13/04/2026
Día 43 - Bicerin.
A los mexicanos, la palabra Turín, antes de referirnos a una ciudad del norte de Italia, nos hace recordar la fábrica de chocolates en nuestro país: rellenos de tequila o de Bailey’s, pasitas cubiertas con chocolate y obviamente, los conejos de chocolate con leche.
Turín fue fundada al margen del río Po por Julio César cuando era gobernador de Las Galias. Como muchos pueblos y lugares de origen romano, se diseñó inicialmente como un “castro”, un formato de zona militar repetible una y otra vez, algo que resultó muy eficiente para el ejército, ya que los soldados podían encontrar fácilmente cualquier lugar sin importar en cual castro se encontraran.
Con el tiempo, la ciudad creció y superó las murallas originales, pero se mantuvo relativamente pequeña hasta la llegada de los Saboya a mediados del siglo XVI, quienes muy pronto trasladaron la capital del reino desde Chambery hasta aquí, lo que le dio un gran impulso y el crecimiento correspondiente. Ya en el siglo XIX, en esta ciudad se dieron las primeras conversaciones para la reunificación de Italia, debido principalmente a que Vittorio Emanuele II era un Saboya. Desde aquí salió Giuseppe Garibaldi con la Expedición de los Mil hacia Sicilia, desde donde fue ganando adeptos contra los Borbones y que concluye con la integración del Reino de Nápoles al recién formado país italiano.
También desde Turín, Camillo Benso, Conde de Cavour, hace lo propio al ir a Francia a buscar el apoyo del rey para expulsar del Véneto a los Hasburgo, asunto en el que colaboraron no sin cobrar una buena recompensa: los territorios de Saboya y de Niza, que pasaron al dominio francés.
Por ser la capital de los Saboya, Turín fue la primera capital de la Italia reunificada, aunque por poco tiempo, ya que la mira siempre estuvo puesta en Roma. Durante un par de años la sede de la monarquía fue reubicada en Florencia y después en la Ciudad Eterna, ya conquistados los Estados Papales.
Hoy, Turín es la cuarta ciudad más grande del país y juega a las vencidas continuamente contra Milán. Si allá se dicta la moda, acá visten de colores oscuros; si los milaneses son ruidosos y algo excéntricos, los turineses son moderados. Pero también han sabido colaborar y convertir a las regiones de Lombardía y de Piemonte en la zona industrial más importante de Italia.
El día inició con un “free tour” por el centro de la ciudad. Conocimos la Porta Palatina construida por Julio César, pasamos por la catedral, donde se resguarda la Sábana Santa, que no está a la vista, pero se puede ver el cofre que la resguarda . Nuestra guía hizo una excelente conclusión respecto a esta reliquia: hay tantos estudios a favor y en contra de su autenticidad que depende más de cada persona: ¿quieres creer que es real?, elige los estudios que lo confirman; ¿quieres creer que no es real?, elige los otros estudios.
El paseo guiado nos llevó a la Piazza Castello y al Palazzo Madama, recorrimos los portales tan tradicionales y conocimos algunas de las leyendas locales, como la piedra filosofal perdida, los estudiantes que no suben a la Mole porque no se gradúan o el dedo de Cristóbal Colón, que al sobarlo, asegura aprobar los exámenes.
Ya terminado el recorrido, nos quedamos un buen rato sentados al sol en los bancos móviles de madera de la Piazza San Carlo. Pasamos después por la Piazza Carignano, que nos es familiar por aparecer varias veces en las escenas de la serie Lidia Pöet, inspirada en la abogada del mismo nombre que logró grandes cambios a favor de las profesionistas italianas del siglo XIX.
Caminamos hasta el Café Al Bicerin. En este lugar se creó el “caffè Bicerin”, bebida caliente inspirada en la bavareisa francesa: café, chocolate y crema endulzada, que no se debe mezclar. Fundado en 1763, fue un lugar favorito de Puccini, Nietzsche, Dumas y Umberto Eco.
El café se encuentra frente a la Basílica de La Consolata. Templo católico de gran importancia en la ciudad, lugar principal de oración de los turineses y que era muy frecuentado por Don Bosco, el fundador de la congregación salesiana.
Ya agotados y siendo uno de los días en que más hemos caminado en todo el viaje, fue momento de regresar al hotel donde disfrutamos de una cena ligera.