13/01/2026
No es una fecha cualquiera.
No es un gesto aislado.
Durante el tiempo de Cuaresma, la Iglesia permitirá por primera vez en la historia la exposición pública de los restos de San Francisco de Asís, un acontecimiento cargado de profundo significado espiritual.
La Cuaresma es tiempo de conversión, silencio, penitencia y retorno a lo esencial.
Y no es casualidad que este gesto se realice precisamente ahora.
San Francisco vivió toda su vida como una Cuaresma permanente:
renuncia, pobreza, obediencia, amor radical a Cristo crucificado.
Nunca buscó honores.
Nunca quiso ser admirado.
Por eso, durante más de 800 años, sus restos permanecieron ocultos en la cripta de la Basílica de San Francisco de Asís, custodiados con discreción y veneración.
La Iglesia ha aclarado que esta exposición no tiene un fin turístico ni sensacionalista.
Es un acto excepcional de veneración, pensado para ayudar a los fieles a contemplar —en tiempo de Cuaresma— la realidad concreta de la santidad.
Francisco no es una idea poética.
Fue un hombre real.
Con un cuerpo real que ayunó, caminó, sufrió y se desgastó por amor a Cristo.
Ver sus restos en este tiempo litúrgico es una llamada silenciosa pero fuerte:
👉 a la conversión
👉 a la pobreza del corazón
👉 a volver al Evangelio sin adornos
La Cuaresma nos recuerda que somos polvo,
pero también que estamos llamados a la resurrección.
Y San Francisco, incluso siglos después, sigue predicando sin palabras:
la verdadera renovación de la Iglesia
siempre comienza por corazones que se dejan transformar.
Un gesto histórico.
Un tiempo sagrado.
Una invitación clara a vivir esta Cuaresma
con la misma radicalidad con la que él siguió a Cristo.