07/08/2026
Marruecos no será el guardiá gratuito de las fronteras europeas
Las cifras oficiales de la Unión Europea, que contemplan más de 1.114 millones de euros destinados a España bajo el pretexto de combatir la inmigración irregular en Ceuta y Melilla, dejan al descubierto una realidad incómoda: la llamada «protección de las fronteras» se ha convertido, para Madrid, en una auténtica inversión política y en un rentable instrumento geopolítico, mientras Marruecos asume buena parte del coste y de la presión sobre el terreno.
Resulta difícil ignorar la paradoja. España recibe enormes fondos europeos para reforzar su seguridad y proteger sus fronteras en Ceuta y Melilla, mientras se espera que Marruecos, situado en la primera línea frente a los flujos migratorios procedentes del continente africano, contenga esas presiones con sus propios recursos y cargue con buena parte de las consecuencias.
Esta situación refleja hasta qué punto la política europea de control migratorio está marcada por la contradicción y la doble vara de medir. Europa pretende externalizar sus fronteras y convertir a los países vecinos en una especie de cinturón de seguridad, pero al mismo tiempo parece olvidar que esa cooperación no puede basarse indefinidamente en una relación de subordinación.
Marruecos no es, ni será, el guardián gratuito del bienestar europeo, ni un simple gendarme encargado de contener los flujos migratorios a cambio de unas ayudas financieras. La seguridad nacional marroquí y su soberanía territorial no están en venta. La cooperación solo puede construirse sobre la base de la reciprocidad, el respeto mutuo y una responsabilidad verdaderamente compartida.
Los miles de millones de euros procedentes de Bruselas pueden resultar impresionantes sobre el papel, pero el dinero por sí solo no construye una estrategia de seguridad sostenible. Sin la realidad sobre el terreno y sin el papel decisivo que desempeña Marruecos en la gestión de los flujos procedentes de África, Europa descubrirá rápidamente que las líneas de defensa que pretende comprar con dinero pueden convertirse en una ilusión extremadamente costosa.
Porque una cosa debería quedar clara tanto en Madrid como en Bruselas: Marruecos no es la retaguardia de Europa. Es un socio soberano, y cualquier cooperación en materia de seguridad debe basarse en la igualdad y en los intereses compartidos.