudad. Al oírlo, los hombres corrían a buscar sus espadas, los niños se escondían y el miedo se extendía por todos lados. El profeta Amós lo describe:
“¿Se tocará el shofar en la ciudad y el pueblo no temblará?” (3:6)
Así, cuando un niño escuchaba el shofar en Rosh Hashaná, no pensaba en el carnero de Abraham ni en el monte Sinaí, sino que volvía, en un instante, a esa sensación de vulnerabilidad existencial que había experimentado la última vez que sonó como alarma. El corazón se detenía por un momento: recordaba a su madre protegiéndolo, a su padre corriendo al combate. Por un instante, comprendía que la vida que creemos estable es en realidad frágil.
Del mismo modo, en el Día del Recuerdo que nuestra generación estableció, la práctica central es muy similar. De las mismas sirenas que antes anunciaban guerra, hoy escuchamos la sirena conmemorativa, así como del shofar de guerra surgía el toque de Rosh Hashaná.
No hay nada más judío que esto: el shofar y la sirena.
En cada celebración y alegría, recordar también el precio de la vida, el camino recorrido y el que probablemente siempre tendremos que recorrer para poder celebrar.
Así, el shofar y la sirena garantizan que nuestras celebraciones no sean de desenfreno, sino de gratitud verdadera por lo que tenemos: un recuerdo vivo que nos conduce a la vida.